Hoy, Día Internacional de la Educación


Si bien muchas veces se confunde educación con instrucción, pues la educación es un proceso amplio, integral y a largo plazo (busca ampliar la percepción, la autorrealización y la formación humana ética, por ende, implica un mayor y auténtico compromiso), mientras que la instrucción es un proceso específico, enfocado en el aprendizaje directo y la memorización (se centra en el saber y la acumulación de datos, limitada a un campo o habilidad específica), llegando a ser, en muchos de los casos, una iniciativa comercial más.

La instrucción se centra en el «saber», mientras que la educación abarca el «ser» y el «convivir», por ende, la educación debe ampliar la percepción humana, no reducirse a la instrucción, donde solo busca llenar la mente de datos o montones de información, enfrascados en mostrarse como persona ilustrada o culta porque son seguidores de alguien, se identifican con algo (ideario, dogmas, corrientes, etc.), citan o repiten con cierta exactitud, lo que otros dicen, dijeron o hicieron. De allí que la educación, no se debe confundir con el mero proceso externo de instrucción. Si bien ambos podrían estar relacionados, pero no son obviamente lo mismo.



Los adultos en esa interacción con los menores de edad y jóvenes, debemos ser amigos que inspiran y se educan a sí mismos, antes de pretender educar a los niños; y, la lectura, constituye una herramienta fundamental para desarrollar una mente profunda, reflexiva y tranquila, ofreciendo un nivel de comprensión y compromiso mental que los medios audiovisuales no pueden replicar. Fomentemos la lectura como una cultura esencial, incentivando el pensamiento crítico, reflexivo, analítico y creativo, que mejora la perspicacia y proporciona profundidad, ayudando a las personas a ser menos superficiales.

Ciro Añez Núñez

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