Elecciones en Bangladés: el método Yunus frente a las realidades sociales y políticas del país


Comicios legislativos históricos en Bangladés este 12 de febrero de 2026. Nombrado hace un año y medio al frente del “país delta” para guiarlo en su camino hacia un futuro democrático, el economista pionero del microcrédito y premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus se dispone a ceder el poder al partido que salga vencedor de las elecciones legislativas. Balance de una transición fuera de lo común, marcada por una indudable cualificación, pero agitada por tensiones políticas.

El economista pionero del microcrédito y premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus se dispone a ceder el poder al partido que salga vencedor de las elecciones legislativas.
El economista pionero del microcrédito y premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus se dispone a ceder el poder al partido que salga vencedor de las elecciones legislativas. © Munir UZ ZAMAN / AFP

Por Tirthankar Chanda

Los bangladesíes están llamados a las urnas este jueves 12 de febrero para elegir a los 350 diputados que ocuparán escaños en la cámara única del Parlamento unicameral de Daca. Al mismo tiempo, también están llamados a pronunciarse en referéndum sobre una serie de reformas destinadas a reforzar la democracia bangladesí.



Estas elecciones legislativas son una cita importante que permitirá a este pueblo del sur de Asia pasar definitivamente página al régimen autocrático de la ex primera ministra Sheikh Hasina, apodada “la begum [título torgado a mujeres de la realeza y de la aristocracia] de hierro”. Una experiencia que concluyó con sangrientos disturbios que provocaron la destitución y el exilio de la odiada dictadora hace año y medio…

Las elecciones de este jueves, al igual que las reformas constitucionales, han sido preparadas por el gobierno interino que tomó las riendas del poder al día siguiente de la caída de Sheikh Hasina y su régimen, en agosto de 2024. Está dirigido por el famoso economista bangladesí y premio Nobel de la Paz 2006, Muhammad Yunus, quien ha prometido que estas elecciones serán libres, transparentes y democráticas.

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“Y hay muchas posibilidades de que así sea, ya que, en Bangladés – sostiene el politólogo Jérémie Codron, especialista en la región- tradicionalmente ha sido bajo la égida de los gobiernos provisionales cuando se han celebrado las elecciones más creíbles, sin fraudes ni manipulaciones. Sin duda, esto se debe a que estos ‘gobiernos provisionales’, como se les llama en los trópicos, están compuestos por tecnócratas procedentes de la sociedad civil y sin ambiciones políticas. Es el caso de Muhammad Yunus”.

Con el aura de su Premio Nobel

Padre del microcrédito, reconocido internacionalmente, Yunus respondió, coronado por su Premio Nobel, al llamamiento de su país, que amenazaba con sumirse en el caos político tras el brutal fin del antiguo régimen en agosto de 2024. Octogenario, el hombre niega tener ambiciones políticas. Se encontraba en París para los Juegos Olímpicos cuando los representantes del movimiento estudiantil que había derrocado a la ex primera ministra Sheikh Hasina lo llamaron para que se pusiera al frente del gobierno provisional y los “ayudara a enderezar el país”.

“Yunus tenía la opción de aceptar la invitación o ver cómo el ejército tomaba el poder en su país”, recuerda Jérémie Codron. El economista prestará seguramente juramento el 8 de agosto y al día siguiente debería presidir el primer consejo de ministros de su gobierno, que reuniría a figuras de la sociedad civil, entre ellas intelectuales, economistas y dos líderes del movimiento estudiantil.

¿Cuál es el mandato que se le ha confiado? Organizar elecciones, al tiempo que se lleva a cabo una serie de reformas institucionales para evitar que el país vuelva a caer en la espiral autocrática.

La “Carta de julio”

“La tarea era colosal”, afirma Jérémie Codron. “Es la primera vez en la agitada historia de Bangladés que un gobierno se embarca en una reforma profunda del país, renovando sus instituciones, que habían sido sistemáticamente desviadas por los sucesivos regímenes”.

Los trabajos comenzaron al día siguiente de la toma de posesión del gobierno, ya que, entre bastidores, los partidos políticos estaban impacientes por dirigir el país. Pero Yunus, con el beneplácito del movimiento estudiantil, decidió dar tiempo al tiempo y llevar a cabo las reformas indispensables antes de iniciar el proceso electoral.

En ausencia de un Parlamento elegido y abrumado por una burocracia deficiente, el equipo gubernamental tuvo que recurrir a expertos nacionales e internacionales para diagnosticar las causas de la mala gobernanza crónica que había sufrido Bangladés, documentar los abusos de poder y establecer salvaguardias. Reunidos en comisiones, los expertos abordaron cuestiones clave que iban desde el sistema electoral hasta la justicia, pasando por la administración pública, las instituciones, la policía o la corrupción.

Las reformas propuestas fueron luego objeto de acalorados debates y negociaciones con toda la clase política bangladesí. El resultado fue una carta constitucional, denominada “Carta de julio”, que fue firmada por la casi totalidad de los partidos, incluidos los islamistas, que están en auge. El documento final propone, en particular, limitar a dos los mandatos del primer ministro y crear un Senado para dar más peso al trabajo legislativo. La carta debe someterse a la aprobación de la población, mediante referéndum, al mismo tiempo que las elecciones legislativas, y si se valida, corresponderá al gobierno saliente de las urnas aplicar las reformas.

Los límites del método

“La fuerza de las propuestas y la enorme capacidad de negociación y persuasión son los dos pilares del método Yunus”, analiza Jérémie Codron, al tiempo que reconoce que este no es infalible al 100 %. Especialmente en períodos de crisis o transición, como el que atraviesa Bangladeés desde la caída del régimen anterior en agosto de 2024.

“Hemos visto sus límites, especialmente en lo que se refiere al mantenimiento del orden”, afirma Charza Shahabuddin, politóloga y posdoctoranda en el Centro de Investigaciones Internacionales (Ceri) de Sciences Po de París. De hecho, tras la violencia civil que vivió Bangladés bajo el mandato de Sheikh Hasina y la Liga Awami, el periodo de transición con el Gobierno interino al mando estuvo marcado por oleadas de ira popular y ciclos de venganza. La violencia no solo se dirigió contra los partidarios de la Liga Awami, sino también contra las minorías religiosas (hindúes, budistas, cristianos), que constituyen más del 10 % de la población bangladesí, mayoritariamente musulmana.

Cabe recordar las atrocidades que se cometieron cuando Muhammed Yunus prestó juramento en los días que siguieron al ciclo de represión y guerrilla urbana, que provocó la brutal caída del gobierno de Sheikh Hasina. Las tensiones seguían siendo fuertes en todo el país. El nuevo jefe del Gobierno salió entonces a la escalinata del palacio presidencial para pedir a los asesinos y pirómanos que pusieran fin a los ataques “contra cualquier persona, en cualquier lugar del país”. Prometió entonces que se dedicaría prioritariamente a restablecer el orden y la ley.

“La seguridad nunca se ha restablecido realmente”, afirma Shahabuddin. La investigadora llama la atención sobre el recrudecimiento de la violencia el pasado mes de diciembre tras el asesinato de un popular líder estudiantil, Sharif Osman Hadi, con discursos exaltados contra la minoría hindú y la India, donde la primera ministra derrocada Sheikh Hasina y su gobierno han encontrado refugio. La muerte de Hadi desencadenó violentas manifestaciones, en las que multitudes incendiaron las sedes de dos importantes periódicos considerados proindios, así como una importante institución cultural. “Más urgente que las próximas elecciones: el restablecimiento del orden público”, escribe la investigadora Shahabuddin en la revista Politique étrangère, en diciembre de 2025.

Catastrófico

Mientras los bangladesíes acuden a las urnas para unas elecciones cruciales que también marcarán el fin del gobierno provisional, muchos se preguntan por el balance de este y, en particular, por el de su líder, Muhammad Yunus. “Catastrófico”, afirma Charza Shahabuddin a RFI. Otros se muestran más indulgentes, como el politólogo australiano Mubashar Hasan, que declaró a Al-Jazeera: “Yunus tomó las riendas de Bangladés en un momento en que se temía que el país se desintegrara. La historia juzgará…”

Por último, para Jérémie Codron, “el éxito o el fracaso de las elecciones del 12 de febrero determinará si el método Yunus merece un segundo Premio Nobel de la Paz”.