El presidente de Estados Unidos sostuvo que la República Islámica “está negociando” con Washington. Masud Pezeshkian, jefe de Estado persa, afirmó que una guerra no le conviene a ninguno de los dos países “ni a la región”.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Infobae
Fuente: Infobae
Donald Trump afirmó que Irán ha iniciado un diálogo con su administración, en medio de semanas marcadas por advertencias y amenazas en la región del golfo Pérsico.
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“Irán está hablando con nosotros y veremos si podemos hacer algo, de otra forma veremos qué pasa… Tenemos una gran flota desplegada allá”, expresó el presidente de Estados Unidos a Fox News, en clara referencia al aumento de fuerzas estadounidenses cerca del territorio iraní.
Y agregó: “Están negociando”.
Desde Teherán, el régimen tuvo expresiones de confrontación y otras más dialoguistas. El jefe de Estado Masud Pezeshkian declaró que “la República Islámica de Irán nunca ha buscado ni busca de modo alguno la guerra, y está firmemente convencida de que una guerra no beneficiaría ni a Irán, ni a Estados Unidos, ni a la región”.
En esa línea, el jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Irán Ali Larijani reconoció la existencia de contactos diplomáticos con Washington en medio del clima de tensión. De acuerdo con IRNA, Larijani atribuyó la percepción de falta de diálogo a una “propaganda de guerra” y sostuvo que está en marcha un “marco de negociación”, sin especificar plazos ni condiciones.
En cuanto a las condiciones para un posible acercamiento, las posturas de ambos países continúan enfrentadas. Según IRNA, el ministro de Exteriores iraní Abás Araqchi indicó desde Estambul que “preservaremos y ampliaremos nuestras capacidades defensivas en la medida que sea necesario para defender el país”. Araqchi precisó que cualquier acuerdo requiere excluir la ‘capacidad de defensa’ y el desarrollo de ‘misiles balísticos’ iraníes del proceso de negociación, además de reclamarse que todo diálogo se realice sin presiones ni amenazas. Estados Unidos, por su parte, exige el freno del programa de misiles iraní como condición previa para avanzar y mantener el régimen de sanciones, postura no aceptada por Teherán, que condiciona cualquier avance significativo al levantamiento previo de las sanciones.
La dimensión militar del conflicto también ha cobrado impulso. De acuerdo con The New York Times, la armada estadounidense mantiene el portaaviones Abraham Lincoln en el mar Arábigo, acompañado de buques equipados con misiles Tomahawk, cazas F-35 y aviones F/A-18. Este grupo naval, bajo control del Comando Central de Estados Unidos, opera con capacidad de respuesta inmediata sobre posibles objetivos en Irán, buscando tanto disuadir a Teherán como proteger rutas comerciales de importancia estratégica.
El Comando Central advirtió este sábado que no tolerará maniobras “inseguras” por parte de la Guardia Revolucionaria de Irán, especialmente durante los ejercicios en el estrecho de Ormuz, un paso central para el tránsito energético mundial. Estados Unidos considera peligrosos tanto los sobrevuelos cercanos a sus buques como las aproximaciones agresivas de embarcaciones iraníes, ya que estos incidentes incrementan el riesgo de enfrentamientos y desestabilizan la región.
En respuesta, la Guardia Revolucionaria iraní realizó maniobras navales de dos días con fuego real en el estrecho de Ormuz para fortalecer la defensa nacional. Según IRNA, estas operaciones se desarrollaron poco después de que la fuerza fuese incluida como “organización terrorista” por Estados Unidos y la Unión Europea, una etiqueta rechazada firmemente por las autoridades de Irán.
Además, distintos actores regionales han activado esfuerzos diplomáticos para frenar una posible escalada militar. El primer ministro y canciller de Qatar, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman Al Thani visitó Teherán en busca de reducir tensiones. Por su parte, líderes de Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita han reforzado las gestiones diplomáticas, mientras la llegada de un destructor estadounidense al puerto israelí de Eilat confirma el aumento de la presencia militar internacional en una zona clave para el flujo de petróleo y gas.
La tensión en el estrecho de Ormuz mantiene bajo presión el comercio energético mundial, ya que la mayor parte del tránsito internacional de crudo atraviesa ese corredor estratégico. Un incidente en la zona tendría graves implicancias para la estabilidad regional y el suministro global.
En el plano interno, pese a la presión internacional, Irán sostiene como prioridad el avance científico y tecnológico, así como la defensa de su programa nuclear. Las autoridades de Teherán insisten en que no cederán en esos campos ni ante amenazas externas.
Ante el riesgo latente de conflicto, los dirigentes iraníes han advertido sobre las consecuencias que un error de cálculo tendría tanto para los actores locales como para alianzas internacionales, subrayando que la inestabilidad podría extenderse mucho más allá de las fronteras regionales.
