Dirigente de Tiquina cuestiona planta de Emapa: “Se construyó al lado de otra que el Estado dejó morir”


Yapuchura informó que en el nuevo proyecto se invirtieron 87,7 millones de bolivianos, recursos que —según dijo— pudieron destinarse a la rehabilitación del centro japonés, que aún conserva equipamiento original de alta calidad.

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Foto: Abi

Fuente: ANF

El dirigente del estrecho de Tiquina, Carlos Yapuchura, cuestionó la construcción de la planta procesadora de truchas de la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa) y la calificó como un ejemplo de incoherencia, mala planificación y desperdicio de recursos públicos, al haberse levantado —según denunció— junto a otra infraestructura estatal similar que fue abandonada durante años.



Yapuchura recordó que en el mismo lugar ya funcionaba el Centro Piscícola Tiquina, una planta ejecutada a mediados de los años 80 por el gobierno japonés, a través de la agencia de cooperación JICA. De acuerdo con su testimonio, Japón invirtió alrededor de 20 millones de dólares para construir y equipar la infraestructura con tecnología de punta, además de capacitar al personal boliviano.

“Durante casi diez años la planta, administrada por los japoneses, tuvo un movimiento tremendo. Llegó a emplear hasta 150 personas, entre trabajadores y pasantes que venían de todo el país. Era un centro modelo”, afirmó el dirigente en contacto con ANF.

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Sin embargo, tras su transferencia al Estado boliviano, en el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, la planta ingresó en un proceso de deterioro progresivo. En los últimos años, dependía del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, en el marco del proyecto PACU, pero —según Yapuchura— solo contaba con personal administrativo y carecía de técnicos y operadores especializados.

Frente a ese antecedente, el dirigente cuestionó la decisión del gobierno de Luis Arce de construir una nueva planta de Emapa justo al lado del centro piscícola existente.

“Es un absurdo. En vez de reactivar una planta que ya era del Estado, se levantó otra desde cero. Dos ministerios del mismo gobierno compitiendo entre sí, cuando podían complementarse”, sostuvo. La nueva planta de Emapa depende del Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural.

Yapuchura informó que en el nuevo proyecto se invirtieron 87,7 millones de bolivianos, recursos que —según dijo— pudieron destinarse a la rehabilitación del centro japonés, que aún conserva equipamiento original de alta calidad. “Varios sectores propusimos esa alternativa, pero nadie nos escuchó”, lamentó.

A más de dos años de concluida la obra civil, el dirigente denunció que la planta de Emapa permanece abandonada, sin equipamiento ni personal capacitado. Añadió que existen procesos legales, ya que —según información que recibió— la empresa ejecutora habría incumplido el contrato e incluso “estafado al Estado”.

Otro de los problemas señalados es la falta de materia prima. Yapuchura advirtió que una planta de esa magnitud difícilmente puede operar cuando en la zona solo quedan dos o tres productores de trucha. “Nuestros productores no pueden competir con los peruanos, que reciben apoyo total de su gobierno y compran insumos mucho más baratos”, explicó.

En ese contexto, el dirigente consideró que la planta de Emapa es un proyecto fallido que dejó una infraestructura vacía, mientras el centro piscícola original continúa deteriorándose por falta de gestión. Por ello, planteó que el edificio de Emapa sea reconvertido para otro uso productivo, con el fin de evitar que el espacio y la inversión sigan desperdiciándose.

La planta procesadora de carne de pescado y producción de alimento balanceado fue construida por Emapa en el lago Titicaca, en Tiquina, con el objetivo de industrializar la producción de trucha y dinamizar la economía local.

La obra se inició en enero de 2023 y debía entrar en funcionamiento en 2024, pero nunca fue entregada ni puesta en marcha. Informes oficiales señalan deficiencias técnicas, retrasos y falta de equipamiento, hechos que derivaron en investigaciones del Ministerio Público por presunto incumplimiento de deberes, conducta antieconómica y daño económico al Estado, principalmente durante la gestión del exgerente de Emapa, Franklin Flores.