La poca medicina que pueda haber es robada para venderse ilegalmente. Los enfermeros sustituyen pastillas con demanda comercial en el mercado negro por otras cualesquiera, o inyectan suero —como dextrosa— en lugar del tratamiento indicado
Crónica Ángel Santiesteban Prats
Fuente: https://www.eldebate.com
El actual abandono de los centros hospitalarios en Cuba dista mucho de aquella imagen que Fidel Castro perseguía con obstinación de ser catalogados como una «potencia médica». Castro tenía tres obsesiones para mostrar su ego de máximo líder: la salud pública, el deporte y la educación. Y hoy compiten de manera reñida por ser la más desastrosa, una debacle que comenzó estando él en vida, por lo que pudo apreciar como su obra se derrumbaba.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
La única arista que dejó y continúa desarrollándose es la represiva contra cada movimiento que atente con la permanencia en el poder de los Castro y su élite. Un like en las redes sociales puede costar una llamada por la policía política en el centro de trabajo o de estudio, y comenzar una espiral que podría terminar en cárcel.
Desde que comenzaron a comercializar a los médicos en 2005, que no era otra cosa que mano esclava moderna, los exportaban a cualquier confín que los admitiera –cuyos Gobiernos se hacían cómplices al estar conscientes de que el pago de los contratos iría directamente a las arcas del Estado– y que los galenos y técnicos cubanos aceptaban esos tratos inhumanos y degradantes porque, a pesar de todo, obtenían una ínfima posibilidad de ayudar a su familia en Cuba, en medio del caos y de la desesperación social.
Les esquilmaban hasta el 90 % de sus salarios, y los obligaban a trabajar hasta 64 horas semanales
Les esquilmaban hasta el 90 % de sus salarios, y los obligaban a trabajar hasta 64 horas semanales, incluyendo sábados y domingos, bajo la amenaza de ser devueltos a Cuba y sufrir escarmiento por indisciplina. Algunos se suicidaron cuando la impotencia los llevaba a la humillación. Otros prefirieron huir a través de las fronteras y solicitar asilo político, aun cuando les retiraban el pasaporte para impedir que lo hicieran.
Existen instrumentos jurídicos que condenan esta grave violación, como la Convención sobre la esclavitud de 1926, el Convenio sobre el Trabajo Forzoso de 1930, el Protocolo Adicional a la Convención sobre la esclavitud de 1956, el Protocolo sobre el Trabajo Forzoso de 2014, entre otros, que exigen un salario justo.
Exportar y explotar a médicos
Investigaciones al respecto calculan que el gobierno cubano obtenía por cobro en el concepto de exportación de servicios entre 6.000 y 8.000 millones cada año y, por muchos años, fue la mayor fuente de ingresos extranjeros para el Estado cubano. Incluso supieron sacar provecho de la pandemia de COVID-19, cuando aumentara la necesidad de médicos a nivel mundial, y que los galenos cubanos constituyeron el 75 % de esa fuerza laboral exportada, con presencia en más de 50 países.
Las denuncias contra este robo a los profesionales cubanos fueron expuestas ante la Corte Penal Internacional de las Naciones Unidas, gracias a los profesionales que decidieron no regresar a Cuba, buscar un país de acogida y denunciar lo que padecieron.
Para la dictadura cubana, en su historial de 67 años en el poder, el ciudadano solo es un piojo necesario hasta que resulta prescindible. Lo único valioso, como todo régimen autoritario, es mantenerse en la cúpula sin importar las astucias que tenga que aplicar.
Y toda esa contratación de los profesionales de la salud se tradujo en el abandono de la población cubana. Los médicos y técnicos comenzaron a escasear en los Centros de Salud, por lo que los estudiantes, hasta de primer año, asumieron los puestos en las consultas para atender a la población y comenzar a adivinar, literalmente, el padecimiento de su paciente.
Estudiar Medicina en Cuba
Obtuve el testimonio de un estudiante hispanoamericano que su familia le paga la carrera de medicina en Cuba, y que es consciente de que el estudio en la isla no es de los mejores a nivel internacional, pero su elección se debió a que, en ninguna otra parte del mundo, un estudiante desde el primer año, comienza a reconocer al paciente, la mayoría de las veces sin la asistencia de los profesores.
En cualquier parte, si algo sale mal diagnosticado y se prueba, me decía como una ventaja para su desarrollo profesional, la demanda al hospital sería astronómica, pero en Cuba no se pagan los muertos, terminó diciéndome. Las familias no tienen jamás el procedimiento jurídico para reclamar una mala praxis, mucho menos obtener una indemnización. Me aseguró que los estudiantes extranjeros, en su mayoría, alcanzan las mejores notas por sus regalos a los profesores, que actúan como sobornos.
La poca medicina que pueda haber, es robada para venderse ilegalmente. Los enfermeros sustituyen pastillas o inyectan suero –como dextrosa– en lugar del tratamiento indicado
Hoy los hospitales cubanos sufren deterioro constructivo y de ausencia profesional para la asistencia a la población. Entrar a un Cuerpo de Guardia sin tener un médico conocido o recomendado es un albur que puede costar, quizá por algo simple que requiera un tratamiento a tiempo, hasta la vida.
La poca medicina que pueda haber, es robada para venderse ilegalmente. Los enfermeros sustituyen pastillas con demanda comercial en el mercado negro por otras cualquiera, o inyectan suero -como dextrosa- en lugar del tratamiento indicado.
Los mismos médicos recetan medicamentos y hasta orientan dónde hallarlos en el mercado negro pues las farmacias están vacías. «Esto es el sálvese quien pueda», me dijo una madre en el servicio de Urgencias del Hospital Manuel Fajardo, en La Habana. La señora había acudido con su hijo con síntomas de uno de los virus (chikungunya, dengue, oropouche) que azotan la isla causando decenas de muertos; pero los especialistas no tenían ni siquiera los recursos para hacerle un PCR, la prueba necesaria para el diagnóstico.
Hace unos días, el padre de una amiga falleció repentinamente esperando un diagnóstico; los médicos solo pudieron transmitirle a la familia la sospecha de cáncer, pero sin poder hacerle las pruebas por la falta de recursos.
Familiares han protestado en el Hospital Calixto García, de referencia nacional, porque su doliente, tras la operación, ha esperado el traslado a la sala de recuperación y los camilleros exigen por ello el pago de algunos miles de pesos (entre 5 y 10 euros aproximadamente).
Hoy, los pacientes que pueden salvarse son aquellos que tienen conocidos —salvo tener suerte y caer en manos de los pocos profesionales, «rara avis», que su humanidad y juramento hipocrático no ha desaparecido— o que, en lo económico, pueden ofrecer prebendas.
Quizá no sea el país que imaginó Fidel Castro, pero es el que construyó por más de 50 años con el pellejo de varias generaciones de cubanos.
Y esta es la «potencia médica» que nos legó.
