Cien días: tiempo de siembra, no de cosecha



Fernando Untoja Ch.

A los cien días, la ansiedad suele ganarles a los hechos. En política existe la tentación de evaluar procesos largos con relojes cortos, como si la reconstrucción de un Estado pudiera medirse con la misma lógica que una encuesta semanal.

Han surgido críticas, entre ellas las de Jorge Quiroga, quien considera insuficiente el periodo, aunque reconoce la importancia de medidas como la eliminación de la subvención a los hidrocarburos. La observación es válida dentro del debate democrático, pero omite algo esencial: no todas las decisiones tienen el mismo peso ni producen efectos inmediatos.



En una situación de deterioro profundo, el orden de prioridades no es el que dicta la impaciencia, sino el que exige la realidad.

Primero, la confianza. Sin confianza en el Estado no hay reglas; sin confianza en la moneda no hay ahorro ni inversión. Cuando la gente deja de creer, la economía se paraliza. Estos cien días han empezado, precisamente, por reconstruir esa base invisible pero decisiva.

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Segundo, corregir distorsiones estructurales, como el problema de los hidrocarburos, que durante años comprometió las finanzas públicas. Son decisiones difíciles, pero inevitables si se quiere evitar un colapso mayor.

 

Tercero, encaminar la estabilidad cambiaria.

El dólar no se ordena por decreto, sino por credibilidad. Y la credibilidad toma tiempo.

A los desesperados conviene recordar una verdad sencilla:  Preparar terreno? casi ninguna semilla da frutos en cien días., Primero se siembra, luego brota, crece, florece y finalmente madura. Pretender cosechar antes de ese proceso no es eficiencia, es desconocer cómo funcionan la naturaleza y la economía.

La pregunta de fondo es inevitable: ¿se puede reordenar en cien días un Estado deshecho y una economía erosionada durante años?

 

El mundo hoy mira a Bolivia no como a un país que ya resolvió sus problemas, sino como a uno que ha comenzado a enfrentarlos. Y ese inicio, aunque no genere titulares espectaculares, es lo que define si habrá o no futuro. Cien días no son una meta cumplida. Son apenas el momento en que la siembra empieza a hacerse visible.