Riesgo país de Bolivia cae a los 477 puntos



Por Fernando Romero, economista

Evolución reciente del riesgo país
Entre junio de 2025 y febrero de 2026, el riesgo país de Bolivia, medido por el índice EMBI elaborado por JP Morgan, cayó de niveles cercanos a 2.000 puntos básicos hasta alrededor de 477 puntos. Esta reducción, de más de 1.500 puntos en ocho meses, constituye una de las caídas más rápidas observadas en la región. Sin embargo, la velocidad del descenso responde en gran parte al llamado efecto base, ya que Bolivia partía desde niveles extremadamente altos de riesgo. En términos técnicos, el dinamismo fue muy elevado, pero la calidad del ajuste es media. La mejora refleja más un cambio en expectativas que transformaciones estructurales profundas.

Factores que explican la caída
La disminución del riesgo país se explica principalmente por factores financieros y expectacionales. Entre ellos destacan la reducción de escenarios extremos (default desordenado), una percepción de mayor pragmatismo en la relación con acreedores y un contexto político–electoral que el mercado interpreta como posible cambio o moderación de rumbo. Las medidas económicas internas tuvieron un impacto limitado, ya que no se observaron reformas fiscales, monetarias o cambiarias estructurales. En consecuencia, el mercado reaccionó más a señales y narrativas que a fundamentos macroeconómicos sólidos. Esto vuelve a la mejora potencialmente reversible.



Significado del nivel actual (477 puntos)
Un riesgo país de 477 puntos aún ubica a Bolivia dentro del grupo de economías de alto riesgo en América Latina. Para el país, implica que el acceso al financiamiento externo sigue siendo caro y restringido. Para los acreedores, el nivel sugiere menor probabilidad de un evento crítico inmediato, pero no confianza plena de largo plazo. En los mercados internacionales, Bolivia pasa de una situación considerada crítica a una de riesgo alto manejable, pero queda lejos de economías con perfiles sólidos. A modo de referencia, países como Uruguay (≈72 puntos) o Paraguay (≈116 puntos) muestran que niveles bajos sostenidos dependen de fundamentos, no solo de expectativas.

Sostenibilidad y desafíos hacia adelante
La experiencia reciente muestra que una caída rápida del riesgo país no garantiza mayor inversión ni estabilidad duradera. Para sostener una tendencia a la baja, Bolivia necesita avanzar en un ancla fiscal creíble, normalizar el régimen cambiario, fortalecer la institucionalidad económica y mejorar la relación técnica con mercados y organismos internacionales. Sin estos elementos, el riesgo país seguirá siendo altamente sensible a shocks políticos o externos. En síntesis, la reducción del EMBI es una señal positiva de corto plazo, pero insuficiente por sí sola. El desafío central no es bajar el indicador rápidamente, sino hacerlo de forma sostenible y basada en fundamentos reales.

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Diferencias con Argentina en la velocidad de la caída
La caída más rápida del riesgo país de Bolivia frente a la de Argentina se explica por diferencias en el punto de partida, el historial crediticio y la naturaleza del ajuste. Bolivia partía de niveles extremadamente altos (≈2.000 puntos), lo que permitió descensos acelerados por efecto base ante pequeños cambios en expectativas. Argentina, en cambio, arrastraba un largo historial de defaults, reestructuraciones y conflictos con acreedores, lo que obliga al mercado a exigir señales más profundas y sostenidas antes de reducir la prima de riesgo. Mientras la mejora boliviana fue principalmente financiera y expectacional, la argentina respondió a un proceso más estructural, político y gradual, con costos económicos y sociales visibles. Por ello, Bolivia bajó más rápido, pero Argentina lo hace de manera más lenta y con mayor exigencia de credibilidad de largo plazo.