El presidente Rodrigo Paz, al tiempo de militarizar las instalaciones de la empresa estatal petrolera YPFB, anunció que introducirá varios aditivos en la gasolina. La medida surge en respuesta a los reclamos de los propietarios de vehículos, perjudicados por la compra de combustible que el gobierno califica como “desestabilizada” mientras la población la califica de “sucia, contaminada, adulterada”.
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La militarización de las instalaciones hidrocarburíferas es una medida lamentable e innecesaria. Las Fuerzas Armadas no deberían ser utilizadas para resguardar las puertas de instalaciones de YPFB; para esa labor, la empresa cuenta con sus propios dispositivos de seguridad y la Policía puede cumplir eficazmente ese rol.
El presidente Paz argumenta que la medida busca evitar el sabotaje que se estaría realizando con gasolina de baja calidad —posiblemente contaminada e importada por su propio gobierno— y acusa a supuestos autores de este daño, sin mencionar nombres ni presentar denuncia alguna ante el Ministerio Público. La situación recuerda a las Comisiones de la Verdad I y II, conformadas por iniciativa presidencial, que tampoco han presentado un informe al país sobre lo sucedido con la corrupción en YPFB ni sobre las denuncias de compra de combustible con sobreprecio en esta gestión, que apenas supera los tres meses.
Los militares se han desplegado en las puertas de los diferentes centros de YPFB, han ingresado a las instalaciones y, hasta ahora, nadie sabe qué hacen allí ni cuál es su aporte frente a un sabotaje denunciado pero no probado.
Ha transcurrido más de un mes desde las denuncias ciudadanas y de los transportistas por la mala calidad de la gasolina en Bolivia, intensificadas a principios de febrero de 2026. La opinión pública ha visto envases con combustibles de diferentes colores y motores con piezas dañadas, evidencias claras de un problema que no se resuelve.
En una publicación anterior, del 12 de febrero, titulada “Gasolina sin etanol y diésel sin aceite vegetal” (enlace), expliqué la necesidad de eliminar los aditivos vegetales —como el etanol (alcohol anhidro) en la mezcla de gasolina y el aceite de soya en la mezcla de diésel—, pues son los causantes del daño a los motores de vehículos y motocicletas. La gasolina sin etanol previene la corrosión y la separación de fases (agua en el combustible) en motores de combustión, siendo ideal para autos pequeños y motocicletas. Por su parte, el diésel sin aceite vegetal —es decir, diésel mineral o fósil, a diferencia del biodiésel que se mezcla con aceites de palma, soja o grasas animales— evita problemas de oxidación y obstrucción de filtros que suelen ocurrir con el almacenamiento prolongado de biocombustibles.
El modelo del MAS, basado en la subvención de combustibles para prolongarse en el poder, promovió el cultivo de insumos para aditivos vegetales. Durante el gobierno de Evo Morales, se impulsó el etanol para la mezcla de gasolina en alianza con el sector empresarial sucroalcoholero. En el gobierno de Luis Arce, se fomentaron los cultivos de soya y palma aceitera para la mezcla de diésel, ampliando la frontera agrícola mediante la quema de millones de hectáreas de bosque y zonas no boscosas. Así, la subvención de combustibles se convirtió en un gasto para el Estado boliviano, pero también en un negocio formidable para el agronegocio soyero y alcoholero.
Con el retiro de la subvención, el incremento de precios y la evidencia de que la mezcla de gasolina de bajo octanaje con etanol produce un combustible de baja calidad —causante de daños en los motores, especialmente tras varios meses de uso—, ha llegado el momento de eliminar los aditivos vegetales, como el etanol y el biodiésel.
Sorprende que el presidente Rodrigo Paz, en lugar de ofrecer un producto puro y de calidad, anuncie ahora que incorporará nuevos aditivos químicos a una gasolina ya de por sí mala o contaminada. En conferencia de prensa, informó que su gobierno adquirió un primer lote de 17 toneladas de aditivos, que incluyen antioxidantes y detergentes, para “reforzar la calidad” de la gasolina en todas las etapas de la cadena de distribución. Es decir, reconoce implícitamente que el producto actual es deficiente.
Los antioxidantes ayudarían a evitar que la gasolina se degrade con el tiempo, manteniendo su calidad durante el transporte y almacenamiento —recordemos que cientos de cisternas permanecen estacionadas a las puertas de la refinería de Palmasola entre 25 y 35 días—. Los detergentes, por su parte, contribuirían a optimizar el sistema de combustible de los vehículos, ayudando a mantener los motores en mejores condiciones de funcionamiento.
Según YPFB, “con este primer lote se realizará un tratamiento inicial de fortalecimiento del sistema, que permitirá superar la calidad del combustible en circulación. Posteriormente, se implementará una segunda fase en la que la aditivación se realizará de manera permanente como parte de las operaciones regulares”.
El mensaje para el presidente Paz es claro: no más experimentos ni soluciones improvisadas sobre un producto defectuoso. Lo que los bolivianos necesitamos no es un coctel químico para maquillar la gasolina, sino un combustible de calidad en su origen. Exigimos gasolina sin etanol y diésel sin aceite vegetal. Punto.
