Revolución industrial y desempleo


El mundo se encamina hacia una transformación profunda que promete redefinir el trabajo, la economía y la vida cotidiana tal como la conocemos. La IA, junto con fenómenos como la datificación, la impresión avanzada y el Internet de las Cosas, no solo impulsa innovaciones sorprendentes, sino que también anticipa un escenario inquietante: una posible crisis de empleo de magnitud histórica y una creciente automatización de decisiones que antes eran exclusivamente humanas. A medida que los objetos se vuelven inteligentes, recolectan datos y actúan por cuenta propia, emerge un nuevo paradigma donde la eficiencia convive con la vigilancia.

 

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La punta del iceberg. La IA va a cambiar radicalmente nuestras vidas antes de los próximos tres años. | unsplash

 

Es muy probable que en dos años suframos la crisis de desempleo más grande de la historia, más allá de lo que ocurra con el dólar, la inflación y demás variables económicas. La revolución tecnológica se acelera diariamente y la IA es solo la punta del iceberg de una transformación radical que va a cambiar nuestra vida antes de los próximos tres años.



Fuente: Perfil.com

La cuarta revolución industrial tiene varios componentes que explicamos en nuestro nuevo libro acerca de la política en la era de la inteligencia artificial. Hablemos hoy de dos de ellos.

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Datificación e impresión avanzada. Detrás de estas transformaciones está la datificación: actualmente convertimos los objetos en datos y, con ellos imprimimos nuevos objetos.

Con la impresora 3D se están levantando viviendas, en menos de 48 horas, sin trabajadores, usando impresoras de hormigón. Se ha pasado de imprimir prótesis de titanio a generar tejido vivo. Utilizando biotintas –sustancias compuestas por células vivas y materiales que imitan el entorno corporal– ya se fabrican parches de piel y cartílagos.

El uso de materiales inteligentes permite la impresión 4D con la que, al salir de la impresora, los objetos no permanecen inalterables, están programados para alterar sus propiedades físicas (forma, color, rigidez o viscosidad) de manera controlada, ante estímulos programados.

En Holanda, la planta Redefine Meat imprime mensualmente 500 toneladas de filetes. Actualmente abastece a más de 110 restaurantes con cientos de kilos de productos cárnicos sin ingredientes de origen animal. Se estima que este mercado alcanzará los 11 mil millones de dólares para 2030. Hace unos años, tuve la oportunidad de probar una hamburguesa hecha con esa carne y no se la distingue de la natural.

El Internet de las Cosas (IoT). El IoT ingresa en nuestras vidas fácilmente porque es tan invasivo como invisible. Cada segundo se acumulan trillones de datos con la ayuda de todos cuando permitimos que una aplicación use nuestros datos, si usamos el GPS o la inteligencia artificial.

Pronto tendremos refrigeradores inteligentes que se comunicarán directamente con la tienda para comprar comida, con la báscula para evitar la adquisición de algunos productos, con la empresa eléctrica para ahorrar energía y con su fabricante si detecta que necesita una reparación.

No hay barreras que frenen al IoT. Crece usando microcontroladores de apenas unos milímetros que cuestan centavos y consumen poquísima electricidad. Si el internet conectó a las personas, el IoT conectará todo. Pasaremos de usar una red de computadoras a vivir en una red de objetos inteligentes que se comunican entre sí sin nuestra participación.

Pronto, el IoT no será algo que usemos, sino un entorno en el que estaremos sumergidos y manejará nuestras vidas. Los objetos tendrán “conciencia” de su situación y de nuestras necesidades, y actuarán por cuenta propia. Por el GPS, sabrán que estamos llegando a casa, ajustarán la luz y la temperatura, y podrán encender el horno si detectan que compramos una pizza congelada leyendo la etiqueta digital de la despensa.

Los semáforos cambiarán de acuerdo al tráfico real detectado por sensores, y los contenedores de basura avisarán al camión cuando estén llenos, optimizando rutas y reduciendo la contaminación.

Habrá biosensores en la ropa o parches microscópicos que vigilarán la glucosa, el ritmo cardíaco y el estrés en tiempo real. Esto ya ocurre con los relojes inteligentes comerciales. Si el inodoro detecta alguna anomalía, enviará una alerta automática al médico antes de que el usuario sienta el primer síntoma de una enfermedad.

La aspiradora inteligente funcionará como un agente cartográfico. Al mapear una casa para no chocar, registra el tamaño de las habitaciones, la disposición de los muebles y las necesidades de espacio. Saben si hay un bebé por la presencia de una cuna, el nivel socioeconómico de la familia por los metros cuadrados o si necesita muebles nuevos. Los mapas se venderán a empresas de mobiliario o domótica.

El televisor inteligente observa actualmente al televidente a través del ACR (Automatic Content Recognition). Captura “huellas digitales” de cada píxel en la pantalla, incluso los que vienen de DVDs o consolas. Sabe qué anuncios ignora, qué escenas repite y sus inclinaciones políticas según los noticieros. Esta información se puede vender a agencias de publicidad para sincronizar anuncios en el móvil con lo que proyecta la televisión.

Termostatos y bombillas inteligentes registran los horarios, en qué habitación pasan más tiempo e incluso su ritmo respiratorio o discusiones domésticas por el tono de voz. Las aseguradoras de salud o de hogar codician estos datos. Si el “excedente” muestra que eres sedentario o que tu casa permanece vacía, tu prima de seguro podría aumentar sin explicación aparente.

En lo que llaman el capitalismo de vigilancia, la infraestructura física se convierte en burocracia automatizada; los objetos son sensores que extraen datos de la experiencia humana para monetarizarlos.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.

Fuente: Perfil.com