Parada obligada, en playa Ingleses. Al cambio, un helado cuesta 31 pesos y un jugo de frutas, 27 /MARIO QUINTEROS
Hay un momento del día en que el dinero quema para los argentinos que vinieron a veranear a Florianópolis: la hora de la merienda a la brasileña. Esto es, un choclo que seduce con su aroma a manteca caliente, una barrita de queso asada, un helado para los chicos, un licuado de frutas frescas y leche condensada, o una caipirinha helada en un chiringuito de playa. El dinero quema y no porque las tentaciones de la tarde sean caras, sino porque no pueden pagarse con tarjeta.
Cae la tarde y uno los ve sudando con el mate en la mano mientras en el chiringuito de al lado están batiendo una caipirinha de 10 reales. Es que, en ese caso, en vez de multiplicar el gasto por 3,7 (la cuenta que hay que hacer cuando se paga con tarjeta) hay que multiplicar por 4,3, por 4,5 y a veces hasta por 5, dependiendo si se trajo pesos y se compró reales acá o si se compró en Argentina con la autorización de la AFIP más la comisión de la casa de cambio más el 35%. La caipirinha que están batiendo en la cara, entonces, cuesta unos 45 pesos.
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“Nosotros somos siete, así que en la playa sólo caemos en las tentaciones mínimas: el que compra un vaso de licuado sabe que es un licuado para 4”, dice Claudia Endrek, una cordobesa que desembarcó en Ingleses con su marido, sus 5 hijos, su heladerita con frutas y su mate. El licuado lo comparten porque cada uno cuesta 36 pesos.
Un choclo en la playa o una barrita de queso cuesta para nosotros 18 pesos, un helado de agua 16, un helado de crema 31, un coco abierto para tomar el jugo, 27 pesos. Y si el mar abrió el estómago un poco más, una brochette de carne en una parrillita móvil cuesta 27 pesos y un churro relleno, 18 pesos, Claro que, dicho así, los gastos de la merienda en la playa pueden acobardar un poco, pero cuando uno se toma la primera cerveza “gelada”, cuando se mete al mar y se ve los dedos de los pies y cuando a uno le dicen “beleza”, se pasa todo.
Fuente: clarin.com
