El Gobierno no quiere reconocer que tiene en sus manos a un preso político. Se encierra en sus abusos y daña la imagen que ha logrado.
Cuando la oposición eligió a Leopoldo Fernández para candidato a vicepresidente, el MAS sabía el efecto electoral que estaban buscando sus oponentes. Pese a las grandes habilidades que tiene el oficialismo para diseñar estrategias políticas de neutralización de sus enemigos, en este caso no tiene mucho terreno por dónde moverse y tendrá que insistir a ultranza en un argumento cada vez más debilitado para mantener silenciado al ex prefecto de Pando. El Gobierno sostiene que Fernández es un genocida, autor intelectual de una masacre de campesinos y que por ese motivo no merece gozar de ningún derecho ciudadano como la libertad de expresión, que ayer le fue suprimido de manera descarada.
El Gobierno no le teme a lo que Leopoldo Fernández pueda decir en una conferencia de prensa, (casi todo sobre la patraña del 11 de septiembre ya se ha dicho) sino al significado que pueda tener que un reo “de esa calaña” esté rodeado de micrófonos y tenga la posibilidad de grabar anuncios televisivos, sacarse fotos y hablar con relativa libertad. La Corte Nacional Electoral reconoce los derechos del candidato detenido en San Pedro, la opinión pública también lo cree así, las leyes están de su parte, pero el momento en que el MAS lo acepte y acceda a brindarle las garantías legales, habrá reconocido también que tiene en sus manos a un preso político, que actualmente se encuentra en medio de un limbo jurídico por la manipulación y el abuso en el que ha incurrido el oficialismo. En ese mismo instante también, el mundo entero comenzará a poner en tela de juicio la vigencia de la democracia en Bolivia.
Y el abuso sigue y no se va a detener porque así es el círculo vicioso del autoritarismo. Cuando los argumentos no alcanzan vienen los descalificativos hacia la Corte Nacional Electoral, a la que ahora se pretende sacar del camino. Es lamentable para el Gobierno tener que mandar al frente al presidente Morales para que dé la cara sobre este asunto. Todos los ministros están con la imagen por el suelo, nadie aguanta el cinismo con el que defienden los atropellos que cometen todos los días.
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El primer mandatario habló de dos temas ayer, además del caso Leopoldo Fernández. También se refirió a las últimas declaraciones del embajador británico en Bolivia y representante de la Unión Europea, Nigel Baker, quien le ha pedido a las autoridades nacionales tomar en cuenta los informes elaborados por peritos de Irlanda y Hungría sobre la muerte de tres ciudadanos europeos el 16 de abril en Santa Cruz. El diplomático no sólo les hizo saber que son muy serias las sospechas de que en el hotel Las Américas se produjo una ejecución ilegal sino también expresó sus dudas sobre la investigación que se está realizando en Bolivia. Cuando el representante afirma que la familia de esos abatidos merece conocer la verdad, es una advertencia sobre el rumbo que puede tomar este caso en los fueros internacionales.
Por último, luego de las recientes alianzas concretadas por su partido en Santa Cruz, el presidente se mostró feliz por el hecho de sumar a sus filas a elementos de frondoso prontuario. Fueron tres temas muy delicados para un mandatario que goza de una imagen internacional que cada vez luce más empañada. Veremos con el tiempo quién luce más encerrado, Evo o Leopoldo.