Importación de carburantes


Problemas en la producción y, sobre todo, la falta de inversión han originado que en los años 2006 a 2009 Bolivia haya gastado 1.390 millones de dólares en la importación de carburantes, entre ellos diesel, gas licuado de petróleo y gasolina.

elDiario Editorial El Diario

Lo preocupante es que esa suma aumentará y por lo menos en los siete años próximos gastaremos adicionalmente 2.584 millones de dólares. Pero resulta una contradicción que deba hacer esos gastos un país con ricos yacimientos de hidrocarburos, donde la exploración, la prospección y la producción no son tomadas en cuenta, debido a que intereses políticos, personales y de grupo se los antepone a los nacionales.



Sin una política hidrocarburífera de parte del actual Gobierno, este importante sector de la producción nacional está descuidado y no se ejecuta las acciones necesarias para su encauzamiento. Medidas demagógicas como las nacionalizaciones, la pregonada austeridad, el esfuerzo a medias que se hace para descubrir y sancionar la corrupción, sobre todo en la empresa fiscal del petróleo, son paliativos dirigidos a evitar que la ciudadanía observe la difícil situación económica por la que atraviesa el país.

Cuando el Ejecutivo dispuso la expulsión del presidente interino de YPFB, Santos Ramírez, por ser acusado de corrupción y puesto tras las rejas, con medidas precautorias, los bolivianos esperaban con expectativa otras medidas para esclarecer el caso, pero a nueve meses de ser descubiertas ilegalidades en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, la población se siente frustrada porque los procesos no avanzan, por falta de un equipo de juristas del Estado que actúe sin medias tintas.

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Según un estudio realizado por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior, tomando como base datos que maneja el Instituto Nacional de Estadística, hay una tendencia creciente a la dependencia para el abastecimiento del exterior de los hidrocarburos que faltan en Bolivia, por la defectuosa producción nacional que se debe a la falta de inversiones, las que son anunciadas con bombos y platillos, pero al final no se producen.

De los 1.390 millones de dólares que gasta el Estado en la importación de hidrocarburos, el mayor porcentaje corresponde a la compra de diesel, por un monto de 1.166 millones de dólares. Las autoridades justifican esas adquisiciones con el hecho de que Bolivia no produce ese combustible, debido a que carece de suficiente petróleo pesado. Pero evitando el conformismo, las autoridades nacionales deberían elaborar políticas destinadas a corregir esas falencias. Si no se puede explotar un determinado hidrocarburo, se debe ver la forma de explotar otros que puedan balancear las exportaciones con las importaciones. Los problemas se los tiene que enfrentar en su momento, no dejando que la situación empeore y los costos por importación se dupliquen en los próximos años respecto al quinquenio 2005 – 2009.

En cuanto a la gasolina, hasta hace un año Bolivia se autoabastecía. Si la producción está en descenso, se tiene que buscar alternativas que permitan su incremento. Además se necesita un estricto control al contrabando de hidrocarburos de Bolivia a los países vecinos, porque los precios están por debajo de los que se cobra en el exterior. Esas anormalidades fueron denunciadas reiterativamente, pero las autoridades nada hacen para poner freno a esa práctica delictiva con la que se enriquecen los contrabandistas, que al parecer gozan del apoyo de autoridades nacionales, porque adquieren volúmenes grandes del energético aunque se dice que hay control férreo.

El Gobierno debería dejar de lado el discurso demagógico y sus anuncios rimbombantes para desarrollar el sector de los hidrocarburos, así como atraer inversiones, garantizar el respeto a la propiedad privada, porque con los avasallamientos que se vienen registrando en el país desde la posesión del presidente Evo Morales Aima, los inversores internacionales prefieren destinar sus operaciones a otros estados que les ofrezcan la seguridad jurídica que no existe en nuestro país.