Petrobras en Tariquía: crónica de un desembarco inminente


La maquinaria ya está en Entre Ríos, los senderos ya han sido abiertos, las mediciones para la planchada principal se están tomando, mientras se levantan datos sobre la flora y fauna del lugar. Así, Petrobras avanza en una zona que proyecta 2.8 TCF de gas. El País llegó hasta el campamento que instaló Petrobras en Chiquiacá, departamento de Tarija.

Petrobras en Tariquía: crónica de un desembarco inminenteUno de los límites de la Reserva.

Fuente: elpais.bo / Tarija

 

Un grupo de unas 30 personas aproximadamente está en Chiquiacá Norte, en el campamento que levantó Petrobras Bolivia. Ellos son los encargados de “preparar el terreno” para lo que será la intervención al pozo Domo Osso X3.

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Hasta ahí llegó El País, para observar qué trabajos se han realizado hasta el momento.

Al ingresar se encuentra la vigilia de las personas que defienden la Reserva Natural de Flora y Fauna Tariquía. En esta ocasión sólo estaban las señoras Juanita, Elizabeth y Yenni, era su turno de vigilar la zona. Ya no ponen resistencia al ingreso de los vehículos, pues en el fondo saben que igual serán rebasadas. Pero están ahí, su sola presencia es parte de la protesta contra la incursión de las empresas petroleras.

A partir de ahí se recorre un largo camino, entre cerros, quebradas y campos de plantaciones. Una que otra vivienda acompaña el paisaje. Los animales no faltan, en la ruta es fácil hallar vacas, cabras, chanchitos, caballos, burros y los infaltables canes, que llenos de polvo ven pasar las camionetas a toda velocidad.

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Trabajadores realizando mediciones en la zona

La presencia de las petroleras

Pasando la comunidad de Soledad, a unos 15 o 20 kilómetros de Chiquiacá, ya se observan personas trabajando, están colocando postes de luz para iluminar el camino. Más adelante hay una ambulancia, muestra de que hay trabajadores en el lugar.

David es el conductor. Mientras almorzaba comentó que está encargado de manejar la ambulancia y de atender al personal que lo requiera. Dice que las picaduras de insectos son los casos más comunes. Confirmó que más adelante estaba ubicado el campamento que instaló Petrobras.

Justo al frente donde su ubicó la ambulancia está el pequeño camino que dará paso para ingresar al pozo Domo Osso X3, sobre la carretera una bandera rota del PDC flamea.

El sendero ya está marcado con estacas y algunos letreros con datos de la ubicación. Uno metros después se halla el río Soledad, un afluente de agua cristalina y grandes rocas alrededor. Uno de los guías no duda en tomar agua directamente de la corriente, confiado de su pureza.

Ese lugar también está marcado por estacas, ese será un paso obligatorio para entrar al pozo.

Allí estaba Grebi Pereira, supervisor de ingeniería, uno de los trabajadores que realiza el relevamiento de datos para el diseño del camino, que tendrá unos tres metros de ancho aproximadamente.

Comentó que el pozo está a unos 7 kilómetros más adelante. El camino de ingreso se puede visibilizar poco, pues no está habilitado completamente, recién se están estableciendo los ejes.

Pereira confirmó que el camino cruzará el río Soledad y bordeará una quebrada, hasta llegar a la planchada, que es donde se ubicará el pozo Domo Osso X3.

“Ahora solo se está enmarcando el camino, para ver por dónde podemos ir, de tal forma que no se afecten los árboles, porque en la licencia ambiental se estableció que hay árboles que debemos cuidar”, detalló, al confirma que ahora se estableció en la zona un campamento, donde hay unas 30 personas, entre trabajadores y comunarios que han sido contratados para el reconocimiento del área.

Cerca al lugar donde estará la planchada del pozo hay especialistas que están realizando el Levantamiento de Preventivas Ambientales, que implica evaluar el tipo de flora y fauna que hay. Luego, los responsables elaborarán un informe para determinar qué acciones tomarán.

A parte de ese equipo, dirigidos por un biólogo, lo encontramos saliendo del lugar, pero se mostraron reacios a dar declaraciones. El especialista sólo se limitó a decir que hay personal autorizado para hablar del proyecto.

Cuando se le consultó sobre el tipo de flora y fauna que hay en la zona, dijo que se trata de un bosque secundario, es decir, que ya se realizaban otros tipos de trabajos, como explotación maderera. No quiso ser grabado ni filmado.

Pereira reconoció que les ha sido incómodo trabajar en medio de un conflicto con los comunarios. “Tenemos que acomodarnos a la situación social que hay en la zona, hay mucho recelo por parte de algunas personas del lugar”, comentó.

Aunque se están realizando las mediciones, planos y levantamiento de otros datos para abrir el camino a la planchada, este trabajo por ahora está paralizado.

“Mientras los equipos no estén aquí, no se puede hacer nada”, dijo Pereira, al confirmar que el conflicto con los comunarios está demorando ese avance.

Se sabe que la maquinaria ya está en Entre Ríos, y solo se espera luz verde para ir hasta Chiquiacá.

El campamento de Petrobras 

El campamento

Seguimos el recorrido en busca del campamento de Petrobras. Unos kilómetros más adelante lo ubicamos. Al ingreso se observan letreros de “cuidemos el medio ambiente”.

No hay personal al ingreso que pueda dar información. Solo había el conductor de un micro, que al parecer transporta a los trabajadores del lugar.

Al consultar por el responsable del campamento nos dice que le hablará. Varios minutos después nadie sale, pero dos personas observan desde una oficina ubicada en una especie de colina, donde hay unas tres camionetas estacionadas.

En el campamente hay infraestructuras, tipo cuartos, donde al parecer descansan los trabajadores, todas con aires acondicionados. Según lo comunarios, ese lugar sería propiedad de una familia que ya no vive en el lugar.

Varios minutos después sale una camioneta con dos personas, pero no paran. Por detrás sale el conductor del micro y solo dice: “Ahí iban, era que le hablen”. Y también se retira. Nadie más salió del campamento.

Al salir y avanzar casi un kilómetro se halla un letrero que anuncia que ahí es el vértice punto P-6, límite del área protegida. Cerca hay un puesto del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), institución que tiene tres guardaparques para cuidar una zona de 2.469 km².

Uno de ellos es don Anuncio Márquez, quien lleva 15 años trabajando en el Sernap.

Reconoce que por ahora la empresa petrolera está fuera del área que vigila, por lo que no ha tenido contacto con los trabajadores.

“Ellos no tienen ninguna autorización para ingresar (a la Reserva) ni para hacer ningún tipo de movimiento, ni de personas”, aseguró.

El camino el largo y el tiempo corto. Sobre la ruta circulan algunos comunarios a pie, otros a caballo o en moto. Algunos arrean sus animales y otros vuelven de su faena en sus terrenos. La amabilidad se siente en un saludo, pero también la desconfianza y cierto temor al preguntarles sobre la presencia de las petroleras y el proyecto Domo Osso X3. Prefieren no hablar, porque el silencio se ha convertido en una forma de evitarse problemas.

Yenni, Juanita y Elizabeth en la vigilia

Mujeres en la vigilia, ni un paso atrás en su lucha

La vigilia instalada al ingresar a Chiquiacá ha sido comandada mayormente por mujeres. Ahí encontramos a doña Juanita, Elizabeth y Yenni, quienes nos reciben con un efusivo saludo.

Doña Juanita de 60 años es la vocera. Recuerda que hace más de un mes se instalaron en ese punto “para defender nuestra naturaleza, nuestro paisaje”.

Doña Juanita cuenta cómo fue la visita del vicepresidente, Edmand Lara, al lugar, quien recorrió varios lugares por donde ya está trabajando Petrobras. Dice que la llegada de Lara trajo esperanzas a los comunarios, pues se comprometió a gestionar el retiro de la empresa.

“Nosotros queremos que salga la empresa. Para nosotros esto se ha vuelto una pesadilla. Es penoso ver entrar y salir a la empresa, ya no queremos ni atajarles, porque sabemos que van a venir con la Policía”, comenta y recuerda que varios comunarios están siendo procesados por YPFB y Petrobras.

Lamenta que se haya llegado a ese punto, por el simple hecho de defender el territorio que habitan. Pide apoyo de las autoridades de Tarija y de los bolivianos de todo el país, pues recuerda que Tariquía es de los bolivianos.

“Chiquiacá es lindo, todo produce gracias al agua. Por eso nosotros estamos defendiendo de corazón este lugar, aunque nos digan que nosotros somos pagados y unos flojos. A nosotros nadie nos paga un peso, estamos aquí con nuestros propios recursos, porque queremos que esto quede para la nueva generación, para nuestros hijos”, indicó.

Junto a doña Juanita está Yenni Noguera, ella no es del lugar, ha venido desde Caigua, Villa Montes, para apoyar la lucha de las mujeres de Tariquía.

Ella ya vivió esta situación en Caigua, conoce las promesas que traen las petroleras, cómo hacen la consulta popular, y, sobre todo, cómo los comunarios quedan desplazados una vez que ingresan las empresas.

Yenni habla desde la experiencia y no duda en apoyar la vigilia. Por eso pide a la población apoyar esa resistencia, no permitir el ingreso a la Reserva, porque una vez que eso pase las consecuencias serán irreversibles.

“El impacto que dejan es irreversible, tanto en el ámbito social como ambiental. Cuando ellos quieren ingresar te prometen desarrollo, escuelas, hospitales, pero cuando ingresan todo cambia. Y esas regalías que dicen que habrá no llega a las comunidades, todo se va a La Paz”.

Yenni hace énfasis en el agua y en cómo las vertientes se pierden con el avance de las empresas. Ya vivió esa situación, y vio cómo su tierra se fue apagando porque ya no era la misma.