Carta a mi amigo Herland


Cómo serás provocador, nos la jugaste y aprovechaste nuestro descuido en no acompañarte todo el tiempo o ser “dictador” una vez más (como a veces me decías), y llevarte directo a la clínica donde todo se preparaba para operarte y ayudarte a que te repongas, aunque solo fuese de la urgencia que te aquejaba.

Ronald Palacios Castrillo



De cualquier manera, terco amigo, yo te agradezco que hayas confiado y seguido mi consejo médico una vez más hasta que hicimos la tomografía con la excelente ayuda de Evelyn.

Como argumentábamos tantas veces es muy fácil opinar y juzgar sobre los actos de otros, sobre todo sin estar en su mente y cerebro, para realmente saber el porqué de los actos, a veces sorprendentes y choqueantes, de las personas. Eso lo sabés vos nomás y lo respeto; como respeto y siempre respeté tu persona, profesionalidad y a nuestra amistad.

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Fuimos amigos ya de adultos mayores y nos juntó el interés de hacer una excelente práctica de la medicina y tratar de que la medicina de Santa Cruz llegase a ser la mejor de Bolivia. En ese camino, nos conocimos, supimos nuestros defectos y virtudes, nos peleamos en público y en privado cuando teníamos diferencias en el campo de la medicina, pero nuestra amistad primó siempre. Ambos comulgamos, que al verdadero amigo NO se lo juzga, se lo entiende y ayuda.

Ahora te cuento un poco de lo que experimenté cuando ya estabas en otro planeta. Claro sabés que yo no tolero los velorios ni entierros (recuerdo lo que me p……te por no estar en los velorios y entierros de mis padres) y creo que al fin lo entendiste. Bueno, tampoco pude tener la fortaleza de estar en tu velorio y entierro, pero lo seguí lo más que pude de cerca  por la “prensa” y RRSS.

Para empezar, cómo te hubiese sorprendido y enfadado la ineptitud y falta de equipamiento de los que hicieron el levantamiento de tu cuerpo. Pedían todo a tus dolientes trabajadores en la clínica: guantes, toallas, alambres, pipetas de vidrio, bolsas para traslado, hasta bisturí, faltó que pidan  caipirinha (que te gustaba) o cerveza, carajo.

Lo que más me emputó y me sacó de mis casillas fue cuando ya te empezaban a sacar del segundo piso los “camilleros” tan inhumanos y desgraciados, que no lo hicieron con cuidado, te dejaron caer al suelo, sonó tu cráneo y salió un poco de sangre.

Y sabés que fue lo peor, su “chiste” de esos energúmenos, dijeron: no se quiere ir este! Ahí fue cuando salí de mis casillas y se empezó a armar una violenta trifulca, que por suerte (para mi físico), subieron otros pacos desde el primer piso y agilizaron tu traslado, ya otra vez en la camilla. Me dirías qué podés esperar de esos oligofrénicos y como siempre, diríamos, nada.

Bueno, te alegrará saber que muchísima gente acompañó tus velorios en tres diferentes lugares, tu misa en la catedral antes de tu traslado a tu morada física temporal. Hubieses visto cómo ahora los que te bloquearon y obstruyeron tu trabajo cuando eras Presidente del Comité Cívico (cuando les pediste que te lo presten por un ratito el Comité, frase memorable de tu campaña), ahora salían en las cámaras a alabar tus legados médico y social; cómo los que nunca hicieron nada ni apoyaron en algo para que el gobierno te pague la deuda por la atención de diálisis  a los pacientes en tu Instituto, ahora les faltaba palabras para elogiarte. Como diríamos en nuestros juntes, pinches figuretis, no?

Lo mejor fue la gran cantidad de tus pacientes, gente de toda clase social y educación, agradecida con vos mostraba su dolor y pesar por tu partida y la pérdida del único verdadero líder  cívico actual de Santa Cruz! Miechica che, como diríamos, ahora  sí que no queda otra más que clonarlo a Bukele, y traerlo a Santa Cruz. En fin.

Fué lindo ver la compostura digna de tu esposa Anabely, ella que supo hacerte sentir feliz y crear un lindo hogar y a tus hijos Saúl  y Nohelia, la nena que tanto te preocupaba porque “estaba muy chica”; ellos y Gustavo, estuvieron en todos los actos que te hicieron con una templanza y compostura dignas de vos, hubieses estado muy orgulloso de ellos y de tu innumerable familia que te acompañó también.

Bueno Herland, nos dejaste muy jodidos emocionalmente, pero lo bueno es que los recuerdos de tantas anécdotas, ahora copan la mayor parte de mi actividad cerebral y las vuelvo a revivir una y otra vez. En el planeta que estés ahora, andá organizando algo bueno para que nos volvamos a juntar y ser provocadores, carajo.

Ronald Palacios Castrillo, M.D., PhD.