Transición energética en China: ¿Cómo salir del carbón sin abandonar territorios en el camino?


El carbón es la columna vertebral de la China industrial. Pero, ahora que se habla de neutralidad carbono, Pekín se enfrenta a una ecuación explosiva: ¿cómo salir del carbón sin dejar de lado territorios enteros? En provincias como Shanxi, uno de cada 10 habitantes sigue viviendo del carbón. La transición se convierte entonces en una gran prueba social y política.

Un trabajador cerca de una mina de carbón en Datong, provincia de Shanxi, en el norte de China, el 3 de noviembre de 2021.
Un trabajador cerca de una mina de carbón en Datong, provincia de Shanxi, en el norte de China, el 3 de noviembre de 2021. © NOEL CELIS/AFP

Por la corresponsal de RFI en Pekín, Clea Broadhurst

China representa casi la mitad de los empleos del mundo en el sector del carbón, la gran mayoría de los cuales están geográficamente concentrados. En provincias como Shanxi, el carbón estructura todo: empleo, finanzas locales, identidad colectiva.



Las cifras son asombrosas: alrededor de 350.000 empleos en el sector del carbón están en riesgo para 2030 en esta provincia del noroeste del país, lo que supone hasta 1,7 millones de empleos indirectos en el norte de China.

Esto supone un gran impacto social potencial y, por tanto, un riesgo político. Eliminar progresivamente el carbón no consiste en cerrar una industria, sino también en transformar sociedades enteras, mientras que hablamos de millones de empleos verdes creados.

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Ausencia de estrategia social unificada

La energía verde crea más empleos de los que destruye a nivel nacional. Pero para los trabajadores del carbón, que a menudo son mayores, poco cualificados y altamente especializados, la transformación es difícil — y a veces imposible. El resultado: una transición ganadora sobre el papel, pero perdedora localmente.

Existen decenas de políticas sectoriales y regionales, pero no hay una estrategia social unificada. Gran parte del apoyo proviene de las grandes compañías públicas de carbón, lo que tiende a prolongar la dependencia en lugar de salir de ella.

Se espera que el carbón alcance su máximo entre 2026 y 2030 y luego se estanque durante años. Pekín sigue utilizándolo como pilar de seguridad energética para estabilizar una red eléctrica dominada por la energía solar y eólica. En otras palabras: la transición será lenta, gradual y enmarcada políticamente.

¿Y el turismo para reemplazar al carbón?

El turismo y las nuevas industrias desempeñan un papel clave: absorben parte del trabajo, dan una nueva identidad a los territorios, atraen a jóvenes e inversiones. En ciudades como Datong —la capital de Shanxi— el turismo mejora la calidad de vida, pero el carbón sigue siendo dominante. Por lo tanto, estamos hablando de diversificación, no de sustitución.

Pero si la transición está mal supervisada, puede provocar resistencias sociales, y una regresión en términos climáticos. Si China fracasa, el riesgo es enorme: ralentización de la transición, continuidad del carbón, impacto directo en los objetivos climáticos mundiales. La forma en que China trata a sus mineros dirá mucho sobre la credibilidad de su transición verde.