El complejo de víctima


No en vano dice el proverbio popular “en la boca del mentiroso hasta lo cierto se hace dudoso”, hace unos días el vicepresidente le mando un mensaje al presidente a través del tik tok instándole a una reunión para, en nombre de la patria, hacer un sana, sana; en todo caso ¿se puede creer en su sinceridad? Bueno, al parecer, ¡No!, pues no recibió ninguna respuesta y al día siguiente mando otro mensaje, pero con una velada amenaza, indicando que o se reúnen o seguirá en su tarea de oposición, como hasta ahora.

Dice en la biblia (proverbios 14:3) “en la boca del necio está la vara de la soberbia; más los labios de los sabios los guardarán”. Las acciones que ha tomado Edman Lara pueden generarle muchos problemas y tener un efecto boomerang, la exagerada virulencia de sus declaraciones, los insultos, amenazas acusaciones con o sin fundamento, se entremezclan entre la realidad y el absurdo, lo que conlleva una creciente pérdida de credibilidad y popularidad ante sus seguidores. Mientras que del otro lado la indiferencia mata. El silencio, como estrategia, parece dar buenos resultados.



Pero, no todo está perdido. Presentarse como una especie de paladín de la justicia, como una figura incólume que denuncia la corrupción y se arroga la representación del pueblo o de los más necesitados, no es una receta novedosa del populismo, es más esa estrategia ha llevado al poder a personajes nefastos en países de Latinoamérica, los casos más conocidos son las dictaduras del caído Nicolas Maduro, que convirtió Venezuela en un narco Estado, llevando a su población a la pobreza extrema mientras él disfrutaba de las mieles del poder y sus riquezas; y, Daniel Ortega, un ex guerrillero sandinista, acusado de violar a su hijastra, y que ahora mantiene a Nicaragua bajo un régimen totalitario.

Por tanto, no se puede tomar a la ligera los discursos populistas. En Bolivia, la experiencia con Evo Morales debería habernos enseñado algo, los discursos en favor de los supuestos sectores más vulnerables, alimentan el odio hacia los otros, buscan culpables de la desgracia ajena, resaltando la famosa triada de la dignidad, equidad e igualdad (DEI), además, se presentan como víctimas del poder, como perseguidos políticos ya sea por su condición social o racial, así como por su pensamiento supuestamente revolucionario.

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Victimizarse es una estrategia muy bien utilizada, una característica muy propia de la mentalidad populista, como explican Axel Kaiser y Gloria Álvarez en su texto ‘El Engaño Populista’, cuando hacen referencia al ‘complejo de víctimas’: “Como hemos dicho, el líder populista fomenta sobre esa base el odio de clases y el resentimiento en contra de algún supuesto enemigo interno y/o externo que conspira para mantenernos en la pobreza y el subdesarrollo. En pocas palabras, siempre somos víctimas y, por tanto, necesitamos de un “salvador” que ponga fin a la conspiración conjunta de las oligarquías nacionales y los perversos intereses capitalistas internacionales”.

El hecho de presentarse de forma permanente como el único que lucha contra la corrupción, que denuncia a los malos servidores públicos, que arremete contra las instituciones del Estado tratando a moros y cristianos de corruptos con o sin pruebas, pero sobre todo denunciar al enemigo eterno del pueblo más humilde, como son los empresarios, la derecha o al imperialismo yanqui, vende muy bien en tiempos de cólera. Evo Morales, ha utilizado esa estrategia para minimizar las acusaciones en su contra por pedofilia, relaciones con el narcotráfico o corrupción, todo es conspiración internacional del imperialismo y la derecha boliviana que lo persiguen, no por sus malas acciones sino por su condición de indígena que lucha por los más vulnerables y pobres del país.

En todo caso el peligro para nuestra democracia siempre está latente, ante los discursos de odio, disfrazados de justicia social, pero que en el fondo el objetivo final es alcanzar el poder. En todo caso todos los bolivianos tenemos el derecho de buscar la silla presidencial o de elegir en libertad a nuestros gobernantes, sean de la corriente política que sean, el asunto parece ser que el populismo como estrategia funciona mucho mejor que la ideología, el discurso político y la capacidad real para gobernar.

Edman Lara ha expresado su sueño de llegar a ser presidente, y bueno eso está bien, es su derecho, el asunto es hasta donde está dispuesto a llegar para cumplir su tan acariciado anhelo. En apariencia ha sido relegado del gobierno y pareciera que no tiene mayor incidencia en el manejo de las políticas públicas que se están implementando. Pero, al contrario de lo que muchos piensan, la posibilidad de que llegue a la silla presidencial a través de la sucesión constitucional está vigente, recién se está a tres meses de gestión, todavía falta mucho camino por recorrer y todo puede pasar, la Constitución le da los mecanismos para que en determinadas circunstancias él pueda asumir el mando.

En todo caso aun es un político joven, que no ha llegado adonde ha llegado por pura casualidad, todavía conserva un apoyo incondicional de ciertos sectores de la sociedad civil, hay gente que se identifica con su discurso popular. Si aprende a jugar mejor sus cartas, se asesora mejor y cambia su actitud puede convertirse en un actor fundamental de la estructura gubernamental, presentándose como un puente de gobernabilidad entre los sectores sociales y el ejecutivo, sin necesariamente estar comprometido con el Gobierno, pero tampoco ser un enemigo declarado y conservar su imagen de defensor de los sectores sociales a quienes dice representar. Así que no se debe subestimar su accionar político, tiene todavía muchos ases en la manga sólo tiene que saber jugar mejor y puede llegar a cumplir su sueño.

El problema no es que llegue a la presidencia, lo que genera preocupación es que ha mostrado mucha soberbia y prepotencia en su accionar, lo que demuestra una clara tendencia hacia el autoritarismo, más aun hacia el totalitarismo, no hay que olvidar que el poder embriaga y hace salir lo peor de las personas.

Yuri Valencia Linares – Abogado y periodista