¿Halago?, hay que ganarlo


Es curioso que el Jefe del Gobierno, a estas alturas, no recuerde que los medios de comunicación —aunque sin alharacas— sustentaron las esperanzas en el predicado “Tiempo del cambio”…

laPrensaeldeberEditorial de La Prensa y El Deber

Según una apreciación puesta en boca del Presidente de la República, el 95 por ciento de los medios de comunicación del país le lleva la contra a su Gobierno. Así, guardando consideraciones al Jefe del Estado, vamos a plantear este peculiar cuestionamiento. Y es que si tenemos que referirnos al juicio puntual hecho por el Presidente respecto de los medios de comunicación, pues ubicó a los medios, casi todos, franca y lisamente en el plano de los enemigos de su régimen. Y desde luego lo hizo a título gratuito y a manera de gimnasia que viene siendo de todos los días.



Virtualmente en las postrimerías de un periodo constitucional completo de Gobierno, el Presidente no tiene reparos en señalar con dedo acusador y con palabras directas a los medios de comunicación en función intransigente, cerrada y enfrentada con su Gobierno. En el lapso de meses y años correspondientes a su mandato y de seguro que a causa de los altibajos de la gestión, el Primer Mandatario ha olvidado que, aunque con las reservas que la ética y la prudencia recomiendan, los medios de comunicación, casi sin excepción alguna, asignaron a su naciente gestión, entonces, la simbología clara de “Tiempo de cambio” y, haciéndose eco de significativos sectores de opinión, hasta compartieron de modo real tal esperanza en el cambio predicho.

De “Tiempo de cambio” se habló y se logró resonancia y tuvieron mucho que ver los medios de comunicación con tales efectos. Pero el anunciado cambio que encendía esperanzas y concertaba fervores era, desde luego, para bien, para enmendar errores pasados, para limpiar el horizonte corrupto tal vez, para generar, en fin, bienestar y consiguientemente felicidad al boliviano tan seriamente maltratado en el curso de su historia, en los hechos, con muy escasas compensaciones.

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Resulta curioso que el Jefe del Gobierno, a estas alturas, no recuerde que los medios de comunicación —aunque ciertamente sin alharacas— sustentaron las esperanzas en el predicado “Tiempo del cambio” que envolvió a sectores ciudadanos sin distinciones marcadas.

El halago, los medios de comunicación que no tienen compromisos que no sean con la verdad, con los intereses superiores del país y de la región, con el bien de todos, lo conceden aunque sin llegar a la zalema rastrera y, en lo personal, interesada. El halago, con hechos, con acciones o cuando menos con propósitos, hay que alcanzarlo. De nada vale el halago cuando se lo otorga por congraciarse con los que se hallan en situaciones de privilegio o por corresponder a una granjería de las que suelen concederse hasta usando del Estado que, por infinidad de circunstancias, es el bien mayor de todos los pueblos.

Fácil es, para quedar bien, batir palmas en torno de los poderosos por el sólo hecho de serlos. Lo difícil y hasta riesgoso es sustentar la verdad cuando a aquéllos les duele o los lastima.