Y ganó Milei. Ganó contundente, muy sobre los pronósticos más optimistas: 11,39% de diferencia: «Los argentinos eligieron otro camino», tuvo que reconocer Sergio Massa —el ministro-candidato que siempre ejerció la bipolaridad más que como “candidato-ministro”— ante la avalancha temprana de resultados favorables a su oponente. La participación fue de 76,00%, un incremento de 5,57% sobre la primera vuelta.
El libertario ganó en 20 provincias y la Ciudad de Buenos Aires, en algunas con más de 30 puntos de diferencia. Los mejores resultados los tuvo en Córdoba (74,05%), Mendoza (71,14%), Santa Fe (62,82%) —en 2022, ambas provincias agropecuarias exportaron el 36,2% del total global nacional—, San Luis (67,99%), Entre Ríos (61,48%) y San Juan (60,68%); incluso en Santa Cruz, la base de la dinastía K y donde votó CFK, Milei se impuso con el 58,06%; Massa se impuso en las provincias poco trascendentes Santiago del Estero (68,41%) y Formosa (56,5%) —aunque Massa ganó en la provincia de Buenos Aires, bastión del peronismo, Milei le “pisó” al 1,71% de diferencia, un resultado increíble para cualquiera no peronista. Lógicamente, le fueron decisivos a Milei para revertir la primera vuelta el apoyo explícito de Macri y Bullrich, así como las fuertes críticas a Massa del gobernador de Córdoba Juan Schiaretti —líder del denominado Peronismo Federal, enfrentado siempre al centralismo porteño—, aunque no apoyó abiertamente al liberal-libertario.
Después de revisar los números de la victoria, es importante ver cuáles son las propuestas principales del candidato Milei que Milei presidente debe implementar: 1) la Dolarización —aparentemente en stand by temporal, siguiendo los nombres de quienes ocuparán los cargos decisivos y el silenciamiento de su teórico: Emilio Ocampo—; 2) el Recorte del 15% del gasto público —que, al menos, será de sólo el 5% a través del stop de la obra pública—, y 3) el Cierre del Banco Central —también en el freezer temporal, al menos el “dinamitazo”—, pero para ello deberá enfrentar, al menos, seis problemas urgentes: a) el nivel de ajuste en el Presupuesto: a la fecha no hay un Presupuesto votado por el Congreso, algo que urgirá al nuevo gobierno y que el mismo Milei pidió por carta al Gobierno que no lo tratarán; b) la dispersión opositora: La Libertad Avanza no tiene los apoyos necesarios para gobernar —aunque el apoyo del PRO le ayuda significativamente, pero no le alcanza, aunque los guiños a Schiaretti y sus gobernadores cercanos puede ayudarle— y, además, el peronismo no tiene jefe y el radicalismo tampoco; c) la falta de vocación negociadora: principalmente por falta de experiencia de los principales dirigentes de La Libertad Avanza —aunque el ballotage le dio una gran legitimidad al nuevo presidente, el partido tendrá que entender y poner a su favor los mecanismos de gobernabilidad; d) el poco peso territorial: El liberal-libertario ganó en todo el país, pero hasta ahora sólo tiene un aliado potencial en la Capital Federal con Jorge Macri: importante, pero se mantiene la urgencia de más acuerdos; e) las urgencias con el FMI: el nuevo gobierno de LLA —Milei en resumen— tiene que conseguir un rápido entendimiento rápido con el FMI porque los acuerdos firmados por Massa “implosionaron” —gracias a los esfuerzos electoralistas del candidato-ministro—, además el nuevo gobierno enfrentará un vencimiento de pagos pocas horas después de la asunción presidencial; por último —que no es nada poco— el aun más urgente de todos los problemas f) el dólar y el fogonazo inflacionario que sucederá cuando se liberen los precios frenados —o subvencionados— por el kirchnerismo: combustibles, tarifas de servicios públicos, transporte y otros, además de los acuerdos para los “precios justos” para alimentos. A estos se sumarían la inflación actual —y la inflación perspectiva con los cambios que tiene que aplicar— y la credibilidad de su equipo, aunque su clara victoria le beneficia al terminar la incertidumbre en el país.
Sin embargo, varios factores beneficiarán a Milei para su gestión: En la “herencia” K actual —y de Massa— primero, la alta inflación —superior al 143% anual, posible de cerrar 2023 con el 180%—, seguida de la caída del 5,5% en el salario real en los primeros nueve meses de 2023 y, de cierre, tercero, la pérdida entre el 50% y el 60% de su valor de la moneda local frente al dólar estadounidense. Y en lo inmediato, el firme y sostenido apoyo de los mercados, expresado en el desmesurado crecimiento de los valores de mercado argentino —hasta más del 40% en el caso de YPF en la Bolsa de NY por el anuncio de Milei de su amplia apertura a la inversión extranjera y de hasta el 20% en el MERVAL, el índice bursátil local— y la situación global menos volátil y con precios de los productos agropecuarios de exportación de Argentina en crecimiento, lo que —junto con el anunciado crecimiento récord de algunas cosechas y las desregulaciones anunciadas— beneficiará los ingresos fiscales en 2024; también el cambio de importador neto a exportador de hidrocarburos —con Vaca Muerta— y, de yapa, la ampliación de proyectos de inversión para la industria del litio.
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Por supuesto, la reducción del período crítico de las reformas —con significativa reducción de ingresos en la economía doméstica— beneficiará los mejores y más rápidos resultados; también influenciará el nivel de politesse política del gobierno con sus oponentes y la presión de éstos.
Habría mucha más que analizar, pero lo dejaré acá. De lo que no me queda duda alguna es que, glosando al expresidente Macri: lo seguro es que «se terminó el País Maradona».
