El Gobierno heredó una economía marcada por la falta de dólares, caída de reservas internacionales, dificultades para importar combustibles y un déficit fiscal elevado y optó por priorizar medidas de impacto.
Por Erika Ibáñez

Una de las primeras medidas fue el retiro del subsidio a los combustibles y terminar con las filas. Foto: Archivo
Fuente: La Razón
Al cumplirse 100 días desde que Rodrigo Paz Pereira asumió la presidencia del Estado, su gobierno afronta un balance regular, con decisiones económicas importantes, pero con efectos aún en desarrollo y enormes desafíos pendientes. Dos analistas repasaron en La Razón la gestión gubernamental y coincidieron en que se trata de un comienzo “tibio”, pues el “ajuste real” aún está postergado.
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El Gobierno aseguró a lo largo de esta semana haber logrado una primera fase de estabilización económica tras recibir un Estado con severos desequilibrios fiscales, escasez de divisas y tensiones sociales acumuladas.
La administración sostiene que el objetivo inicial fue “evitar el colapso” y ordenar las cuentas públicas, mientras prepara un paquete de reformas estructurales.
El Gobierno heredó una economía marcada por la falta de dólares, caída de reservas internacionales, dificultades para importar combustibles y un déficit fiscal elevado. La presión sobre el tipo de cambio paralelo y la inflación golpeaban el poder adquisitivo de la población.
Medidas de impacto
En ese contexto, el presidente Paz optó por priorizar medidas de impacto inmediato para frenar el deterioro macroeconómico y enviar señales de disciplina fiscal.
La decisión más trascendental de este primer tramo fue la eliminación del subsidio a los combustibles, que durante años representó una carga para el Tesoro y que incentivaba el contrabando.
La medida tuvo efectos inmediatos en los costos del transporte y productos básicos, generando protestas. No obstante, el Ejecutivo defendió la decisión como “inevitable” para reducir el déficit.
Para amortiguar el impacto, se aprobaron bonos focalizados para sectores vulnerables, ajustes salariales y alivios tributarios. Se incrementó el salario mínimo nacional de Bs 2.750 a Bs 3.300.
También se encaró la revisión administrativa de ministerios y empresas estatales. El Gobierno inició auditorías y procesos de reorganización para transparentar cuentas y mejorar la eficiencia.
Entre los primeros resultados está el haber alcanzado un superávit fiscal de más de Bs 3.000 millones en enero, lograr la reducción del riesgo país y generar confianza en los organismos internacionales, que comprometieron créditos para Bolivia por más de $us 8.000 millones.
Paz remarcó que este año es para “ordenar la casa” antes de avanzar hacia transformaciones más profundas en áreas estratégicas como hidrocarburos, minería e inversión extranjera. “Nos queda mucho, mucho por hacer. Hoy día este barco está flotando, está estabilizado”, afirmó Paz.
Sin embargo, sin mayoría propia en la Asamblea Legislativa, el oficialismo enfrenta el desafío de negociar cada proyecto de ley. Analistas advierten que la sostenibilidad de las medidas dependerá de la capacidad de construir consensos. Hasta ahora, el Órgano Ejecutivo ha gobernado principalmente mediante decretos.
Análisis
El analista económico y financiero, Mauricio Ríos García, consideró que los primeros 100 días de Rodrigo Paz se caracterizaron “por un ajuste fiscal tibio y gradual que ha logrado un superávit primario mensual aislado, desacelerando mínimamente el déficit y estabilizado algunas variables macroeconómicas aparentes, como una caída en el riesgo país que en realidad es sistémica”.
Ríos resumió estos 100 primeros días como “una estabilización con hilos que posterga el ajuste real, magnifica aciertos ajenos y acumula riesgos que explotarán si no se deja la tibieza”.
Remarcó que ese progreso macro llegó acompañado de un “brutal” costo social y operativo. Y detalló “el escándalo de la gasolina de peor calidad y dos veces más cara, la pobreza que se agrava con la devaluación de facto del boliviano y la actividad económica se estanca en recesión”.
“En resumen, una calificación mixta: positiva en números mensuales efímeros, pero negativa en el impacto cotidiano sobre la población y la credibilidad perdida”.
El analista Vladimir Torrez coincide: los 100 días del gobierno de Paz tienen cosas positivas y también negativas. Destacó que es el inicio para solucionar la crisis económica. “Muchas de ellas impopulares y que lo enfrentaron con organizaciones sociales beneficiarias del anterior régimen, pero que, con todos sus problemas, serán clave para la estabilización”.
Y remarcó la mejora de Bolivia en el riesgo para inversiones internacionales y la estabilización del precio del dólar paralelo, “pese a que la inflación es alta”.
Además, señaló la importancia del giro pragmático del país en la política exterior. “La política exterior debe ser manejada con un sentido práctico y abierto a los negocios con todos los países y actores internacionales”
Fragilidad
En el lado negativo señala el problema de la calidad de la gasolina “que revela lo frágil que es el plan gubernamental para la provisión de ese carburante”.
Asimismo, indicó que Paz está pagando el precio de no haber realizado sustituciones y desvinculaciones de manera oportuna en la alta burocracia y en los mandos medios de la administración pública.
Observó también que el Gobierno tiene una línea comunicacional débil y contradictoria, y la forma de gobernar por decreto.
En criterio del analista Ríos, los primeros 100 días de Gobierno aún marcan un rumbo incierto hacia una estabilización gradual que achica mínimamente el Estado, “con medidas que recortaron gasto público, pero alineadas con principios tibios que estiran el modelo heredado”.
En ese contexto, Ríos considera que las expectativas no han sido cumplidas a cabalidad. “Paz prometió una estabilización valiente contra el legado masista, pero lo implementó con un gradualismo que bordea el problema en vez de cortarlo de raíz”, dijo a La Razón.
Y consideró que si bien se lograron resultados iniciales con superávit en enero, se “desdibujó” por errores de gestión y “comunicación torpe”.
Vladimir Torrez coincidió y dijo que el Gobierno cumplió parcialmente las expectativas y recordó que el “tiempo de gracia, su luna de miel con la población” terminó por medidas “duras pero necesarias”.
Futuro
La siguiente etapa gubernamental apunta a reformas estructurales orientadas a atraer inversión, fortalecer la producción y estabilizar el mercado cambiario. Para Paz, la estabilización es solo el primer paso, el objetivo es sentar bases para un nuevo ciclo de crecimiento.
Ríos considera que entre los pendientes clave figuran la depuración real de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH). Además, la aprobación de una nueva ley de hidrocarburos, la eliminación de controles de precios y capitales, la reforma laboral y la detención del financiamiento del Banco Central de Bolivia a Hacienda.
“También quedaron sin resolver el recorte estructural del gasto público, la privatización o cierre de empresas públicas quebradas, la liberación del comercio exterior y la atracción de inversión extranjera directa”, complementó.
Corrupción
Torrez, en cambio, identifica dos tareas principales que aún están pendientes: la lucha contra la corrupción y el uso adecuado de los créditos internacionales para evitar que sean desviados.
Ríos remarcó que el mayor reto para el Gobierno es abandonar el gradualismo y sostener un ajuste fiscal real sin generar un estallido social.
Apunta además a que debe equilibrarse la macroestabilidad “con la recuperación del poder adquisitivo y aprovechar vientos de cola globales para mantener el apoyo popular”.
Los primeros 100 días ya pasaron. Ahora el desafío para el Gobierno será traducir la estabilización inicial en crecimiento sostenido y recuperación del poder adquisitivo, en un contexto social que demanda resultados concretos en el corto plazo.
Fuente: La Razón