Ronald Paniagua*
Las economías de de América latina han registrado un crecimiento anual promedio arriba del 4% durante los últimos 10 años. Bolivia no es la excepción, con indicadores macros favorables debido a diversos factores, como el alza de precios de materias primas, que sin embargo no evitaron la pérdida de desarrollo humano que padece la región.
El último informe regional del PNUD sobre desarrollo humano enfocado en la seguridad ciudadana 2013-2014 muestra una paradoja regional: América Latina presenta dos grandes crecimientos, económico y delictivo. El informe revela los costos negativos en el bienestar de las personas, debido a la falta de calidad del crecimiento y del empleo.
Una tasa positiva de empleo no significa que se haya superado la pobreza o vulnerabilidad. La economía subterránea en Bolivia, con un 70% de informales, alta liquidez por el narcotráfico etc., forma parte de una visión distorsionada, generando niveles bajos de empleos formales, esto debido a la falta de oportunidad de inserción laboral como producto de una deficiente calidad de educación entre otros factores, que inciden en la criminalidad.
El desarrollo humano es mucho más que el crecimiento de ingresos de un gobierno; la inseguridad ciudadana tiene múltiples impactos negativos que limitan las libertades de las personas y su relación con las instituciones gubernamentales, sin mencionar los altos costo que van desde el gasto público y los gastos privados de los ciudadanos para procurarse seguridad, generando una corriente de privatización de la misma, siendo el estado y sus políticas el responsable de atender esta necesidad en el corto, mediano y largo plazo.
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El desarrollo humano y los derechos humanos comparten una visión común: la meta es la libertad humana.
*Coordinador Local de Estudiantes Por la Libertad – Bolivia