Nuestra breve independencia


Hacía nueve años que la cabeza del gran argentino Ignacio Warnes había sido cercenada por el filo de la espada del “feroz” brigadier Franciso Xavier de Aguilera, cuando, por fin, Santa Cruz quedó libre e independiente. Al atardecer del 14 de febrero de 1825, ingresó a la ciudad el coronel José Manuel Mercado, el “Colorao”, seguido de algunos fieles sobrevivientes de la batalla del Pari y de un centenar de montoneros, casi todos chiriguanos.

Aguilera había abandonado Santa Cruz y estaba integrado en otros conflictos creados entre los mismos ejércitos realistas. El “Colorao” que siempre había merodeado por los arrabales de la ciudad y había entrado, a veces, lanzando tiros y sintiendo el resoplo de su cansado animal, esta vez quedó de dueño de la situación.



En la plaza de la Concordia, Mercado fue proclamado, en medio de voces entusiasmadas, como Gobernador de Santa Cruz (de ese inmenso territorio que iba desde el Chaco hasta el Acre y mucho más allá) y, más aún, en un Cabildo se declaraba la independencia cruceña de la Corona borbónica. Luego de 15 años de despiadada lucha que había dejado como ofrenda el cuerpo mutilado del coronel Warnes y la muerte de cientos de soldados cruceños.

En aquel febrero, cuando en Charcas se reunían Sucre y los generales victoriosos en Junín y Ayacucho, con los diestros y mañosos doctores charquinos, Bolivia no existía todavía. Durante casi seis meses, Santa Cruz solo obedeció a su Gobernador designado por el presidente Sucre. Por lo tanto, quienes mandaban en el territorio llamado del Alto Perú y, por tanto, en Santa Cruz, eran los vencedores del Ejército Libertador, los jefes que acompañaban a Bolívar y Sucre en sus largas campañas.

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Quizás Sucre no llegó a enterarse nunca, que El Pari, fue, según importantes historiadores, la batalla más sangrienta en todo el territorio de lo que hoy es Bolivia. Quizás ignoró que, en Florida, en 1814, a pocas leguas de Santa Cruz, Arenales y Warnes derrotaron al ejército del coronel Blanco, y que ese triunfo, sin ser tan sangriento como la derrota de El Pari, fue de tal magnitud, que detuvo la intención del Ejército del Rey de marchar hacia Buenos Aires y acabar con la Junta de 1810 y con todo lo demás. La victoria de Florida produjo alborozo entre los rioplatenses, pero no fue tan importante como para impresionar a los ejércitos colombianos y sus comandantes, ocupados solamente de sus “grandezas y miserias”.

Pese a que en la batalla de El Pari los patriotas perdieron a su jefe y que su ejército fue descalabrado, con la inevitable dispersión de sus tropas, Mercado asumió el mando de lo poco que quedaba en armas y se hizo dueño de una gran parte de la actual provincia de Cordillera, centrado en el viejo fuerte de Saipurú. Golpeado siempre por los veteranos guerreros de Aguilera, el “Colorao” devolvía los mandobles, apareciendo de improviso en los caminos o en los poblados cercanos a Santa Cruz, haciendo notar que existía la fuerza patriota y que no dejaría de luchar hasta lograr la independencia.

Luego de ocupar la capital cruceña, el “Colorao” creyó que su propósito de una Santa Cruz liberada, como seguramente sucedería con Charcas y La Paz, estaba cercano. Sin embargo, lo primero que hizo el Ejército Libertador, fue designar a otro Gobernador, y luego a otro y otro, que ya obedecían al Mariscal Sucre. Hasta ahí llegó el anhelo de una Santa Cruz independiente y surgió la inmensa Bolivia de montañas y llanos, con 400 kilómetros de costa en el Pacífico, que, llevando inicialmente el nombre del Libertador – aunque mal querida por este – resultó ser una mezcla de geografía, razas, idiomas y costumbres; un implante entre los virreinatos de Lima y Buenos Aires, que se extendía en un territorio desguarnecido por ser despoblado. Por eso, cada vecino de ese injerto que producía rechazo, se llevó una parte.

La calurosa llanura surcada por grandes ríos, antónimo de la altiplanicie y de los imponentes montes nevados, quedó integrada a la República creada en Charcas, porque entre los cruceños de entonces reinó la desunión y el odio. Dos grandes guerreros, como Aguilera y Mercado, cambas ambos, no se dieron tregua en sus diferencias para evitar que la guerra tuviera un final que ninguno de los dos deseaba. Así, Santa Cruz pasó del sometimiento a España al dominio colonial de la anárquica nueva República.