Un reconocido analista explicó por qué la estrategia militar de Estados Unidos e Israel contra Irán «está funcionando»


Muhanad Seloom argumenta que los críticos miden los costos de la guerra pero ignoran el balance estratégico. Los lanzamientos de misiles iraníes cayeron un 90 por ciento en dos semanas y cada instrumento de poder de Teherán está siendo degradado sistemáticamente

 

Columnas de humo se elevan

Columnas de humo se elevan sobre Teherán tras ataques aéreos, 16 de marzo de 2026. Según un analista, los lanzamientos de misiles iraníes cayeron un 90 por ciento desde el inicio de la ofensiva. (Social Media/via REUTERS)



 

Fuente: infobae.com

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A dos semanas del inicio de la Operación Furia Épica, la narrativa reflejada en muchos medios occidentales describe una guerra sin plan, con costos económicos descontrolados y una escalada regional imparable. Muhanad Seloom, investigador especializado en inteligencia y uso de la fuerza estatal, no está de acuerdo. En un artículo de opinión publicado el domingo por Al Jazeera, el analista —que escribe desde Doha, donde las alertas de misiles iraníes son cotidianas— argumenta que esa narrativa “es incorrecta” y que la estrategia estadounidense e israelí está logrando exactamente lo que se propuso.

“Los críticos están midiendo las cosas equivocadas”, escribió Seloom. “Están catalogando el precio de la campaña mientras ignoran el balance estratégico.”

El argumento central del analista, quien trabajó para el Departamento de Estado de Estados Unidos y asesoró a agencias de defensa e inteligencia en varios países, es que cada uno de los principales instrumentos de poder de Irán —su arsenal de misiles, su infraestructura nuclear, sus defensas aéreas, su marina y su red de grupos proxy— está siendo degradado de forma sistemática. Los datos que cita son contundentes: los lanzamientos de misiles balísticos iraníes cayeron de 350 el 28 de febrero, primer día de los ataques, a aproximadamente 25 hacia el 14 de marzo. Los lanzamientos de drones pasaron de más de 800 el primer día a unos 75 en el decimoquinto. Según algunos informes que menciona, el 80 por ciento de la capacidad de Irán para atacar Israel habría sido eliminada.

Imagen satelital de una instalación

Imagen satelital de una instalación de defensa aérea en Hakimabad, Irán, el 22 de febrero de 2026, días antes del inicio de la ofensiva. Según el analista, las defensas aéreas iraníes han sido suprimidas al punto de que Estados Unidos opera bombarderos no furtivos sobre territorio iraní. (Vantor/Handout via REUTERS)

Para Seloom, la campaña avanzó en dos fases identificables. La primera suprimió las defensas aéreas iraníes, desarticuló su cadena de mando y degradó la infraestructura de lanzamiento. La segunda, en curso, apunta a la base industrial de defensa: fábricas de misiles, centros de investigación de uso dual y los complejos subterráneos donde se almacenan los arsenales restantes. “No es un bombardeo sin rumbo”, escribe. “Es una campaña metódica para garantizar que lo destruido no pueda ser reconstruido.”

El umbral nuclear

Imagen satelital del complejo de

Imagen satelital del complejo de enriquecimiento nuclear de Natanz, Irán, 7 de marzo de 2026. La instalación fue dañada durante la ofensiva; antes de los ataques, Irán tenía uranio enriquecido suficiente para hasta diez armas nucleares. (Vantor/Handout via REUTERS)

Una parte central del argumento de Seloom se refiere al programa nuclear iraní. Según evaluaciones de inteligencia estadounidense que cita, a comienzos de 2026 Irán tenía 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60 por ciento de pureza, suficiente para hasta diez armas nucleares si se enriquecía adicionalmente. Antes de los primeros ataques, Teherán estaba a menos de dos semanas de enriquecer suficiente uranio para una bomba.

“La alternativa implícita de los críticos —continuar con la contención mientras Irán avanzaba hacia un arma nuclear— es la política que produjo la crisis en primer lugar”, escribió. “Cada año de paciencia estratégica añadió centrifugadoras a las salas de enriquecimiento.”

El analista reconoce, sin embargo, que los límites de la fuerza militar frente a un programa nuclear son reales: los ataques pueden destruir instalaciones pero no pueden eliminar el conocimiento. Y advierte que cualquier régimen sucesor heredará un entorno estratégico en el que las razones para desarrollar disuasión nuclear habrá sido fortalecido, no debilitado.

El estrecho de Ormuz y los proxies

Imagen satelital muestra humo sobre

Imagen satelital muestra humo sobre el puerto de Fujairah, Emiratos Árabes Unidos, 15 de marzo de 2026. Irán ha utilizado drones y misiles para atacar la infraestructura energética del Golfo Pérsico desde el inicio del conflicto. (Nasa Worldview/Handout via REUTERS)

Sobre el cierre del estrecho de Ormuz, que ha disparado los precios del petróleo y que los críticos citan como evidencia del fracaso estadounidense, Seloom ofrece una lectura opuesta. Señala que aproximadamente el 90 por ciento de las exportaciones petroleras de Irán pasan por el estrecho, lo que convierte el bloqueo en un arma de doble filo.

“El cierre no solo daña la economía global; acelera el aislamiento de Irán”, escribió, añadiendo que China, el principal socio económico de Teherán, no puede recibir crudo iraní mientras el estrecho esté cerrado.

En cuanto a la actividad de los grupos aliados a Irán en el Líbano, Irak y Yemen, Seloom rechaza la interpretación de que constituyen evidencia de una red en expansión. Basándose en su investigación sobre cómo los Estados autorizan la violencia por delegación, argumenta que esos ataques son señales de desesperación, no de fortaleza. “La predelegación es un signo de desesperación”, escribió. “Significa que el centro ya no puede coordinar.

Sin plan posguerra

La crítica más seria que el analista reconoce como legítima es la ausencia de un marco diplomático para el día después. “La administración le debe al pueblo estadounidense y a sus socios regionales una explicación clara de cómo sería ese marco”, escribió, admitiendo que la comunicación pública de la campaña ha sido deficiente y la planificación posconflicto, incompleta.

Pero esa laguna, argumenta, no invalida la campaña militar. “La ausencia de un plan diplomático público no significa que la campaña militar esté fallando. Significa que la campaña va por delante de la diplomacia: un problema de secuenciación, no estratégico.”

Seloom cierra el artículo con una advertencia sobre los costos humanos, que califica de reales y moralmente significativos. Más de 1.400 civiles han muerto en Irán. Los precios del petróleo golpean a todas las economías del mundo. “La guerra es terrible”, concluye. “Pero la estrategia —la estrategia real, medida en capacidades degradadas y no en ciclos de noticias— está funcionando.”