En su último año de gestión, destinó menos del 7% del presupuesto de la Administradora Boliviana de Carreteras al mantenimiento. Hoy, rutas clave como la bioceánica se convierten en trampas mortales
Por Ernesto Estremadoiro Flores

Fuente: El Deber
La herencia del Gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) no solo dejó un vacío en las cuentas fiscales, sino también un abandono evidente de la infraestructura caminera del país. En su último año de gestión, el expresidente Luis Arce Catacora destinó apenas el 7% del presupuesto de la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC), una decisión que hoy se refleja en carreteras deterioradas y en un permanente dolor de cabeza para transportistas y viajeros.
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Según el presupuesto de 2025 de la ABC para la conservación de la Red Vial Fundamental (RVF) se asignó un monto de Bs 321,9 millones, una cifra que representa apenas el 6,9 % del total asignado al sector carretero.
De acuerdo con el documento presupuestario, la entidad administró en 2025 un presupuesto global de Bs 4.670,8 millones, de los cuales el 90% se destina a gasto de inversión y solo el 10% a gasto corriente. Sin embargo, dentro de la inversión, el mayor peso sigue concentrado en la construcción de nuevas carreteras, que absorbe Bs 3.849,7 millones, es decir, más del 80% del total.
En contraste, la conservación vial —clave para evitar el deterioro prematuro de las rutas existentes— queda relegada frente a otros programas. Incluso rubros como transferencias a Gobiernos Autónomos Departamentales (Bs 178,5 millones) y microempresas proviales (Bs 134 millones) se acercan o superan el nivel de recursos destinados al mantenimiento directo de caminos.
Los datos son claros. Durante la gestión del MAS la estructura presupuestaria profundizó un problema recurrente: se priorizó la inauguración de obras nuevas, mientras se postergó el mantenimiento, lo que a mediano plazo elevó los costos de rehabilitación y puso en riesgo la seguridad vial.
Situación en Santa Cruz
La carretera bioceánica, ese corredor vital que conecta a Santa Cruz con Brasil, aparece hoy herida, cansada, peligrosa. Basta avanzar unos metros para que el camino deje de ser línea recta y se convierta en un campo minado de baches, grietas abiertas y parches improvisados que no alcanzan a esconder el deterioro.
Un equipo de prensa de EL DEBER constató que los huecos en el pavimento —profundos, irregulares, traicioneros— obligan a los conductores a frenar de golpe o a invadir el carril contrario. Y mientras los camiones de alto tonelaje levantan polvo y piedras sueltas al esquivar los cráteres, autos pequeños pasan con cautela extrema, como si cada maniobra fuera una apuesta contra el accidente.
En tanto que el agua estancada en los baches, espejo engañoso, oculta la profundidad real del daño y multiplica el riesgo, sobre todo al caer la tarde o la noche.
Aquí, la velocidad no la marca el conductor, la impone el miedo. Un descuido puede costar una llanta, un eje… o la vida. Cada tramo deteriorado es una advertencia silenciosa para quienes transportan carga, alimentos o combustible, y también para las familias que usan esta ruta como única conexión con mercados, fronteras y servicios.
Y esta no la única vía cruceña que presenta estos problemas. Por ejemplo, los reclamos por el deterioro de la carretera Montero–Ichilo continúan en aumento. Transportistas que circulan por esta vía internacional denuncian que los accidentes de tránsito y el reventón de llantas son cada vez más frecuentes, debido a la gran cantidad de baches que presenta el tramo.
Uno de los hechos más recientes se registró la noche de este domingo en la zona de Las Lomas, en el municipio de Buena Vista, donde un camión que transportaba carga desde La Paz con destino a Santa Cruz de la Sierra volcó, derramando su mercadería sobre la carretera. “Es demasiado, toda la carretera está así”, manifestó la propietaria del vehículo afectado, visiblemente preocupada por la situación.
Otro conductor, que transita por el lugar a diario, advirtió que la mayoría de los accidentes ocurre durante la noche, cuando los baches son menos visibles y el riesgo se incrementa para quienes circulan por la vía.
Imágenes y videos registrados por los propios choferes evidencian el avanzado deterioro del camino. Los transportistas aseguran que este tramo de la ruta nacional 4 se encuentra en total abandono y exigen a las autoridades competentes una intervención urgente para evitar mayores perjuicios.
La carretera Montero–Ichilo es un eje fundamental que conecta a Santa Cruz con el interior del país y con rutas de proyección internacional. Su deterioro no solo impacta al sector del transporte, sino también a la población que utiliza esta vía a diario, exponiéndose a constantes riesgos para su seguridad.
ABC reconoce fallas
Ante esa realidad, la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) salió a dar la cara. Miguel Rojas, gerente regional de la ABC Santa Cruz, reconoce que el problema no es nuevo en la ruta bioceánica. “Esta carretera tiene más de diez años con una mala conservación”, dijo.
Según la ABC, la empresa encargada del mantenimiento dejó de trabajar meses atrás, incumplió contratos y acumuló multas hasta que finalmente se procedió a la rescisión. El proceso no fue inmediato. Hubo notificaciones, plazos legales, trámites administrativos y un desgaste burocrático que, mientras tanto, se tradujo en más baches, más grietas y más riesgo en la vía.
Recién ahora, tras resolver el contrato y ejecutar las garantías, se abren nuevas posibilidades. Una empresa comenzará trabajos de mantenimiento de emergencia por un periodo de hasta dos meses, mientras se adjudica el contrato definitivo, cuya apertura está prevista para el 5 de marzo y que, si todo avanza sin tropiezos, podría estar firmado a fines del mismo mes.
Pero el problema va más allá de las empresas. Es estructural. Es económico. Santa Cruz dispone actualmente de cerca de 60 millones de bolivianos para atender toda su red vial fundamental. Según la propia ABC, se necesitarían al menos 126 millones para mantenerla en condiciones mínimas. No para ampliarla, no para modernizarla: solo para evitar que se desmorone.
La diferencia es un abismo que se siente kilómetro a kilómetro. “Hemos transmitido esta situación a ABC Nacional, al autotransporte y a las autoridades correspondientes”, explica Rojas. El Ministerio de Obras Públicas, asegura, tiene predisposición, pero el verdadero cuello de botella está en la falta de liquidez del Estado. En pocas palabras: no hay plata suficiente y las carreteras lo pagan.
Aun así, se buscan paliativos. La ABC anunció proyectos puntuales en otros tramos del departamento y, en el caso específico de la bioceánica, gestiones conjuntas con el sector privado. Empresarios de Puerto Quijarro colaborarán colocando mezcla de suelo-cemento para tapar baches desde el lado fronterizo, mientras la ABC trabajará desde Carmen Rivero hacia Puerto Suárez. Un esfuerzo compartido para contener el deterioro.
Según el funcionario, el lunes comenzarán los trabajos. Habrá desvíos por carriles, banderilleros y cortes parciales. Se anuncian inspecciones con comités cívicos, transportistas y autoridades. La intención es mostrar avance, dar señales de respuesta. Pero sobre el asfalto roto persiste una sensación difícil de ignorar: la de estar siempre llegando tarde.
Transporte en emergencia
Domingo Ramos, dirigente del Transporte Pesado, denunció que las vías del país se encuentran “abandonadas” y que al menos un 60% de la red caminera presenta daños severos. “Ya no hablamos de huecos, hablamos de cráteres”, afirmó, al describir una situación que —según dijo— está provocando accidentes, rotura de llantas, muelles y serios perjuicios económicos para el sector.
Ramos señaló que, pese a haber enviado una carta al presidente de la ABC para advertir sobre el deterioro de las carreteras, no han recibido ninguna respuesta. “Pagamos peajes al 100% a nivel nacional, pero no vemos ese dinero reflejado en el mantenimiento de las carreteras. Esa es nuestra molestia”, reclamó.
El dirigente explicó que los daños en las capas asfálticas se intensificaron con las lluvias, afectando la circulación del transporte pesado en todo el país. “Hoy nadie nos responde cuando hay un accidente o cuando levantamos llantas. Son accesorios caros que nosotros tenemos que pagar de nuestro bolsillo”, sostuvo.
Ante este escenario, el transporte pesado prepara una solicitud de audiencia directa con el presidente del Estado, Rodrigo Paz, en la que también esperan la participación de los ministros de Obras Públicas, Economía y Gobierno. “Las autoridades deben conocer la cruda realidad que vive el transportista”, dijo Ramos.
En su diagnóstico, el problema va más allá de la falta de recursos. Apuntó directamente a la gestión de la ABC y al sistema de mantenimiento vial. “Contratan empresas o funcionarios que no hacen el verdadero mantenimiento. Aparecen dos o tres horas y luego abandonan los trabajos”, denunció.
Las cifras explican el abandono, pero el asfalto roto muestra sus consecuencias. Cada bache sin atender es un riesgo más en la ruta y una pérdida que nadie asume. Mientras las soluciones siguen en trámite, las carreteras se siguen rompiendo.
Fuente: El Deber

