El Carnaval


Para abordar el fenómeno del Carnaval en Bolivia desde una perspectiva sociológica y antropológica es imperativo comprender que esta festividad no constituye un evento meramente lúdico, sino que se erige como un espacio de reconfiguración identitaria, donde las tensiones de clase, etnicidad y regionalismo se manifiestan a través del rito, la danza y el cuerpo.

En las ciudades de La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, el Carnaval actúa como un espejo de las estructuras sociales vigentes, permitiendo observar cómo cada región procesa su modernidad y su herencia cultural de maneras marcadamente distintas pero interconectadas por el calendario festivo nacional.



Desde la antropología clásica, el Carnaval en estas tres urbes comparte la esencia de la “inversión simbólica”, un periodo donde las jerarquías cotidianas se suspenden momentáneamente para dar paso al exceso y la celebración colectiva.

En los tres contextos, el Carnaval cumple una función de cohesión social, permitiendo que grupos diversos converjan en el espacio público, aunque esta convergencia esté mediada por lógicas diferentes, (integración, exclusión, diferencia etcétera) persiste en los tres casos la presencia de elementos sincréticos, donde lo sagrado y lo profano se entrelazan mediante rituales de agradecimiento a la tierra o la participación en entradas folclóricas que, aunque con estéticas diversas, responden a la necesidad humana de trascendencia a través del baile.

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En La Paz, el Carnaval está profundamente marcado por la figura del “Anata”, que vincula la festividad con el ciclo agrario andino y la ritualidad de la cosecha. Sociológicamente, el Carnaval paceño es un campo de batalla simbólico donde la identidad “chola” y popular reclama el centro de la ciudad. Personajes como el Pepino representan la transgresión urbana, mientras que la entrada del Jisk’a Anata subraya la persistencia de las estructuras comunitarias rurales dentro de la urbe. Aquí, la antropología del baile revela una resistencia cultural; la danza no es solo estética, es una afirmación política de la presencia indígena y mestiza en el corazón administrativo del país.

A diferencia del carácter ritual de los Andes, el Carnaval de Santa Cruz de la Sierra se inclina hacia un modelo de “espectáculo” y “corso” que enfatiza la identidad regional “camba”. Antropológicamente, las comparsas cruceñas funcionan como estructuras de relación y prestigio social, donde la pertenencia a un grupo define el estatus dentro de la pirámide social urbana.

El Carnaval cruceño es una puesta en escena de la modernidad agroindustrial y el cosmopolitismo, donde el protagonismo de la reina y los grandes carros alegóricos desplaza el sentido del rito andino por una estética de la opulencia y la alegría desbordante, orientada a consolidar un proyecto de identidad regional diferenciado del Estado central.

Cochabamba, situada en los valles, presenta un modelo híbrido conocido como el “Corso de Corsos”. Desde una lectura sociológica, este evento es el más ecléctico, ya que integra la tradición folclórica del altiplano y las expresiones locales de los valles.

Representa el ideal del “mestizaje” boliviano, donde la rigidez de los bloques identitarios se suaviza. Cochabamba utiliza el Carnaval como un dispositivo de integración nacional, permitiendo que todas las expresiones del país coexistan en su recorrido, lo que refleja su posición geográfica y cultural de “puente” entre el oriente y el occidente.

Las diferencias y la diversidad que en cada ciudad y región conlleva el Carnaval, nos permite ver que en La Paz el Carnaval es un acto de afirmación ritual y resistencia cultural, en Santa Cruz es un mecanismo de consolidación de élites e identidad regional, y en Cochabamba se manifiesta como un espacio de síntesis y convivencia diversa.

Estas celebraciones no son solo fiestas; son los mecanismos mediante los cuales los bolivianos negocian su lugar en la nación, transformando la calle en un texto donde se lee la compleja sociología del poder y la identidad en Bolivia. Como bien se sugiere en los textos de análisis social contemporáneo, entender el Carnaval es entender las fisuras y las suturas de nuestra estructura social.

Renzo Abruzzese es sociólogo.