Entre cupos y vetos: Bolivia se estancó tres décadas en competitividad


Desde 2008 Bolivia aplicó restricciones a las exportaciones y limitó uso de la modificación genética, mientras países vecinos ampliaron su competitividad. Se espera que el Gobierno apruebe el uso de biotecnología esta semana.

Por Raúl Domínguez



Fuente: eldeber.com.bo

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Durante la última década, Bolivia observó cómo sus vecinos consolidaron su liderazgo en el mercado mundial de productos agropecuarios, mientras internamente mantenía un sistema de cupos de exportación, bandas de precios y autorizaciones administrativas que condicionaban el desempeño del sector productivo.

Fue en febrero de 2008, durante el gobierno de Evo Morales, cuando el gobierno empezó a pisar el freno de las exportaciones. En ese entonces, el Ejecutivo decretó la prohibición temporal de la exportación de alimentos básicos, incluyendo carne de res, arroz, trigo, maíz, azúcar y aceites comestibles, como medida para garantizar el abastecimiento interno frente a aumentos de precios y escasez en mercados locales.

En la década siguiente, el Estado mantuvo políticas de control sobre exportaciones agropecuarias. Por ejemplo, cuotas y certificados de abastecimiento interno antes de autorizar ventas al exterior, tanto en soya como en otros productos. Cabe recordar que, a partir de 2019, se estableció el Decreto Supremo 3920 que autorizaba la exportación de soya hasta el 60 % de la producción, previa verificación del abastecimiento interno.

En octubre de 2022, en medio de un paro cívico en Santa Cruz, el gobierno de Luis Arce dispuso la suspensión temporal de las exportaciones de carne de res, azúcar, soya y sus derivados como medida preventiva frente a bloqueos y perturbaciones logísticas.

Pocos días después, el Ejecutivo levantó el veto solamente para la soya y sus derivados, manteniendo restricciones para carne y azúcar.

En diciembre 2024, por diez días, el gobierno de Arce suspendió temporalmente las exportaciones de aceite refinado de soya, debido a escasez y alza de precios en el mercado interno y, en febrero del año pasado se decretó la suspensión de las exportaciones de carne de res con el argumento oficial de “regular precios y asegurar suministro interno”.

En mayo de 2025 el gobierno mantuvo el veto a la exportación de carne y soya como parte de medidas para contener el alza de precios en la canasta familiar, y se mantuvo la política de restricción hasta que los precios internos se estabilicen.

Caída de la producción

EL DEBER consultó a distintas instancias productivas y gubernamentales, acerca de las consecuencias económicas que ocasionaron estos frenos a la producción, pero no se logró una respuesta concreta.

Sin embargo, el gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) Gary Rodríguez, se atrevió a considerar que fueron “varios miles de millones de dólares” por los dos frenos que se impusieron a las ventas externas de alimentos durante los últimos 20 años: los cupos a ciertos rubros de las agroexportaciones y, en paralelo, la falta de autorización para el pleno uso de la biotecnología en el agro.

“Con ello, el país perdió la oportunidad de haber mejorado estructuralmente la productividad y competitividad en dicho sector, y de haberse consolidado como una gran nación exportadora de alimentos con valor agregado a nivel mundial, siendo que, por sus características de suelo – clima, hace parte del ‘triángulo alimenticio’ en Sudamérica”, resaltó.

A su vez, Rodríguez subrayó que si el comercio de alimentos genéticamente mejorados está permitido en el sistema multilateral desde 1996, “entonces, son tres décadas que el país ha perdido de hacer uso de la ciencia y la tecnología para mejorar el rendimiento de los cultivos a partir de semillas genéticamente modificadas, en función de producir más y mejores alimentos, de una forma amigable con el medio ambiente, además, generando centenares de miles de nuevos empleos dignos, más ingresos para las familias, más tributos para el Estado y más divisas para el país”.

Consideró que “es inimaginable” el daño hecho a la economía y a la sociedad, por  las restricciones a las exportaciones de alimentos, colocando a nuestros productores y exportadores bolivianos en inferioridad de condiciones de competencia frente a los brasileños, argentinos, estadounidenses, paraguayos, etc. “De no haberse tenido ambos frenos, con seguridad que las agroexportaciones podrían haber rebasado tranquilamente los 10.000 millones de dólares, pudiéndose haber evitado la crisis que azota aún al país, por la falta de dólares”, agregó el gerente del IBCE.

Existe el potencial

El gerente de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), Jaime Hernández, recordó que en el caso de la soya, las restricciones a las exportaciones funcionaban con el establecimiento de bandas de precios para la venta de la harina solvente e integral y del aceite comestible para el mercado interno y con la asignación de cupos de venta a las industrias para proveer a los distintos sectores pecuarios del país.

El cumplimiento de este sistema era la condición para emitir los permisos de exportación de productos con valor agregado de soya.

Remarcó que este sistema de restricción a la exportación fue innecesario y perjudicial para toda la cadena productiva oleaginosa y por eso la demanda constante de tener una liberación plena de la exportación que elimine bandas, cupos, y todo tipo de traba burocrática.

De momento —detalló— se ha logrado liberar la exportación de grano de soya por una cantidad de 880 mil toneladas, con un único certificado de exportación, es decir no hay necesidad de hacer tramites individuales, lo que facilita el proceso de exportación.

“Por otro lado, están siendo eliminadas las bandas de precios y los cupos para el abastecimiento de harina solvente e integral para el mercado interno, porque ahora los acuerdos serán entre privados, los sectores pecuarios con las agroindustrias”, agregó el gerente de Anapo.

En ese sentido, manifestó que se espera el decreto supremo que establezca un nuevo marco normativo con mayor apertura a las exportaciones, donde se elimine el certificado de exportación y se comience a coordinar entre todos los actores de la cadena productiva para brindar información al Gobierno y pueda monitorear el abastecimiento interno.

Consultado sobre la reciente medida del gobierno, de liberar los aranceles para la importación de grano de soya, Hernández señaló que se tendrá una producción importante de grano de soya en la campaña de verano 2025-2026, estimada inicialmente de 2,7 millones de toneladas, que cubren la demanda del mercado interno y generan excedentes de casi 2 millones de toneladas para satisfacer la demanda de los compradores locales.

“Por tanto, consideramos que no habrá necesidad de hacer importación de grano de soya porque producimos para tener excedentes que satisfacen las necesidades de los compradores locales”, añadió Hernández.

 

Entre cupos y vetos: Bolivia se estancó tres décadas en competitividad

Los mercados

Desde la Cámara de Exportadores de Santa Cruz (Cadex) manifestaron que apuestan y promueven el libre comercio, la libertad de exportar e importar sin cupos ni restricciones.

«Hay que recordar que las industrias están trabajando al 60% de su capacidad instalada, la industria oleaginosa tiene una capacidad instalada para procesar más de 5 millones de toneladas de grano cada año, mientras que la producción de grano de soya en Bolivia solo llega a 3.2 millones de toneladas, por lo que existe un importante déficit, expresó Martín Salces, gerente de la entidad.

Enfatizó en que si esta importación se destina a la generación de productos con valor agregado para la exportación, podría impulsar un incremento en los ingresos por exportación.

Explicó que, actualmente, los principales mercados de la industria oleaginosa son la Comunidad Andina y Chile. Sin embargo, Angola y Myanmar son nuevos mercados que se vienen desarrollando. “Con incremento en la producción de harinas y aceites de soya se podrían alcanzar mercados en el África y el Sudeste de Asia, pasando de los 2.000 millones de dólares anuales a 2.900 millones de dólares en exportación”, resaltó Salces, al mencionar que existen solo dos eventos OGM (organismos genéticamente modificados) en soya aprobados en Bolivia, “esto nos coloca muy por detrás de nuestros vecinos donde se tienen más de 100 eventos aprobados, no solo en soya, sino en otros cultivos, por lo que su productividad por hectárea es mayor”, remarcó.

Expectativa por uso de biotecnología

En sus múltiples reuniones con sectores productivos, el presidente Rodrigo Paz ha mencionado la necesidad de utilizar biotecnología como herramienta para mejorar la productividad agrícola. Sin embargo, no ha detallado sobre las políticas específicas para la aprobación formal de cada evento transgénico.

Desde Anapo han manifestado que se han sostenido reuniones con las autoridades respectivas para informar de los avances que se habían logrado con el anterior gobierno, principalmente en nuevos eventos de biotecnología en soya y trigo.

“A partir de ello, se ha constituido el Comité Nacional de Bioseguridad que es la instancia técnica responsable de atender las solicitudes de evaluación y aprobación de nuevos eventos biotecnológicos y como primera acción están evaluando los informes técnicos para la aprobación del evento en soya HB4 tolerante a sequía”, señaló Jaime Hernández.

Según el ejecutivo, se tiene la expectativa que esta tecnología, sea entregada oficialmente por el presidente del Estado, en ocasión del evento de Exposoya, que inicia el próximo jueves.

Cifras del tema

  • 80%

La productividad en el cultivo de maíz, que se puede  lograr con el uso de biotecnología, según Anapo. En la soya el incremento de productividad sería del 30%

  • 2.900

Millones de dólares anuales se podrían exportar en harinas y aceites de soya si se incrementa la producción y si se alcanzan mercados de África y Asia, según Cadex

Sobre la soya

  • Exposoya. Este sector productivo mostrará todo su potencial en la Exposoya 2026, que se inicia el jueves en Cuatro Cañadas, Santa Cruz.
  • Brasil. Ha marcado récords para 2025-26, enviando más de 110 millones de toneladas al exterior, principalmente a China.
  • Argentina. Pretende producir hasta 48,5 millones de toneladas en la campaña 2025-2026. Más del 80% para la exportación.
  • Paraguay. Apunta a superar los 10 millones de toneladas en la temporada 2025-26, consolidándose como uno de los principales exportadores regionales.