El Conejo Malo


 

 



Al Cesar lo que es del Cesar… y al conejo lo que es del conejo… El cantante puertorriqueño Bad Bunny hizo historia con su espectáculo del medio tiempo en el Super Bowl, el mayor evento deportivo de los Estados Unidos. Aunque a muchos su música nos disloque los huesitos del oído, debemos aceptar que el show de Bad Bunny fue un tremendo éxito de audiencia. Es cierto que muchos americanos lo recibieron con alguna indiferencia (la mayoría no entendía nada), pero el show fue visto por algo más de 128 millones de personas en Estados Unidos, una cifra muy cercana al récord histórico de 135 millones.

Donde el show batió todos los récords, por supuesto, fue entre los latinos o hispanos viviendo dentro de Estados Unidos. Estos se volcaron masivamente a verlo y la cadena hispana Telemundo llegó a tener casi 5 millones de telespectadores durante esos 15 minutos. Esto hizo de este show de Super Bowl, el show más visto de la historia en una cadena de idioma español. Y eso no es todo. Tres días después, el show había sido reproducido 69 millones de veces en YouTube, situándose muy lejos de las reproducciones de otros shows como el del año pasado, que solo consiguió 50 millones. De hecho, la NBC comunicó que el show de Bad Bunny generó más de 4 mil millones de vistas en redes sociales dentro de las primeras 24 horas. Esto lo hace el show de medio tiempo más consumido en redes sociales en la historia de la National Football League. Y así podemos seguir con los números de su conferencia de prensa, reproducciones en iTunes, etc. Un verdadero fenómeno.

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Pero hasta ahí mis elogios. En mi humilde opinión, y sin querer ser un aguafiestas, el show en sí mismo dejó mucho que desear. No soy crítico musical ni mucho menos, así que no es ahí por donde van las balas. Lo que quiero comentar son los mensajes políticos que el Conejo Malo quiso poner sobre la mesa. Y es que Bad Bunny es uno de esos artistas que creen que su arte debe ser utilizado para expresar mensajes sociales e ideas políticas. Y claro, ahí se equivoca de medio a medio, porque el arte consiste exclusivamente en la persecución de la estética y la belleza, nada más. El minuto en que el arte es utilizado como un vehículo para otros fines, pierde su esencia. No hay nada más desagradable, por ejemplo, que escuchar a los ganadores de Oscars o Grammys haciendo discursos políticos incendiarios cuando suben a recibir su premio.

Bad Bunny sabía que el Super Bowl era una plataforma importante para dejar constancia de su posición política y lo aprovechó al máximo. Quiso disfrazar de orgullo latino su protesta, pero lo que quedó en evidencia fue agresividad, ignorancia y malcriadez.

Excepto por la canción de Lady Gaga, el show fue 100% en español. No solo las canciones, sino todos los rótulos, mensajes y anuncios que salían en la pantalla estaban en ese idioma: “el show del medio tiempo del Super Tazón.” ¿En serio? ¿el Super Tazón? ¿No podían poner por lo menos “el Super Bowl” para que la gran mayoría de los 128 millones de televidentes lo entendiera? ¿Si estás visitando Brasil y te invitan a comer a una casa, insistirás en hablar en español sin que te importe un rábano si te entienden o no? ¿O tratarás, por cortesía, de chapucear lo que puedas de portugués o al menos portuñol para poder comunicarte y agradecer la comida?

En un momento del show, Bad Bunny dice la conocida frase “God Bless America” (Dios bendiga a América), que hubiera sido un bonito acto de buenos modales con los anfitriones, pero a renglón seguido dice “o sea, Argentina, Brasil, Bolivia, etc.” Es decir, el Conejo Malo se da el tupé de llegar a la casa de su anfitrión y darle una lección de geografía: ¡ustedes no son los únicos americanos! Sí, ya lo sabemos Bad Bunny, pero también sabemos que, dado que Estados Unidos no tiene nombre (su “nombre” es, en realidad, una descripción), el calificativo de América se ha utilizado tradicionalmente para referirse al país del norte. No pasa nada y nadie se rasga las vestiduras. ¿O de verdad algún peruano, colombiano o ecuatoriano se siente ofendido en el alma por eso? Pero incluso si así fuera, ¿era ese el momento para dárselas de profesor?

Uno de los momentos más agresivos llegó de la mano de Ricky Martin que apareció sorpresivamente de invitado. Cantó una estrofa de la canción Lo que le Pasó a Hawaii que dice “Quieren quitarme el río y también la playa, quieren el barrio mío y que abuelita se vaya. No, no suelte la bandera ni olvide el lelolai, que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái.” Una arenga sentimentaloide que no tiene ni pies ni cabeza. Aparentemente, Bad Bunny quiere advertir en esa canción sobre la privatización de algunos recursos naturales y – oh pecado – el desarrollo y la modernidad. Como a muchos en la izquierda, a Bad Bunny le preocupa más que la gente mantenga su modo de vida y cultura íntegra y sin contaminarse, aunque eso signifique mantenerse en el atraso y la pobreza.

¿No quiere que le pase a Puerto Rico lo que le pasó a Hawái? Veamos. Hawái tiene un PIB de USD 90.000 millones y un PIB per cápita de casi USD 70.000. Es decir, una isla que tiene solo el 2% de territorio que tiene Bolivia tiene dos veces su PIB, y ¡21 veces su PIB per cápita! Aunque mucho de la actividad económica en Hawái tiene que ver con gasto público (sobre todo en defensa), la isla atrae muchísima inversión en turismo, bienes raíces, tecnología y energía renovable. ¡Cómo me gustaría a mí que a Bolivia le pasé lo que le pasó a Hawái!

Pero al margen de Hawái, ¿es realmente justificable quejarse de que Puerto Rico sea una “colonia” (que no lo es) o un territorio no incorporado de los Estados Unidos como lo hace el Conejo Malo? Puerto Rico es, de lejos, la economía más desarrollada del Caribe (al margen de islas pequeñitas que son paraísos fiscales) y tiene el PIB per cápita más alto de Latinoamérica, por encima de Panamá, Uruguay y Chile. Efectivamente, lo que ha logrado la isla de la mano de la institucionalidad que le proporciona Estados Unidos es verdaderamente espectacular. Esencialmente, Puerto Rico es un país de ingreso alto y nadie vive en pobreza extrema.

Puerto Rico tiene una tasa de desempleo de solo 5% (el promedio histórico de Estados Unidos) y recibe cuantiosas inversiones en manufactura, farmacéutica, turismo y finanzas. Las farmacéuticas más grandes del mundo tienen oficinas en la isla. Desde 1917, además, todos los puertorriqueños reciben el pasaporte americano al nacer y eso es algo que los puertorriqueños atesoran y que muchas familias latinoamericanas quisieran para sus hijos. Pero, además, y Bad Bunny lo sabe muy bien, Puerto Rico se caracteriza por una robusta industria del espectáculo al que él se debe.

Desde 1967 se han hecho siete plebiscitos o referéndums en Puerto Rico preguntándole a la gente qué tipo de relación quieren con Estados Unidos (1967, 1993, 1998, 2012, 2017, 2020 y 2024). ¿Y qué crees Bad Bunny? Los puertorriqueños no quieren ser un país independiente. Esa opción nunca recibió más del 12% en los siete referéndums. De hecho, la opción que va creciendo en apoyo es la de convertirse de una vez en un estado más de la unión americana. Esa opción creció de un 39% en 1967 a un 58% en 2024.

La gente de a pie en Puerto Rico está agradecida con Estados Unidos y valora ser un territorio asociado. Las ventajas son innegables y la gente que no hace política ni aspavientos sociales sabe que está mejor así. Todo llamamiento a la independencia o a rebelarse contra Estados Unidos cae, por lo tanto, en saco roto en el pueblo al que Bad Bunny dice representar. Es posible que Bad Bunny difiera con Trump por lo de las deportaciones (aunque todo el mundo sabe que se deportó muchísimo más durante el período de Obama), pero alguien con esa plataforma mundial debería pensar un poco más en la historia, en lo que Estados Unidos ha significado y significa para Puerto Rico, su gente y él mismo. De hecho, Bad Bunny vive una gran parte de su tiempo en su departamento en Nueva York o en sus casas en California.

Uno puede diferir con una administración u otra, pero Bad Bunny debe tener claro que la inmensa mayoría de los puertorriqueños y de los 65 millones de hispanos que viven en Estados Unidos (el 20% de la población) está muy contenta y agradecida de estar ahí. Prudencia, historia y evidencia Conejo Malo.

Antonio Saravia es PhD en economía