Aunque la mayoría de estos eventos no fue percibida por la población, la cifra vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave: ¿qué tan preparada está la sociedad para reaccionar ante un sismo de mayor magnitud?
Fuente: eldeber.com.bo
Bolivia registró 212 sismos durante enero de 2026, de acuerdo con datos de la Red Sismológica del Observatorio San Calixto (OSC). Aunque la mayoría de estos eventos no fue percibida por la población, la cifra vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave: ¿qué tan preparada está la sociedad para reaccionar ante un sismo de mayor magnitud?
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La respuesta no depende únicamente de la infraestructura o de los sistemas de monitoreo, sino del nivel de educación preventiva de la población. Con esa premisa, estudiantes de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), desarrollaron Educientistas OSC, una aplicación móvil orientada a educar a la ciudadanía sobre cómo actuar antes, durante y después de un sismo.
“La mayoría de las personas no sabe cómo reaccionar en caso de un temblor fuerte, y eso puede ser tan riesgoso como el sismo mismo”, señala Ronald Choque, estudiante de Unifranz y uno de los desarrolladores de la aplicación. La iniciativa surge ante la necesidad de reducir la vulnerabilidad de la población a través del acceso a información clara y validada.
Educientistas OSC fue creada en alianza con el Observatorio San Calixto, institución que aportó el respaldo técnico y científico para garantizar la precisión de los contenidos. La app incluye información sobre los terremotos, protocolos de seguridad, guías prácticas, planes de emergencia familiar y recomendaciones para preparar una mochila de emergencia, elementos clave para la prevención de riesgos.
“Nuestro proyecto fue originalmente diseñado para funcionar en línea, pero lo adaptamos a una modalidad offline para que pueda ser utilizada incluso en zonas rurales o en situaciones donde no hay acceso a internet”, explica José Félix Sarmiento, integrante del equipo desarrollador. Esta característica amplía el alcance de la herramienta y la convierte en un recurso útil en contextos de emergencia.
Para el Observatorio San Calixto, este tipo de iniciativas fortalecen la cultura de prevención sísmica en el país. “Este tipo de herramientas promueve la educación y capacitación de estudiantes y de la población en general sobre los protocolos de acción antes, durante y después de un sismo”, destaca Gonzalo Fernández, director del OSC.
Aiquile 1998: la memoria de un terremoto que marcó a Bolivia
La importancia de educar frente al riesgo sísmico se entiende con mayor claridad al mirar al pasado. La madrugada del 22 de mayo de 1998, a las 00:48, un terremoto de magnitud 6,8 sacudió el centro del país y devastó las poblaciones de Aiquile, Mizque y Totora, en el departamento de Cochabamba. El evento es recordado como uno de los más destructivos en la historia de Bolivia.
El sismo causó la muerte de más de 100 personas, dejó cientos de heridos y provocó el colapso de alrededor del 80% de las viviendas de Aiquile, construidas principalmente con adobe y arquitectura colonial. Miles de familias quedaron sin hogar y gran parte de la infraestructura urbana fue destruida.
Tras la tragedia, Aiquile fue reconstruida casi por completo. La catedral colonial que colapsó durante el terremoto fue reemplazada por una nueva estructura moderna, símbolo de resiliencia, pero también de una memoria colectiva que permanece viva. Aunque en 2026 no se han registrado terremotos de esa magnitud, la zona continúa siendo sísmicamente activa, y los sismos menores generan temor debido al recuerdo del desastre.
Ese antecedente histórico refuerza la necesidad de apostar por la educación preventiva como una herramienta central para reducir riesgos. En ese camino, el trabajo de los estudiantes de Unifranz se inscribe en el modelo educativo del “aprender-haciendo”, que impulsa la creación de soluciones reales a problemas sociales.
“Al no requerir internet, la aplicación puede ser utilizada tanto en áreas urbanas como rurales, facilitando la capacitación en prevención sísmica”, resalta Nataly Miranda, directora de la carrera de Ingeniería de Sistemas en Unifranz, quien destaca el compromiso social y tecnológico del equipo.
A casi tres décadas del terremoto de Aiquile, la lección sigue vigente: los sismos no se pueden evitar, pero sus consecuencias sí pueden reducirse. La educación, apoyada en la tecnología y la memoria histórica, se consolida así como una de las principales herramientas para proteger vidas frente a futuros eventos sísmicos

