Drogas, sexualidad y educación


 

 



 

El consumo de drogas y la conducta incorrecta de la sexualidad deben aparecer en las unidades educativas para que recién se investigue estos problemas con un raro protocolo especial. Así piensan algunos sabios dirigentes del magisterio. Según ellos una comisión disciplinaria identificará y sancionará a los alumnos involucrados expulsando a los responsables. Pero estos irán a otras unidades educativas para continuar con sus fechorías. ¿Este es un criterio educativo?

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Las autoridades de la Defensoría de la Niñez se lavan las manos señalando que la prevención incumbe al hogar.  Los padres deben estar alertas a los mensajes de las redes sociales.  ¿Se educa así a los hijos?

El problema es este: un flagelo social perturba amplia y negativamente a nuestra colectividad, perjudicando el bienestar de la población. Por tanto, su toxicidad tiene un gran alcance y no se detiene en individuos aislados. Sus consecuencias presentarán perjuicios biopsicosociales que continuarán creciendo en el tiempo.

Por su difícil control deben coordinar acciones el Ministerio de Educación, las unidades educativas y los padres de familia.

La primera medida será mover el actual currículo educativo. Tiene que incorporarse la orientación vocacional como un servicio estructural permanente para guiar al sistema con ajustes al cambio de este mundo dinámico. La tarea del orientador será organizar cursos, seminarios, debates, paneles, invitando a profesionales especializados para prevenir estos problemas: dificultades de aprendizaje. Desajustes de la conducta. Consumo de sustancias controladas. Educación sexual. Orientación vocacional. Acoso escolar. Desarrollo de habilidades sociales. Formas de violencia. Educación en valores. Feminicidios, etc. Debiendo elaborar fichas de seguimiento y evaluación individual en coordinación con los padres de familia.

Con sermones no se educa. Educar es trastrocar la conducta del alumno, es incentivar el cambio de su ser. Frente a un mundo agresivo, el estudiante debe dejar de ser lo que es (presa fácil de los flagelos) y convertirse en otro (estudiante crítico). Las unidades educativas constituyen un ambiente ideal para prevenir.

La prevención es un proceso continuo que desarrolla competencias para que el alumno solucione sus dificultades. Prevenir es controlar el futuro. En cada unidad educativa debe darse tres prevenciones: Primaria, para todos los alumnos con proyectos o programas tendientes a evitar la aparición de problemas. Secundaria: sólo para estudiantes en riesgo y con el fin de acabar el problema. Terciaria: para sujetos con trastorno de conducta y el propósito será reducir complicaciones remitiéndolos a especialistas externos al centro.

Fácil es expulsar alumnos, lo difícil es prevenir científicamente. La educación debe responder a las necesidades de la sociedad.

 

Alberto Santelices Salomón

Medalla al Mérito Municipal en Educación