Más allá de la carga negativa con la que a menudo se asocia la deuda externa, dos economistas coinciden en que el endeudamiento público en una herramienta esencial para la estabilidad económica.
Por Erika Ibáñez

La deuda no es mala si ayuda a la estabilización y se la usa correctamente.
Fuente: La Razón
La deuda externa es tema central en el debate económico. Para algunos, es sinónimo de riesgo, para otros, un salvavidas. Y para quienes siguen de cerca la evolución económica del país, es una pieza clave en el inicio de la estabilización.
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Más allá de la carga negativa con la que a menudo se asocia la deuda externa, los especialistas coinciden en que, en medio de la crisis, el endeudamiento en una herramienta esencial para iniciar la estabilización económica del país.
Durante los últimos años, Bolivia ha atravesado un contexto económico complejo marcado por la disminución de ingresos por exportaciones, presiones inflacionarias, un bloqueo legislativo que justamente castigó el uso de recursos de créditos externos que derivaron en una de las peores crisis económica.
Según cifras oficiales, a septiembre de este año la deuda externa de Bolivia alcanza a $us 13.767 millones, lo que representa más del 26% del Producto Interno Bruto (PIB) estimado para 2025.
Cifras
“Para cualquier país, la deuda externa es positiva porque no siempre se disponen de dólares necesarios para importar ya sea capital o recursos en general”, explicó a La Razón el economista Alberto Bonadona.
Lejos de ser un fenómeno aislado, el endeudamiento es una práctica común en todas las economías del mundo.
“Hasta junio teníamos una deuda de 13.806 millones de dólares, esto, en general, está en un 28% a 29% del PIB, lo cual es ‘manejable’. Para que la deuda sea un problema, debe superar el 60%; ahí se vuelve una carga más pesada. Hay países que superan el 100% y cerca del 200% incluso”, acotó Bonadona.
Créditos en tiempo de crisis
Países desarrollados y emergentes utilizan deuda interna y externa para financiar proyectos productivos, responder a crisis y equilibrar sus presupuestos nacionales. En muchos casos, los niveles de endeudamiento superan ampliamente los de Bolivia, mostrando que la deuda, manejada de forma responsable, es una herramienta legítima y extendida para el desarrollo económico
“El endeudamiento no es malo; todos los países en desarrollo, emergentes y desarrollados usan los mecanismos de endeudamiento principalmente para suavizar los ciclos económicos, es decir para evitar que haya una excesiva volatilidad en el crecimiento económico que afecte a las familias”, coincidió el economista Omar Velasco.
Lo que define si la deuda es positiva o negativa no es su existencia, sino su destino. La clave está en el uso eficiente de los recursos obtenidos. Cuando los préstamos se destinan a infraestructura, salud, educación, energía u obras que potencian la productividad, su impacto es multiplicador: no solo generan actividad económica inmediata, sino que contribuyen a mejorar las condiciones para el crecimiento futuro. Bajo esta lógica, la deuda pública de un país no se convierte en problema, sino en inversión.
En criterio de Bonadona, todo depende qué se hace con la deuda, “es como cuando te prestas plata del banco; si la malgastas y no haces algo productivo, has hecho una mala operación; tendrás que pagar igual y no habrá recursos”.
Capacidad del país
“Lo mismo ocurre con el país; si no se hace un buen uso, un uso productivo que permita generar algo para exportar o para poder pagar, al final ganas plata con la plata prestada y puedes pagarla. Pero si te prestas y no la usas bien, como se hizo en Bolivia, que usó para proyectos que en general, no es rentable, eso es lo negativo de la deuda”, dijo el economista.
Hizo referencia al gobierno de Luis Arce, que invirtió gran parte de los recursos del país para la construcción de plantas industriales, muchas de las cuales no funcionan o no generan ganancias para la economía nacional.
En tanto, explicó que para que Bolivia acceda a deuda externa hay que considerar la capacidad de reembolso del crédito y que “no esté sujeta a condicionalidades externas”.
Destino de la deuda
Además, estimó que la deuda de Bolivia está cerca de $us 12.000 millones y, según la ratio internacional, el país puede seguir prestándose durante los próximos años sin que esto se constituya en un indicador de insostenibilidad financiera.
“Sin embargo, en principio, hay que entender cuál es el objetivo de la deuda y ahí yo veo que el Gobierno tiene que ser muy responsable con los principios que va a hacer y con la consistencia en las políticas económicas que va implementar”, aseguró.
La llegada del gobierno de Rodrigo Paz abre un nuevo panorama para la obtención de créditos externos. El mandatario reconoció que es la única forma de estabilizar el país; con el ingreso de “dólares frescos” se podrá solventar la compra de combustibles y pagar combustible y el servicio de la actual deuda externa, principalmente.
El ministro de Economía, Gabriel Espinoza, dijo hace unos días que el Gobierno apunta a obtener unos $us 9.000 millones de diferentes organismos internacionales. De hecho, ya aseguraron $us 3.100 millones del Banco de Desarrollo para América Latina y el Caribe-CAF.
“Como país, no tenemos otra alternativa que prestarnos plata y en los niveles que se ha estado hablando, $us 9.000 millones, incluso puede ser algo más y sería positivo en la media que esos recursos estén destinados a proyectos productivos, de desarrollo”, dijo al respecto Bonadona.
Sin recursos
“Bolivia no puede generar suficientes recursos, tiene pocas reservas internacionales, en divisas no supera los $us 150.000 y el resto es oro y que está en garantía por una venta a futuro”, acotó.
El economista remarcó a La Razón que “la deuda no solo es mala, sino que en estos momentos es inevitable y va a servir para darle a la economía un respiro porque las necesidades no disminuyen”.
Para Velasco, la deuda a la que apunta obtener el Gobierno debe ser única y exclusivamente “para hacer el ajuste de las medidas que se van a aplicar, que no sean políticas de shock, sino que acompañen la gradualidad de su implementación”.
Créditos
“Es decir, para que el impacto del ajuste macroeconómico pueda ser de alguna forma suavizado en términos del costo de la población. Para esto se tiene que prestar. El crédito no puede ser estar condicionado a medidas de política económica de organismos internacionales o países vecinos porque así estamos quitando grados de autonomía en la toma de decisiones del Estado boliviano y eso puede ser peligroso en términos de la consistencia macroeconómica que se necesita”, explicó.
Velasco alertó que un problema del endeudamiento es cómo se paga en los próximos años y dijo que “lo que generalmente ocurre es que los gobiernos toman deudas y traspasan las obligaciones financieras a la nueva gestión y eso en el tiempo se convierte en un vicio financiero”.
Consideró, además, que actualmente la situación económica del país es precaria en términos de ingresos, por lo que “no nos podemos dar el lujo de realizar empréstitos que no vamos a poder pagar más adelante”.
Velasco recordó que el gobierno de Luis Arce concretó varios créditos; sin embargo, no tuvo acceso a ellos por un “bloqueo” de la Asamblea Legislativa. La oposición justificó su objeción en razón de que el país asumía más deuda.
Sin embargo, la situación ha cambiado y dijo que el presidente Rodrigo Paz no tendrá esos problemas por el cambio de correlación de fuerzas en el parlamento”
Pero “esto no quiere decir que el Gobierno tiene carta libre para aprobar créditos sin dar rendición de cuentas al país. Las autoridades van a tener que explicar con claridad cuáles son los alcances de la política de endeudamiento externo, las condiciones financieras en términos de tasas, plazos, grados de concesionalidad, años de gracia”, explicó.
Impacto
Remarcó, además, que el ingreso de dinero por créditos genera un impacto positivo a corto plazo porque —en su criterio— es una inyección de liquidez, pero si no se usan los recursos de “forma sabia y oportuna”, esa deuda se convertirá en los impuestos de mañana.
Apuntó a que las medidas que asuma el Gobierno deben tener la obligación de reducir los impactos negativos en la población de bajos ingresos y puedas restablecer los efectos macroeconómicos. “Puede ocurrir que el día de mañana el gobierno nacional tendrá una fuerte presión fiscal por el incremento del servicio de la deuda porque esto no es un regalo, es un préstamo”.
Y puso como ejemplo el préstamo de Bs 100 de un banco, donde el deudor paga el total del capital y muchas veces termina pagando Bs 200 por los intereses. “Es lo mismo con el gobierno, tiene que ser consciente de lo que se está prestando hoy tiene que apuntar a dar estabilización y minimizar el costo de los ajustes. Se tiene que tener los mecanismos de repago de la deuda para evitar un potencial riesgo de crisis fiscal en el país hacia adelante”.
Una necesidad
En criterio de Velasco, si bien Bolivia está por debajo de los niveles internacionales de endeudamiento, hay que tomar en cuenta otros indicadores como el flujo de recursos que tiene el país para pagar el servicio de la deuda cuando hay una caída importante de ingresos.
“Bolivia no tiene en este momento esa condición más allá que cumplamos los ratios internacionales, la caída de ingresos públicos nos hace menos sostenibles la posibilidad de servir la deuda de manera continua”
El endeudamiento sigue siendo un tema sensible y polémico. Pero en un mundo interdependiente, donde incluso las economías más fuertes requieren financiamiento externo, Bolivia no está tomando un camino excepcional, sino uno que responde a necesidades para la estabilizción.
La deuda externa, lejos de ser una amenaza inmediata, continúa siendo para Bolivia una herramienta crucial para enfrentar su presente y construir su futuro.
Fuente: La Razón
