Hasta la vista Decreto 5503


La reciente derogación del Decreto Supremo 5503 no es solo un ajuste técnico en la política del gobierno en busca de consensos y priorizar el diálogo; es un evento político de primer orden que desnuda debilidades y dinámicas de poder al interior del gobierno. Si bien lo podemos llamar “traspié”, para minimizar lo ocurrido, esta acción constituye una retirada estratégica forzada que ofrece una radiografía reveladora del estado actual de la administración.

Una retirada estratégica:



La cesión ante la presión de la Central Obrera Boliviana (COB), el cual constituye un sector débil, es el dato más significativo. Políticamente, demuestra que incluso actores percibidos con capacidad de movilización limitada pueden, en un contexto de fragilidad gubernamental, ejercer un obstáculo efectivo. Esta derogación, ocurrida tras el paso de lo que podemos denominar “prisiones aisladas”, transmite una imagen de vulnerabilidad. Sugiere que el gobierno, quizás buscando recomponer bases de apoyo o evitar un conflicto social temprano en su gestión, priorizó la estabilidad inmediata sobre la implementación de su agenda reformista. El mensaje es peligroso: incentiva la presión callejera como herramienta de negociación.

La falla técnica y/o falla política:

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La crítica a la redacción del decreto y a la falta de un análisis de cada uno de los artículos dieron pie a cuestionar si el Decreto era anticonstitucional o no.  En lo personal veo las implicaciones “fast track”, debió ser el resultado de un consenso interno sólido y una evaluación de riesgos exhaustiva, sobre todo en lo medioambiental. Su defectuosa elaboración y posterior colapso indican que prevaleció la premura o la desconexión con las realidades sociales y ambientales, lo que termina por debilitar la autoridad presidencial. El impacto ambiental previo apunta a una disfunción grave en el núcleo del proceso de formulación de políticas. Esto no es un error administrativo menor; es una falla de asesoramiento. Revela que el circuito entre la técnica, la política y la comunicación gubernamental no existe o es precario.

 La soledad en la responsabilidad:

La cruda verdad sobre la dinámica del poder: “el triunfo es de todos; la derrota, solo de uno”. Esta frase encapsula la exposición extrema del Presidente en este “traspié”. Sin embargo, la injusticia de que la “factura” caiga solo en él es, en sí misma, un dato político que no debe sorprender.  No obstante, este conflicto apoco de iniciar la gestión de gobierno deja en manifiesto que el Señor presidente necesita un equipo que lo acompañe sea más meticuloso y que entienda que una acción mal tomada o no analizada conlleva consecuencias.

Asimismo, el Sr. Presidente deberá evaluar en su entorno la existencia de asesoramientos deficientes y posiblemente lealtades cuestionables que lo dejaron al políticamente expuesto. En lo personal de este conflicto solo puedo rescatar la labor de los ministros de Gobierno y de Planificación, a quienes se los vio con una entrega total, sin vacaciones, sin excusas, ni pretextos.

Por otro lado, la falta de una línea comunicacional se hace cada día más evidente, la estrategia (si es que hubo alguna) para explicar los alcances del decreto, su defensa y el aprovechar el apoyo que hubo por parte de la ciudadanía, no pudo ser peor.

 Consecuencias:

  • Credibilidad Erosionada: El gobierno arriesga ser percibido como impulsivo en la acción y débil en la defensa de sus decisiones.
  • Dilema de Gobernabilidad: Se crea un círculo vicioso: para impulsar reformas difíciles se necesita capital político, pero derogar ante la presión consume ese mismo capital.
  • Crisis de Asesoramiento: Se instala públicamente la duda sobre la competencia y compromiso del círculo íntimo presidencial. El mandatario queda obligado a analizar el reajuste que restaure la confianza técnica y política en su equipo.
  • Oposición Fortalecida: La oposición puede utilizar este hecho como prueba de improvisación y falta de solidez gubernamental. Y aquí hay que ser muy claros, la oposición no es la COB o los que bloquearon caminos, ellos son solo instrumentos de quienes apuestan por el fracaso de este proceso.

Si podemos sacar una conclusión o un análisis de resultados luego de la derogación del DS 5503 es más que un paso atrás en una política específica. Es un episodio sintomático de las tensiones que atraviesa el actual gobierno: la lucha por imponer una agenda de modernización frente a la resistencia de actores políticos a quienes no les importa, la viabilidad del país.  Por otro lado, desnuda una serie de falencias en el Poder Ejecutivo y no solo por la falta de minuciosidad que exige promulgar un Decreto Supremo de esta envergadura, sino, el pretender gobernar con base en Decretos presidiendo del Poder Legislativo.   Lo último es un absurdo y muestra que hay colaborares del Presidente que no están haciendo sus tareas, pues no hacen ni el intento de buscar consensos y estoy seguro de que de intentarlo encontrarían una mayoría de parlamentarios que estamos dispuestos a poner el hombro para que Bolivia salga de esta crisis.

Por último, seguir trabajando por Bolivia requerirá, una reestructuración profunda en el modo de tomar decisiones, una clarificación de las líneas de responsabilidad y una recomposición en la ruta crítica del gobierno. De lo contrario, el Presidente podría encontrar que la soledad en la derrota no es una excepción, sino una constante en su gestión.