Los rituales incluyen quemar la coca y enterrar las cenizas al día siguiente, un acto que representa reciprocidad y conexión con la tierra.
Silvia Sanchez
Fuente: Red Uno
El último día del Carnaval boliviano se tiñó de tradición, gratitud y esperanza. Durante el Martes de Ch’alla, familias de diversas regiones del país realizaron ofrendas a la Pachamama, adornaron sus objetos de ritual y solicitaron buena fortuna para el año que inicia.
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“Mi mesita es un sullito, con frutita, cigarrito y coca, para pedir nuestra suerte”, comentó un vecino, mostrando cómo cada detalle en la ofrenda tiene un significado especial. Para los participantes, estas prácticas simbolizan respeto, agradecimiento y prosperidad.
Los rituales incluyen quemar la coca y enterrar las cenizas al día siguiente, un acto que representa reciprocidad y conexión con la tierra. “Se deja quemar hasta que acabe, y la ceniza al otro día se entierra”, explicó otro vecino.
En los mercados y espacios públicos, las mesas blancas, saumerios, mixturas y el rociado de bebidas como vino, singani o cerveza acompañaron los actos de agradecimiento y protección. Las familias también pidieron por salud, trabajo, dinero y armonía en el hogar.
“El Ch’allar es muy importante para el Carnaval. Aquí pedimos por la suerte, el dinero, el trabajo y la armonía familiar. Todo está pensado para que nos vaya bien durante el año”, relató una vendedora mientras preparaba su mesa. Otra agregó: “El sullito es para traer más suerte, es como la carne de la Pachamama, para seguir siempre hacia adelante”.
Con bendiciones, música y devoción, Bolivia cerró el Carnaval 2026 rescatando la esencia de sus tradiciones ancestrales, recordando la importancia de la familia, la tierra y la prosperidad en la vida cotidiana.
