El crecimiento es el previsto, pero la economía está bajo presión. Mientras Pekín anuncia un aumento del 5 % del PIB en 2025, otro indicador se dispara: el consumo eléctrico. Un contraste revelador de un modelo impulsado por la industria y las exportaciones, lejos de la percepción de los hogares.

Con Clea Broadhurst, corresponsal de RFI en Pekín
Sobre el papel, China cumple todos los requisitos: el Gobierno se felicita por un crecimiento anual del 5 %, en línea con sus objetivos. Sin embargo, trimestre tras trimestre, el ritmo se ralentiza, hasta alcanzar el 4,5 % a finales de 2025, su nivel más bajo desde la salida de la Covid-19.
Detrás de estas cifras oficiales, un único motor impulsa la economía: las exportaciones. A pesar de los aranceles estadounidenses, estas compensan un consumo interno débil y un mercado inmobiliario en crisis. La producción industrial, por su parte, creció un 5,2 % en diciembre, lo que supone un descenso con respecto al 5,8 % registrado en 2024.
El consumo se ha duplicado en diez años
Al mismo tiempo, el consumo de electricidad supera un umbral histórico: más de 10 billones de kilovatios-hora, un récord mundial, superior al consumo acumulado de la Unión Europea, Rusia, India y Japón. Esta cifra se convierte en un auténtico barómetro de la actividad real. Fábricas, centros de datos, vehículos eléctricos: la demanda energética refleja el auge de los sectores industrial y tecnológico.
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En diez años, el consumo de electricidad se ha duplicado, una dinámica sin parangón entre las grandes economías. Para Pekín, el mensaje es claro: a pesar de la desaceleración del PIB, cuya fiabilidad cuestionan algunos expertos, la máquina productiva funciona a pleno rendimiento.
Aunque el consumo eléctrico suba, el poder adquisitivo se estanca. El crecimiento chino, ligado a la industria, sigue estando muy desconectado de la vida cotidiana de los hogares.