Álvaro Riveros Tejada
El Rey Momo, personaje de la mitología griega que encarnaba la picardía y la burla, dejaba en ridículo con estos hábitos a los otros dioses del Olimpo. Esta fue razón suficiente para ser expulsado y enviado a la tierra, donde creó los carnavales, que el mundo celebra desde tiempos inmemoriales.
La identificación del Carnaval o fiesta de carnestolendas se debe, precisamente, a su significado de burla, sátira, insolencia y a los excesos de la carne en todos sus sentidos, concluyendo en el entierro del pepino, figura que en nuestra tierra personifica al rey endiablado, para dar paso a la Cuaresma, que es el tiempo litúrgico de introspección, reflexión y meditación que precede a la Pascua de Resurrección, caracterizado por la oración, el ayuno, la abstinencia y la limosna.
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Aún recordamos indeleblemente, cuando a este mitológico personaje, en medio de una de sus travesuras, se le ocurrió enviarnos desde la China una sopita de murciélago, llamada Covid 19, condenándonos a dos largos años de una insufrible abstinencia carnavalera. Fue así, que muchos aquilatamos la importancia de contar con este tiempo de sano y algunas veces, dudoso esparcimiento.
Sin embargo, la ausencia de Momo, fríamente calculada, estuvo suplida por sus inefables representantes políticos que, si bien no pudieron hacernos bailar, lo representaron a cabalidad, especialmente en el ejercicio de sus burlas y picardías. Es el caso de los acostumbrados bandos carnavaleros que, en clave de silogismo, se les ocurrió emitir a casi a todos los presidentes de la Unión de Repúblicas Socialistas de Sudamérica, URSS, para amenizar sus fiestas carnavaleras.
Comenzando por el exguerrillero comunistoide y actual presidente colombiano, Gustavo Petro, que nos maravilló con su sapiencia, al expresar su teoría tendente a eliminar el crimen en su país: “Si logramos que una serie de actividades de la sociedad colombiana, que hoy se consideran crimen, no se consideren crimen más adelante, habrá por definición menos crímenes en Colombia”. Algo similar a demostrar que: En lugar de decir atraco armado, se diga contratación de crédito fiduciario, con demostración de tecnología bélica. Al feminicidio se lo calificará como “exuberancia de caricias” y al Narcotráfico, “comercialización de ilusiones”
En este torneo de célebres sandeces, recordamos también lo afirmado, una vez, por el senador socialista Ajpi, quién consideró que: “el aumento de los asaltos a mano armada en el país significa que la economía está creciendo”. “Si hay asaltos, supone que nuestra economía está mejor”. Ni Marx, ni Friedman podrían haberlo explicado mejor. Acudir a ese tipo de razonamientos deductivos, ilógicos, y mal intencionados, que se disfrazan de razonamientos válidos, con claros fines manipuladores, no sólo denotan una supina ignorancia, sino un menosprecio a la cultura y educación de los pueblos a quienes van dirigidos.
Muchos otros exmandatarios de la región, herederos de la filosofía castrochavista, como Andrés López Obrador de México; Alberto Fernández de Argentina y Gabriel Boric de Chile, adoptaron esta clase de raciocinio para explicar lo inexplicable. Mientras nosotros, este Miércoles de Ceniza asistiremos a misa, para ungir nuestra frente con la cruz de ceniza, que nos recuerda: “que somos polvo y en polvo nos convertiremos, (Génesis 3:19)” Los comunistoides estarán en medio de globos, serpentinas y mixtura asistiendo al entierro del Pepino que significa el fraude de las carnestolendas socialistas y plurinacionales.
