Álvaro Riveros Tejada
A iniciativa del presidente Donald Trump y bajo el sugestivo nombre que intitula la presente entrega, el Comando Sur de los EE.UU., cuya área de operaciones abarca América Central, América del Sur y el Caribe, en octubre de 2025 creó una fuerza de tarea conjunta encargada de “eliminar” a los cárteles de la droga que operan en toda la región y a sus cómplices comunistas que les sirvieron de apoyo.
En noviembre de 2025, Peter Brian Hegseth, Secretario de Guerra de los Estados Unidos, presentó formalmente la “Operación “Lanza del Sur” y, apuntalado oficialmente por el Secretario de Estado de los EE.UU. Marco Rubio, designaron al “Cártel de los Soles”, como una organización terrorista internacional encabezada por el expresidente de Venezuela Nicolás Maduro y responsable de la violencia terrorista en todo nuestro hemisferio, así como del tráfico de drogas que tiene por destino los Estados Unidos y Europa.
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Maduro negó tal acusación, empero, a ella se sumaron medios de prensa, como el Miami Herald y otros, afirmando que: “La designación etiquetaría como terroristas: justamente a él y a otros altos funcionarios de su régimen, como al ministro del Interior Diosdado Cabello y al de Defensa Vladimir Padrino López” con el añadido que Maduro, al margen de financiar gobiernos afines, es cómplice de bandas criminales, como el Clan del Golfo de Colombia, descrito por The Guardian como «el grupo criminal más grande y poderoso de esa nación.
A escasos días de las citadas declaraciones de prensa, en una operación llamada “Resolución Absoluta”, militares norteamericanos invadieron Venezuela” y, con una celeridad más que sorprendente, procedieron a la espectacular captura de Maduro, junto a su esposa Cilia Flores y su inmediato traslado a una cárcel de Nueva York.
De esa manera, los estadounidenses pusieron de manifiesto la seriedad, como la efectividad de sus advertencias, plasmándolas en una incontrovertible realidad política, como lograr la visita a la Casa Blanca del exguerrillero izquierdista del M19 y actual presidente de Colombia, Gustavo Petro, a la sazón, el mayor detractor de Donald Trump, a quien calificaba de Hitler y Nazi del continente, para luego, tras el recibimiento, tener que deshacerse en elogios y ditirambos, olvidando cualquier referencia a la seguidilla de bombardeos a barcazas de narcotraficantes en el Pacífico del Norte colombiano.
En lo que a los bolivianos respecta, consideramos suficiente recomendación el comentado vuelo de visita del helicóptero Puma de la DEA a nuestras ubérrimas selvas tropicales, así como la llegada a Viru Viru de un hermoso avión privado, Gulfstream G550, con tripulación de ese mismo organismo antidrogas de los Estados Unidos, trayendo 32 maletas llenas de dudas, intrigas e interrogantes, que ya se cargaron a un juez, a una parlamentaria, y la misteriosa desaparición del MAS o menos, de los más famosos agroquímicos de nuestra nación.
Al decir de los expertos, en esta materia de “alucinógenos”, “psicotrópicos” o coloquialmente la “merca” encarnada en la “Diosa Blanca” la mencionada aeronave representa el símbolo de una “Lanza en el corazón del Sur”.
