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Don Pablo Coca se ve tranquilo. Pero, rompe en llanto cada vez que se acerca a alguien para pedir que sigan buscando a sus dos hijas y a su esposa, que continúan desaparecidas tras el deslizamiento registrado el 8 de febrero, en Chullpakasa Chico, Morochata.
Hasta ayer pasaron 17 días, desde que un alud sepultó la comunidad desapareciendo casas, animales y, lo peor, vidas humanas. Reportaron 14 desparecidos de los cuales falta encontrar a cinco.
Recuerda que volvió de Quillacollo el 9 de febrero y que se encontró sin casa, sin familia y con dolor. Su esposa Florentina Guarachi y sus hijas Ana y Delina, aún no son halladas.
“Hasta ahora no encontramos a mi señora, mis dos wawitas tampoco. Pido que me ayuden”, expresa entre lágrimas.
Su familia recuperó algo de ropa y algunas frazadas del río.
“No tengo ni cama ni mis animalitos, nada”, continúa en llanto, mientras recorre la zona del deslizamiento, lo que se ha convertido en su rutina y que no piensa dejar hasta encontrar a sus seres queridos. Utiliza abarcas y sus pies están enlodados porque todos los días va la zona deslizada.
Pide maquinaria para ayudar en la zona, aunque los rescatistas advierten peligro si entran vehículos pesados.
Si bien los afectados tienen ayuda de alimentos, ropa y viven en carpas, lo que más piden es hallar los cuerpos de sus familiares.
RIESGOS La lluvia cesó desde hace algunos días. Pero, caminar sobre el terreno inestable es como estar en una gran esponja, porque es blando. El agua filtra en algunos sectores donde impide la búsqueda.
Encontrar un pedazo de tela, una pollera u otro objeto da esperanzas de que podría haber más cuerpos ahí.
En el lugar emanan olores de descomposición. No se puede precisar si son cadáveres humanos, de animales o la combinación con químicos como los fertilizantes que había en las casas de los comunarios.
El rescatista Leonardo Jaldín dice que la exposición a la descomposición de cadáveres puede derivar en infecciones gastrointestinales, hongos y otros.
El rescatista de la Unidad de Gestión de Riesgos (UGR) Ismael Laura explica que realizan el rastrillaje y que continuará el trabajo.
En medio del ajetreo surge un personaje, Rambito, como le dicen de cariño a un perro que sobrevivió al deslizamiento. Tiene una herida en la cabeza. Berna Guillén informa que el can tiene un año y que siempre está con ellos.
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Los rescatistas del SAR de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) cuentan que es el primero en llegar y el último en salir de la zona, cada día, incluso, ayudó a rastrear el cuerpo que encontraron el pasado 23 de febrero.
Los voluntarios del SAR Bolivia también advierten la falta de sistema sanitario, como baños u otros, que eviten riesgos de salud, sobre todo en niños.
QUILLACOLLO El alcalde de Quillacollo, Charles Becerra entregó ayer un camión de ayuda, entre alimentos y ropa.
Becerra dice que “el dolor se siente en el aire” y anuncia que podrán colaborar si hay más necesidades. Los productores, principalmente de papa, recuerdan la importancia de su trabajo para dotar de alimento en los mercados.
Una carpa será escuela de niños que todavía viven atemorizados
Una carpa será ahora la escuela de 11 niños de Chullpakasa Chico, la comunidad que sufrió el derrumbe de un cerro. Los pequeños aún tienen miedo y su maestra pide apoyo psicológico.
En la escuela estaba previsto que 15 estudiantes pasen clases, pero cuatro fueron sepultados en el deslizamiento.
Uno de los dirigentes, Sabino Pérez, explica que armarán la carpa en estos días para que sea la escuela de la comunidad mientras se asume la reubicación y reconstrucción.
La profesora Miriam Flores, está en el lugar, trabaja en Chullpakasa Chico desde hace 18 años.
Según relata, los pequeños hasta duermen con ella en la posta de salud y “tiemblan de miedo”. Pide que se dé ayuda de psicólogos para los estudiantes que fueron testigos del desastre en su zona.
Entretanto, algunos niños y jóvenes dicen que irán a vivir con otros familiares. Arminda cuenta que se irá a Sipe Sipe, Miriam a Motecato.
Mientras, al lado del camino, en una planicie armaron 10 carpas que son el albergue desde hace una semana.
Ahí, la humedad incomoda y el frío es intenso, sobretodo, en las noches. Los comunarios suelen estar reunidos delante de las carpas.
En Chullpakasa Grande la escuela sirvió de albergue, pero ahora tienen carpas y en la escuela están los voluntarios y los equipos de rescate. Tampoco hay clases.
Fuente: ATB, Opinión