El 73% de los hogares usa gas, pero un 21% aún cocina con leña


El contrabando es uno de los factores que más tensiona el abastecimiento de GLP.

Una mujer cocina sus alimentos a leña. / Foto: La Razón

eju.tv / Fuente: La Razón

El 73,4% de los hogares depende del gas en garrafa para la preparación de alimentos, mientras que un 21% aún utiliza leña, lo que aún refleja las brechas en infraestructura energética. En contraste, el acceso al gas por cañería apenas alcanza al 2,9%.



Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) dan cuenta que Bolivia continúa con una alta dependencia del gas en garrafa para la preparación de alimentos.

De acuerdo con los datos del Censo 2024, de un total de 3.623.711 viviendas particulares registradas en el país, 1.983.377 utilizan gas en garrafa como principal fuente para cocinar, lo que le consolida como el energético predominante en los hogares bolivianos.

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El segundo combustible más utilizado es el gas por cañería, que alcanza a 911.065 viviendas. Aunque representa un avance en la expansión de redes domiciliarias, todavía está lejos de sustituir el uso masivo de garrafas, especialmente en áreas periurbanas y rurales.

La leña continúa siendo una fuente importante de energía en el país. Un total de 629.156 viviendas aún cocinan con este recurso tradicional, lo que evidencia brechas en acceso a servicios energéticos y refleja las desigualdades territoriales en Bolivia.

El uso de guano, bosta o taquia alcanza a 25.568 viviendas, mientras que la electricidad como fuente principal para cocinar apenas llega a 13.447 hogares.

La energía solar registra un uso todavía marginal, con 584 viviendas, y 2.808 hogares reportan el uso de otras fuentes.

Datos del INE precisan que también hay un grupo de 57.706 viviendas que declararon no cocinar, un dato que puede estar asociado a viviendas desocupadas, uso exclusivo de alimentos preparados o situaciones particulares de residencia.

Expertos energéticos explicaron que el GLP no es un combustible que Bolivia produzca de forma independiente; depende directamente del gas natural. Más del 90% del GLP proviene del procesamiento del gas extraído en los campos. Señalaron que cuando cae la producción gasífera, cae también la producción de líquidos asociados.

El analista energético Francesco Zaratti explicó a La Razón que existen dos formas de producir GLP: la separación de líquidos directamente en campo y el fraccionamiento en refinerías.

«Sabemos que el GLP se produce de dos maneras. Uno, en el campo mismo petrolero, por separación de los líquidos. La otra manera es en las refinerías. Se manda el petróleo condensado y se va fraccionando», detalló.

Zaratti señaló que la infraestructura también ha cambiado e indicó que antes operaban dos grandes plantas separadoras, pero hoy la producción está prácticamente concentrada en una sola.

«La Planta Separadora de Líquidos Carlos Villegas Quiroga – YPFB ha reducido prácticamente a los mínimos términos su producción… Entonces, toda la producción prácticamente está concentrada en Río Grande», indicó.

La raíz del problema, según el experto, está en la caída sostenida del gas natural. Reflejó que en 2015 Bolivia producía cerca de 61 millones de metros cúbicos por día; actualmente la cifra ronda los 26 millones. Esa reducción, manifestó, implica menos gas procesado y, en consecuencia, menos GLP disponible.

El exministro de Hidrocarburos Álvaro Ríos advirtió que la relación del GLP es directa: «Si el gas natural viene cayendo tan rápidamente… la producción de GLP también está cayendo».

Añadió que incluso la producción en refinerías se ve afectada porque «cada vez tenemos menos crudo a procesar», lo que profundiza la tendencia descendente.

Para Zaratti, el país se mantiene en un equilibrio ajustado. «En este momento estamos en un precario equilibrio. Lo que producimos es un poquito más o más o menos igual a lo que consumimos».

Indicó que ese margen mínimo deja al sistema expuesto a cualquier alteración, ya sea mayor demanda, problemas logísticos o contrabando.