¿Habrá muerto la rabia?


Álvaro Riveros Tejada

 



Atendiendo ese viejo refrán que reza: “Muerto el perro, muerta la rabia” aplicado a los recientes acontecimientos políticos que se están desarrollando en Venezuela, con la aprehensión y deportación a los Estados Unidos, de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, por parte de fuerzas militares de esa potencia estadounidense, se desveló el misterioso objetivo de esa enorme tarea conjunta de operación  militar, desplegada en el Caribe, que lejos de llevar la liberalidad democrática a nuestro continente, lleva el encargo de recomponer políticamente la región, bajo la tutela de los EE.UU., después de 25 años de un rancio Socialismo del Siglo XXI, que nos fue impuesto por el castrochavismo, desde México hasta la Argentina.

Echando mano a la controvertida Doctrina Monroe, que acaba de cumplir sus doscientos años de haber sido proclamada por el expresidente James Monroe, de quién lleva su nombre, el presidente Donald Trump sostiene que América, y muy en especial Latinoamérica, no debería ser objeto de nuevas colonizaciones ni intervenciones europeas, chinas o rusas y que cualquier intento en ese sentido sería visto como una amenaza. A cambio, Estados Unidos promete no intervenir en los asuntos internos de Europa. Sin embargo, con el tiempo, la doctrina fue usada para justificar la influencia e intervenciones de EE. UU. en América Latina, como fue el caso de Granada en 1983, Panamá en 1989 y ahora en Venezuela.

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Ahora bien, tanto en nuestra historia, como en la historia de casi la totalidad de los países que integran la región, se establece que la caída de un régimen no se debe necesariamente a la caída, muerte o desaparición de su líder, como sucede en Cuba y ahora en Venezuela, sino cuando se desarman las estructuras que les sirvieron de fundamento a esos autócratas  y apoyo para su discrecionalidad.

Tal es el caso de la administración Trump, al desmantelar las estructuras que se enraizaron a partir de la mafiosa organización criminal del narcotráfico y volver a insertar a Venezuela  en el globalismo con su rica y exitosa producción petrolera, abominando  la colusión del poder con los cárteles de la droga que convirtieron dicho recurso en una dádiva  para los países cómplices de esa infeliz doctrina, como el “Cártel de los Soles”, el “Tren de Aragua” y muchos otros  de la región que operaban a sus anchas en territorio venezolano y universal.

La aparatosa captura del déspota colombo-venezolano y su mujer y su inmediata substitución con sus más serviles adláteres, a más de  significar una señal política en Venezuela y en los países atingidos por tal acontecimiento, lejos de significar la pronta restauración de la democracia, es una clara advertencia a los países que cayeron en la epidemia forista de São Paulo y el destino que les espera, de no girar sus antenas hacia las directrices emitidas por la “Voz de América”.

En lo que a nuestro país concierne, el sobrevuelo de un helicóptero en las tierras “independientes del Chapare” visto como un adelanto expedicionario de las fuerzas antidrogas estadounidenses, ya que en dicha nave se encontraban miembros de la famosa DEA, que retornaban al país, luego de una vacación forzada de más de veinte años. Resulta anecdótico, por no decir cómico, que lo que más asombró a nuestros visitantes y a los propios anfitriones, fue la cantidad de hojas de coca colocadas, para su secado, sobre el asfalto de la carretera, hoy convertida en el substituto de aquellos pequeños patios caseros, que no excedan los veinte metros cuadrados. En nuestro modesto parecer, dicha nota de color, no deja de reflejar nuestra inmensa creatividad y una pregunta al Sr. Trump, ¿Si ya habrá muerto la Rabia?