Regalos, custodias e ironías: los primeros días de Arce en prisión a la sombra de Murillo


El escenario es surrealista en San Pedro, un sitio que llegó a recibir turistas. Ahora el penal tiene a nuevos inquilinos: Un expresidente, dos exministros, además de altos funcionarios. Allí también estuvieron militares que tuvieron voz de mando.

Por Carlos Quisbert



Fuente: eldeber.com.bo

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“El expresidente Luis Arce está custodiado desde que se le incautaron su teléfono celular. Para no tener problemas con los presos trajo regalos para todo el penal. A los niños, juguetes; a los mayores, un panteón. Eso en Navidad. Y en Año Nuevo dio lechón a todos los de la Sección Posta; después de recibir su plato, tenían que agradecerle y darle la mano”, relató a EL DEBER un privado de libertad. Como cada jueves, ayer fue día de visitas en el penal de San Pedro.

Ese es uno de los varios testimonios recogidos sobre los primeros 35 días del expresidente Arce en ese penal de La Paz. Está allí de manera preventiva en el contexto de un proceso vinculado con el mayor caso de corrupción atribuido a la era del MAS en el poder: El desfalco al Fondo Indígena.

Del confort de aquellos espacios amplios y privados, ya sea en su casa de Miraflores, en un departamento en Sopocachi o el lujoso piso 24 de la Casa Grande del Pueblo, donde Evo Morales hizo construir una suite especial para el descanso presidencial, el exmandatario pasó a ocupar una húmeda celda de venesta y estuco. Ese espacio fue ocupado en su tiempo por dos exmilitares a quienes él mismo ordenó procesar por la crisis política de 2019, aquel capítulo de la historia del país al que el MAS bautizó como “golpe”.

“Hasta en eso tuvo suerte. Los militares salieron justo antes de que lo metan preso y lo recibió un exfuncionario de la Aduana, que era su amigo. Él lo cuidó los primeros días”, contó otro interno.

“Por la celda pagó 200.000 bolivianos. Tilín (Arce) ya sabía que iría preso y por eso pidió la celda más aislada”, añadió el primer testigo, quien fue su rival político. En ese tiempo Evo le dijo a Arce que era “un simple cajero”, recordó el interno al referirse al cargo de ministro de Economía que ocupó antes de ser presidente. Además, era en un momento en el que el MAS comenzó a requebrajarse. A pesar de esas señales Arce nunca imaginó terminar en la cárcel.

En el penal de San  Pedro hay que tener cuidado. Por eso, un funcionario habló con EL DEBER a cambio del anonimato. Contó que el exmandatario repartió 3.000 juguetes a los hijos de los privados de libertad y ofreció ese plato de lechón a los internos de su sección. Eso fue “más por su sentir que por congraciarse con ellos”, apostilló el servidor.

La misma fuente precisó que, debido a su condición, Arce permanece parcialmente aislado, bajo resguardo policial, y que aún no cumple los 15 días de sanción que debían imponérsele por portar un celular en su celda. “Además, todos los días se le practican controles de signos vitales”, indicó.

“Dicen que le subió la presión, por eso le recomendaron hacer ejercicio. Un interno, profesor de Educación Física, lo ayuda”, relató el funcionario. Como lo hacía con su entonces aliado, el excomandante del Ejército Juan José Zúñiga —preso en El Abra, Cochabamba, por la revuelta militar del 26 de junio de 2024—, en San Pedro Arce practica básquet en horarios de menor riesgo dentro de la mítica sección Posta.

 

‘El manillas’

“Tengo información de que la (exministra de la Presidencia) María Nela Prada le ha contratado dos colombianos para su seguridad. Dicen que esta detención estaba negociada con el Gobierno (de Rodrigo Paz)”, afirmó el 28 de diciembre el expresidente Morales desde su refugio en Chapare.

Un abogado que visitó a su cliente en La Posta aseguró que Morales exagera y que el resguardo de Arce está a cargo de policías, en turnos de relevo. “Igual tienen que cuidarlo, porque ahí pisa fuerte Arturo Murillo, conocido como ‘El manillas’. Mi cliente dice que Murillo se acerca con la billetera en la mano y pide que le cambien dólares. Es otro mundo ahí dentro”, relató con cierto asombro.

Ironías del destino: Murillo, expulsado desde Estados Unidos tras cumplir una condena por lavado de dinero, ocupa hoy la estrecha celda que en su momento habitó el exzar antidrogas del gobierno de Morales, el coronel Maximiliano Dávila, alias ‘el Macho’, quien fue extraditado y sentenciado por la Corte de Nueva York, donde deberá comparecer Nicolás Maduro en marzo en el contexto de un caso por terrorismo y tráfico de armas.

Otra jurista describió el penal de San Pedro como un espacio digno de estudio criminal, no solo por las reglas impuestas por los reos antiguos, sino también por el peculiar sistema económico que, según su versión, involucra a custodios policiales. “Yo lo he visto. Los policías se cuadran ante quien tiene plata”, afirmó y relató que algunos internos reciben visitas fuera de los horarios establecidos en las normas; es decir, los jueves y domingos.

Consultada al respecto, la fuente oficial negó de forma tajante estas versiones y aseguró que ningún policía de Régimen Penitenciario permitiría un ingreso irregular, bajo riesgo de sanción.

El encarcelamiento de Arce reúne, sin embargo, los elementos de un guion cinematográfico cargado de ironías. Una exautoridad del último gobierno del MAS, responsable también de la falta de infraestructura y del hacinamiento carcelario —el exministro de Obras Públicas Édgar Montaño— hoy “disfruta” de las ampliaciones realizadas en la Sección Grulla, antes destinada al castigo y aislamiento de reos peligrosos.

Días antes de que Montaño fuera trasladado el 12 de enero a ese sector, otro hombre fuerte del gobierno de Arce, el exejecutivo de la COB Juan Carlos Huarachi, fue evacuado, precisamente, por razones de seguridad y enviado al penal de máxima seguridad de Chonchocoro, en Viacha.

Se desconoce si Arce y Montaño llegaron a saludarse o si ambos perciben la presencia de Arturo Murillo como una amenaza. Lo cierto es que el escenario está servido para situaciones inesperadas, sobre todo si se recuerda la frase premonitoria que Murillo lanzó en 2020, mientras hacía sonar unas manillas entre los dedos: “No estoy jugando”.