El colapso de la red eléctrica, la falta de combustible, la depreciación acelerada de la moneda y el aislamiento aéreo han agravado el descontento social en la isla.
El colapso de la red eléctrica, la falta de combustible, la depreciación acelerada de la moneda y el aislamiento aéreo han agravado el descontento social en la isla (REUTERS/Norlys Perez)
Fuente: infobae.com
Cuba atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente, marcada por apagones masivos, la suspensión de vuelos internacionales, el colapso del sector turístico y un desplome sin precedentes de su moneda, en medio de una economía asfixiada por falta de petróleo y presión internacional.
A partir de este miércoles, la situación en la isla se agudizó con la suspensión temporal de vuelos de las aerolíneas rusas Rossiya y Nordwind, que se suman a cuatro compañías canadienses que ya habían cancelado sus operaciones hacia La Habana.
Las empresas extranjeras justificaron la decisión en la imposibilidad de abastecerse de combustible en los principales aeropuertos del país. La falta de queroseno no solo deja a miles de turistas y cubanos varados, sino que golpea directamente a uno de los pocos sectores que aún generaba divisas para el régimen: el turismo.
Rusia y Canadá representaron en 2025 más de la mitad de los visitantes extranjeros, con una caída que amenaza con asestar el golpe definitivo a la economía local.
La situación en la isla se agudizó con la suspensión temporal de vuelos de las aerolíneas rusas Rossiya y Nordwind (REUTERS/Norlys Perez)
Este nuevo aislamiento aéreo se produce en paralelo a un escenario de escasez extrema. El mercado informal de divisas marcó este miércoles un récord histórico: 500 pesos cubanos por un solo dólar. Se trata de una devaluación acelerada que refleja la debacle monetaria desde la llamada “Tarea Ordenamiento” de 2021.
La reforma oficial estableció un tipo de cambio irreal de 24 pesos por dólar, pero la inflación, el déficit fiscal y la total falta de confianza en el peso han hundido la moneda cerca de un 2.000% desde entonces.
El corte en el suministro de petróleo venezolano, consecuencia de la presión de Estados Unidos, agravó el colapso. La orden presidencial estadounidense de aplicar aranceles a cualquier país que exporte crudo a Cuba ha dejado a la isla sin aliados energéticos. El último petrolero atracó en enero y, según expertos, si para marzo no llegan nuevos cargamentos, la crisis energética será aún más severa.
Personal de la petrolera estatal CUPET abastece una estación de servicio en La Habana (REUTERS/Norlys Perez/Archivo)
El martes, más del 64% del territorio nacional quedó sin electricidad durante las horas de mayor demanda, el peor registro en los sistemas de monitoreo oficiales. Las centrales termoeléctricas, obsoletas y sin repuestos, no logran cubrir ni una fracción de las necesidades del país. La ausencia de diésel y fueloil para alimentar los motores de generación ha paralizado la red durante cuatro semanas consecutivas, según reconoció la dictadura cubana.
La vida cotidiana se ha visto drásticamente alterada. El régimen ha limitado los servicios hospitalarios y el transporte público a lo esencial, la venta de gasolina prácticamente desapareció y la agricultura prioriza solo cultivos básicos.
Universidades y oficinas operan en modalidad remota o con horarios restringidos, mientras gran parte de la fuerza laboral se ha visto obligada a aceptar cambios drásticos en su rutina para sobrevivir a la escasez.

Vecinos transitan a pie y en bicicleta por una calle de La Habana durante una jornada marcada por la escasez de combustible y las limitaciones en el transporte urbano (Foto AP/Ramón Espinosa)
El turismo, vital para el ingreso de divisas, está paralizado. Hoteles han cerrado y los pocos turistas son trasladados a instalaciones con reservas mínimas de combustible. Alemania y Suiza han recomendado a sus ciudadanos evitar viajes a Cuba por el “déficit agudo de combustibles”, alertando sobre riesgos logísticos y sanitarios.
En un intento por mantener la narrativa oficial, el dictador de Miguel Díaz-Canel insiste en la “resistencia” y en que la crisis es consecuencia de un “asedio” externo.
Sin embargo, el discurso oficial apenas tiene eco en las calles, donde la frustración por la inflación, la escasez y los apagones crece a diario. El Partido Comunista, único legal, llama a la unidad y promete que “Cuba vencerá”, pero el desgaste social y el éxodo masivo de ciudadanos marcan la realidad de una isla al borde del colapso.
La perspectiva es desoladora: sin combustible, sin turismo, sin divisas y sin un plan viable de recuperación. El aislamiento internacional y la parálisis interna exponen la fragilidad de un modelo incapaz de responder a las necesidades mínimas de la población.