A 70 días de asumir, Paz Pereira realizó su primer viaje oficial a Paraguay y participó en la firma del acuerdo Mercosur–Unión Europea, que abre mercados y marca el retorno de Bolivia a la integración regional.

Fuente: El Deber
Bolivia decidió volver al escenario internacional con un gesto político calculado y simbólico. A poco más de dos meses de haber asumido la Presidencia, Rodrigo Paz Pereira realizó su primer viaje oficial al exterior y eligió Paraguay para enviar un mensaje inequívoco: el país busca dejar atrás dos décadas de aislamiento político y económico y reincorporarse activamente a los grandes acuerdos que hoy definen el comercio y la geopolítica global. Su presencia en Asunción coincidió con la firma del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, uno de los pactos más ambiciosos negociados en el ámbito internacional en el último cuarto de siglo.
El escenario elegido no fue menor. En el Gran Teatro José Asunción Flores del Banco Central de Paraguay —el mismo recinto donde nació el Mercosur en 1991— Paz proclamó el fin del aislamiento boliviano y reivindicó la integración regional como una necesidad económica y estratégica. Ante el presidente paraguayo Santiago Peña, la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen y varios jefes de Estado, el mandatario marcó distancia con los gobiernos anteriores y presentó a Bolivia como un país dispuesto a “volver al mundo” con reglas claras, estabilidad macroeconómica y vocación productiva.
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El acuerdo Mercosur–UE crea la mayor zona de libre comercio del planeta, con un mercado potencial de alrededor de 720 millones de personas y bloques que concentran cerca del 25% del PIB mundial.
El pacto prevé la eliminación gradual del 90% de los aranceles al comercio de bienes entre ambos espacios, facilita el intercambio de productos industriales y agropecuarios y abre oportunidades en inversión, empleo y encadenamientos productivos.
Para Sudamérica, significa un mayor acceso a uno de los mercados más exigentes y de mayor poder adquisitivo; para Europa, la posibilidad de diversificar proveedores, asegurar minerales críticos y reducir su dependencia estratégica de China.
Aunque Bolivia aún no es miembro pleno del Mercosur, el mensaje político fue claro. Paz recordó que el país estuvo históricamente vinculado a la lógica integradora del bloque, especialmente a través de la hidrovía Paraguay–Paraná y la Cuenca del Plata, pero quedó al margen de las decisiones estratégicas. “No fuimos parte de la constitución inicial del Mercosur cuando éramos la sangre misma del entendimiento”, afirmó, al subrayar la voluntad de su gobierno de corregir esa exclusión y participar en plenitud de los procesos regionales.
El acuerdo, sin embargo, no está exento de tensiones. Dentro del Mercosur y, sobre todo, en Europa, sectores productivos han expresado preocupaciones. Agricultores y ganaderos europeos temen enfrentar una competencia considerada desleal debido a los menores costos laborales y ambientales de los productos sudamericanos.
Países como Francia, Polonia o Irlanda han visto protestas del sector rural, que cuestiona las diferencias en normas sanitarias, bienestar animal y trazabilidad. Incluso dentro de Sudamérica, el debate reconoce que la apertura comercial genera ganadores y perdedores difíciles de evitar.
Desde la perspectiva boliviana, el acuerdo también funciona como una señal para los mercados y los organismos internacionales, en un momento en que el país busca recomponer confianza tras años de bajo flujo de inversión extranjera.
La posibilidad de alinearse, directa o indirectamente, con un bloque que promueve reglas comerciales estables, estándares claros y previsibilidad jurídica es vista por el Ejecutivo como una plataforma para atraer capital, tecnología y asociaciones estratégicas. En ese marco, la integración regional deja de ser un discurso político y pasa a convertirse en una herramienta económica concreta.
Pese a las objeciones sectoriales, los líderes regionales defendieron el alcance estratégico del pacto. El presidente argentino Javier Milei lo calificó como el mayor logro del Mercosur desde su creación, mientras que el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva sostuvo que el acuerdo es una respuesta del multilateralismo frente al aislamiento.
Para analistas internacionales, más allá de su impacto inmediato en cifras, el tratado refuerza la posición geopolítica de Europa en Sudamérica.
En ese contexto, la presencia de Rodrigo Paz tuvo un peso político adicional. Más allá de las disputas internas sobre el gobierno a distancia, la firma digital o la oposición expresada por el vicepresidente, el mandatario boliviano estuvo presente en un acto largamente negociado y de alto simbolismo regional.
Su participación buscó proyectar a Bolivia como un actor dispuesto a integrarse, asumir costos políticos internos y apostar por una inserción internacional pragmática. El mensaje final fue directo: Bolivia quiere dejar el margen y sentarse nuevamente en la mesa donde se definen las reglas del comercio global.
Fuente: El Deber