Las candidaturas organizadas para participar en las elecciones generales del 6 de diciembre próximo muestran que Bolivia está pasando por una de las peores crisis políticas de los últimos tiempos.
Esta aseveración se ajusta porque políticos que antes pertenecían a un determinado partido, frente o agrupación política, con la finalidad de formar parte de las listas de candidatos a presidente, vicepresidente, senador o diputado han decidido cambiar de camiseta como si se tratase de algo usual entre los políticos bolivianos. Muchos de esos tránsfugas ni se inmutan cuando surgen las críticas por su conducta, no faltan osados que incluso teorizan para justificar el cambio de partido, asegurando que la coyuntura nacional da lugar a todo tipo de mutaciones político – partidarias.
Por ello legisladores y ministros que en el pasado eran representantes y defensores del neoliberalismo, hoy por oportunismo político forman parte del esquema gubernamental y se han convertido en acalorados militantes del gobernante Movimiento Al Socialismo, fuerza política que tiene su origen en una fracción de la derechista Falange Socialista Boliviana, cuyos representantes afirman que entregaron en calidad de donación la sigla del partido que actualmente está en función de gobierno. Otros falangistas aseguran que la sigla fue comercializada. Lo cierto es que el MAS nace en el partido fundado por Óscar Unzaga de la Vega, aunque no se sabe si la ideología que propugna el masismo se asienta en las bases del falangismo.
El partido gobernante ha captado el mayor número de simpatizantes en las áreas rurales, antes el fuerte del Movimiento Nacionalista Revolucionario. Los oficialistas lograron cierto respaldo de consideración de la clase media en los centros urbanos en las pasadas elecciones generales, pero fue porque estaba cansada de los anteriores esquemas gubernamentales, optando por el voto castigo y favorecer al partido de Evo Morales Aima. El MAS ganó los últimos comicios merced a ese apoyo circunstancial que se dio por la pérdida de credibilidad de los partidos políticos tradicionales, liderados en ese momento por Gonzalo Sánchez de Lozada, Jaime Paz Zamora y en un inicio, Hugo Bánzer y luego Jorge Quiroga.
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Bolivia está sumergida en una crisis política y si no se la frena, el proceso democrático y el estado de derecho que rigen en el país pueden ser deteriorados por movimientos antidemocráticos, propios del pasado, que dieron origen a gobiernos de facto, a dictaduras que causaron graves daños. En esa época no había respeto a los derechos de las personas, primaba la imposición, agresión, manipulación, desconocimiento a la autonomía de los Poderes del Estado. Sobre todo se recurrió a la violencia, para implantar regímenes de terror que causaron luto y llanto en miles de familias bolivianas.
La forma autoritaria de gobernar del MAS puede conducir a un retroceso de la democracia, porque no cuenta con un plan de gobierno que sea de beneficio para la Nación. Los abusos que cometen quienes manejan el Ejecutivo quedan demostrados por la política de enfrentamiento que ejercitan contra toda persona jurídica o natural que no comparte su ideología ni su manera de administrar el país.
La crisis política no sólo es preocupación de la sociedad, también se ha pronunciado al respecto la Jerarquía Eclesiástica de la Iglesia Católica y la Organización de Naciones Unidas, las que han denunciado que existe intolerancia en los políticos bolivianos, que recurren a la violencia y a la agresión para imponer sus criterios y devaluar el de los adversarios. Por ese motivo se hizo un llamado a la cordura y al respeto mutuo entre semejantes, para garantizar la realización de los comicios de diciembre próximo, como también para la defensa y consolidación del proceso democrático que rige en Bolivia.
Lo cierto es que la intolerancia está poniendo en riesgo a la democracia, lo que tiene que ser tomado en cuenta por los gobernantes y los políticos sin excepción, por lo tanto las maniobras políticas a las que está recurriendo para que muchos candidatos renuncien a sus postulaciones no son parte del juego democrático. Es hora para dejar en libertad al boliviano, a fin de que ejerza su derecho a disentir y expresar lo que piensa. La crisis político – partidaria está demostrando que en Bolivia aún falta la madurez política de los protagonistas, que son los dirigentes de las fuerzas partidarias.