Bombas racimo contra Israel: Irán apunta a matar civiles con las armas letales que usó Rusia en Ucrania


Al menos una persona murió este lunes y varias quedaron heridas de gravedad en un bombardeo del régimen con este tipo de municiones, que dispersan subexplosivos en áreas extensas. Yehud, Or Yehuda, Holon y Bat Yam fueron las zonas afectadas.

Por Carlos Eduardo Martínez

Un muerto y dos heridos en el centro de Israel tras el impacto de una bomba de racimo iraní



 

Fuente: infobae.com

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La explosión de un misil con ojiva de racimo en el centro de Israel dejó al menos un muerto, varios heridos graves y restos de explosivos esparcidos en calles y zonas urbanas. El ataque volvió a poner en el centro del debate uno de los armamentos más controvertidos de los conflictos modernos: las bombas de racimo, municiones diseñadas para dispersar decenas o cientos de explosivos sobre amplias superficies y que, según organizaciones humanitarias, representan un riesgo persistente para la población civil incluso años después de finalizados los combates.

El uso de municiones de racimo ha sido documentado en varios conflictos en las últimas décadas, pero su impacto volvió a cobrar relevancia durante la guerra iniciada con la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022. Investigaciones de la Organización de las Naciones Unidas, Human Rights Watch y la Coalition Against Cluster Munitions documentaron el uso reiterado de este armamento en ciudades y zonas residenciales desde las primeras semanas de la guerra. Los informes señalan que las submuniciones dispersadas por estos ataques provocaron centenares de víctimas civiles y dejaron amplias áreas contaminadas con explosivos sin detonar, lo que convirtió a partes del territorio ucraniano en una de las zonas con mayor presencia de artefactos explosivos remanentes del mundo. También fueron empleadas durante la guerra de Kosovo en 1999, en las campañas militares en Afganistán e Irak en la década de 2000.

Las bombas de racimo —también llamadas municiones de racimo— son armas diseñadas para dispersar decenas o cientos de explosivos más pequeños sobre una amplia superficie. A diferencia de una bomba convencional, que detona en un solo punto, estas municiones funcionan como un contenedor que se abre en el aire.

Una vez liberada desde un misil, avión o sistema de artillería, la carcasa principal se abre a cierta altura y esparce submuniciones, conocidas como “bombetas”. Cada una de ellas puede detonar al impactar contra el suelo o al entrar en contacto con un objeto.

La explosión de un misil

La explosión de un misil con cabeza de racimo en Israel dejó al menos un muerto y varios heridos graves, con restos explosivos esparcidos en zonas urbanas

El resultado es una cobertura de área extensa que puede abarcar el equivalente a varios campos de fútbol. Este diseño buscaba originalmente atacar objetivos múltiples, como columnas de vehículos militares, concentraciones de tropas o pistas de aterrizaje.

EN Israel, las imágenes difundidas desde los lugares afectados este lunes muestran cráteres en el suelo, vehículos dañados y fragmentos de submuniciones esparcidos en distintas zonas. Según las autoridades del país, la ojiva liberó múltiples submuniciones que alcanzaron zonas urbanas en localidades como Yehud, Or Yehuda, Holon y Bat Yam, provocando daños en edificios y vehículos.

El servicio de emergencias Magen David Adom indicó que uno de los impactos se registró en una obra en construcción en Yehud. Dos trabajadores de unos 40 años fueron alcanzados por metralla; uno murió a causa de las heridas y el otro fue hospitalizado en estado grave. Otro hombre resultó gravemente herido en Or Yehuda.

El mecanismo de dispersión

El sistema de apertura de la ojiva se activa mientras el proyectil desciende. Aletas ubicadas en la parte posterior del contenedor comienzan a girar y a abrirse a distintas alturas, liberando las submuniciones.

infografia

La combinación entre la velocidad de rotación y la altura de apertura determina el área que cubrirán los explosivos. Algunos modelos pueden abrirse entre aproximadamente 1.000 y 90 metros sobre el suelo. Cada submunición contiene su propio detonador y carga explosiva. Algunas están diseñadas para generar fragmentación, mientras que otras incorporan cargas capaces de perforar vehículos o blindaje ligero.

El riesgo de las municiones sin explotar

Uno de los problemas más graves asociados con estas armas es la tasa de fallos. Diversos estudios indican que entre el 5% y el 40% de las submuniciones no detonan al impactar, dependiendo del terreno, el modelo y la antigüedad del armamento.

Estas municiones quedan esparcidas en el terreno y pueden explotar posteriormente si son manipuladas o pisadas, lo que las convierte en un peligro similar al de las minas terrestres.

Entre el 5% y el

Entre el 5% y el 40% de las submuniciones de racimo pueden no detonar al impactar, aumentando el peligro de explosiones posteriores para civiles (EUROPA PRESS/ARCHIVO)

Organizaciones como Human Rights Watch y la Coalition Against Cluster Munitions han advertido que estas submuniciones sin detonar representan un riesgo prolongado para civiles, en particular para agricultores y niños.

El marco legal internacional

La preocupación por su impacto humanitario llevó a la firma en 2008 de la Convención sobre Municiones en Racimo, un tratado que prohíbe el uso, la producción, la transferencia y el almacenamiento de estas armas.

Más de 120 países se han adherido al acuerdo. Sin embargo, varias potencias militares —entre ellas Estados Unidos, Rusia, China, Israel e Irán— no forman parte del tratado.

Los gobiernos que no han firmado el acuerdo sostienen que las municiones de racimo pueden tener utilidad militar cuando se emplean contra objetivos militares definidos.

Uso reciente en conflictos

A pesar de las restricciones internacionales, estas armas siguen apareciendo en conflictos contemporáneos. Durante la guerra iniciada con la invasión rusa de Ucrania en 2022, organizaciones internacionales documentaron múltiples ataques con municiones de racimo en áreas urbanas.

Ataques con bombas de racimo

Ataques con bombas de racimo han sido documentados en reiteradas oportunidades en la invasión de Rusia a Ucrania (AP/ARCHIVO)

Informes de la Organización de las Naciones Unidas y de organismos humanitarios estiman que desde el inicio de ese conflicto se han registrado más de mil víctimas asociadas al uso de este tipo de armamento, la gran mayoría civiles.

La dispersión de submuniciones sin detonar ha dejado amplias áreas contaminadas con explosivos, lo que dificulta la actividad agrícola y las tareas de reconstrucción en varias regiones afectadas.