El subsidio prenatal y de lactancia será reformulado para mejorar la nutrición y reducir la anemia, el sobrepeso y el consumo de ultraprocesados.
Silvia Sanchez

El Servicio de Desarrollo de las Empresas Públicas Productivas (Sedem), junto al Ministerio de Salud y Deportes y la ASUSS, anunció una reestructuración del subsidio prenatal y de lactancia para la gestión 2026, con mayor enfoque en nutrición y salud.
El nuevo enfoque busca incrementar la presencia de proteínas y carnes en los paquetes, al tiempo que se reducen azúcares, harinas refinadas y alimentos ultraprocesados, en respuesta a indicadores preocupantes de anemia, malnutrición y sobrepeso en mujeres gestantes, lactantes y niños del país.
Según la Unidad de Alimentación y Nutrición (UAN) del Ministerio de Salud, más del 50% de madres y niños presentan anemia, mientras que en la última década el sobrepeso y la obesidad han aumentado, asociados al consumo excesivo de carbohidratos y azúcar. Frente a este escenario, las instituciones coincidieron en reorientar el subsidio hacia alimentos más naturales y nutritivos.
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Productos que cambian
En la evaluación técnica del paquete actual, 41 de los 66 productos fueron aceptados, principalmente lácteos, frutas, verduras y cárnicos, mientras que se propone incrementar la dosificación de hierro para combatir la anemia.
El gerente de Subsidios del Sedem, Edgar Medina, afirmó que los cambios no solo se implementarán en 2026, sino que habrá ajustes inmediatos en el paquete vigente:
“Queremos reincorporar alimentos que aporten de manera efectiva a la nutrición de las beneficiarias”.
Por su parte, Adriana Zubieta, jefa de la UAN, explicó que los cambios buscan filtrar alimentos con exceso de azúcar, grasa o sal, asegurando que los paquetes respondan a las necesidades reales de madres y niños.
Próximos pasos
El Sedem remitirá un informe técnico a la ASUSS para viabilizar las modificaciones en el paquete actual, mientras que la lista completa de productos del subsidio 2026 podría estar lista a fines de febrero.
Este cambio marca un punto de inflexión en la política de subsidios, priorizando calidad sobre cantidad, más proteínas, más hierro y menos ultraprocesados, alineado a criterios de salud pública y bienestar de las beneficiarias.