Japón está fortificando una cadena de islas cercana a China ante la amenaza de un ataque a Taiwán


El aumento de tropas, bases y armamento en las islas busca dificultar cualquier incursión extranjera y refleja un cambio estratégico ante la superioridad presupuestaria y operativa del vecino asiático

ARCHIVO: Una vista de una instalación de radar establecida para la vigilancia costera por la base Yonaguni de las Fuerzas de Autodefensa Terrestre de Japón, ubicada en una zona elevada de la isla Yonaguni, la isla habitada más occidental de Japón en la prefectura de Okinawa, Japón, el 13 de noviembre de 2023 (Reuters)

ARCHIVO: Una vista de una instalación de radar establecida para la vigilancia costera por la base Yonaguni de las Fuerzas de Autodefensa Terrestre de Japón, ubicada en una zona elevada de la isla Yonaguni, la isla habitada más occidental de Japón en la prefectura de Okinawa, Japón, el 13 de noviembre de 2023 (Reuters)

La fortificación de las islas del suroeste de Japón representa la mayor transformación militar del país en décadas, en respuesta al crecimiento militar de China y al temor creciente ante un posible conflicto en Taiwán.



Fuente: infobae.com

Este despliegue, que suma más de 10.000 soldados, nuevas bases e innovadores sistemas de misiles, busca elevar el costo estratégico para el régimen de Beijing de cualquier intento de intervención armada en la región y, en palabras de analistas y autoridades recabadas por The Wall Street Journal, se ha vuelto inseparable de la propia defensa territorial japonesa.

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En los últimos años, la diferencia en presupuestos de defensa entre Japón y China se ha hecho abismal. Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, mientras en 2005 ambos países invertían cerca de USD 43.000 millones en sus fuerzas armadas, para 2024 China superó los USD 300.000 millones, una cifra equivalente a seis veces el gasto japonés. Este salto numérico acompaña al aumento de la presencia de guardacostas y milicias pesqueras chinas alrededor de los islotes Senkaku (Diaoyu para China), administrados por Tokio pero reclamados también por Beijing y Taipéi.

La decisión de Japón de reforzar el “primer arco insular” —que se extiende desde Kyushu hasta Yonaguni, a menos de 110 kilómetros de Taiwán— responde tanto a hechos recientes como a un giro estratégico de largo plazo. La isla de Yonaguni, ocupada militarmente solo desde 2016 tras décadas de escasa defensa en la zona, fue testigo en 2022 de la caída de misiles chinos durante ejercicios que simulaban el cerco a Taiwán, tal como relató Takuya Matsuda, profesor adjunto en la Universidad Aoyama Gakuin.

Este cambio de postura supone, en la práctica, un rediseño de la arquitectura defensiva japonesa. Tradicionalmente, las Fuerzas de Autodefensa de Japón estaban concentradas en el norte, ante la posible amenaza soviética. Sin embargo, el ascenso económico y militar de China tras la desaparición de la Unión Soviética forzó una redistribución hacia el suroeste del archipiélago.

El refuerzo en la región se concreta en una serie de bases establecidas entre 2016 y 2023, la instalación de radares avanzados y el despliegue de baterías de misiles antiaéreos Patriot y sistemas de guerra electrónica. Destaca la proximidad temporal de la llegada, en el actual ejercicio fiscal, de los primeros misiles de crucero Tomahawk norteamericanos —de los cuales Tokio ha adquirido 400 unidades con un alcance superior a 1.600 kilómetros—, y del futuro despliegue del proyectil hipersónico japonés Hyper Velocity Gliding Projectile en Kyushu para 2027 o principios de 2028.

Una vista general muestra el distrito de Sonai en la isla Yonaguni, la isla habitada más occidental de Japón, en la prefectura de Okinawa, Japón, el 13 de noviembre de 2023 (Reuters)

Una vista general muestra el distrito de Sonai en la isla Yonaguni, la isla habitada más occidental de Japón, en la prefectura de Okinawa, Japón, el 13 de noviembre de 2023 (Reuters)

A la vez, la estrategia incorpora la ampliación de capacidades ofensivas, como señala Ken Jimbo, ex asesor de seguridad nacional y presidente de International House of Japan, quien explicó a The Wall Street Journal: “Debemos involucrar al enemigo a distancia”. Este cambio de doctrina se aleja del enfoque de “medios mínimos necesarios” y apunta a una disuasión robusta capaz de elevar los costos de una ofensiva enemiga y minimizar sus probabilidades de éxito en el mar de China Oriental.

La relación entre la defensa japonesa y la posible crisis de Taiwán es objeto de análisis constante en Tokio. Para Matsuda, una eventual conflagración forzaría a Japón a intervenir, no necesariamente en el estrecho, sino porque “el conflicto armado por Taiwán es inseparable de la defensa territorial japonesa”. Esta argumentación fue respaldada por la primera ministra Sanae Takaichi el año pasado, quien reconoció que un ataque chino podría arrastrar a Tokio al conflicto.

La colaboración entre Japón y Estados Unidos en la región se traduce en ejercicios conjuntos de gran escala y en la presencia creciente de marines estadounidenses en Okinawa. Entre las novedades destaca la base de la Brigada Anfibia de Despliegue Rápido, una fuerza similar a infantería de marina, creada en 2018 y equipada para retomar territorios insulares en caso de ocupación. El año pasado, 17 helicópteros Osprey se trasladaron a Kyushu para mejorar la movilidad de esta brigada y, en Ishigaki, los marines llevaron el lanzador de misiles Nmesis, preparado para operaciones costeras.

ARCHIVO: Los barcos de la Guardia Costera de Japón están atracados en un puerto de Ishigaki, prefectura de Okinawa, Japón, el 15 de enero de 2026 (Reuters)

ARCHIVO: Los barcos de la Guardia Costera de Japón están atracados en un puerto de Ishigaki, prefectura de Okinawa, Japón, el 15 de enero de 2026 (Reuters)

La postura militar japonesa busca, además, un “defensa por negación”, concepto explicado por Jimbo: Japón no pretende igualar a China en número de misiles o buques, sino poseer armamento capaz de obstaculizar y disuadir cualquier aventura militar, especialmente dificultando el paso de portaaviones chinos a través de estrechos estratégicos como Miyako.

Sin embargo, esta militarización encuentra resistencia local. Tanto residentes como autoridades civiles de las islas temen que el aumento de equipamiento militar convierta estos territorios en blancos prioritarios. Los proyectos de expansión requieren consultas comunitarias y la llegada de buques estadounidenses suele generar protestas. Además, una crisis obligaría a coordinar el uso de puertos y aeropuertos civiles, planteando desafíos logísticos importantes.

Una mujer camina por una playa mientras barcos de la Guardia Costera de Japón están atracados en un puerto al fondo, en Ishigaki, prefectura de Okinawa, Japón, el 13 de enero de 2026 (Reuters)

Una mujer camina por una playa mientras barcos de la Guardia Costera de Japón están atracados en un puerto al fondo, en Ishigaki, prefectura de Okinawa, Japón, el 13 de enero de 2026 (Reuters)

En Tokio, dirigentes como Akihisa Nagashima, ex asesor de seguridad nacional y legislador del Partido Liberal Democrático, insisten en que la pérdida de Taiwán ante Pekíncolapsaría los cimientos de la seguridad nacional japonesa”. Para Nagashima, el avance de la frontera china a pocas millas de Japón sería un cambio geopolítico profundo y una amenaza directa: “Ya no solo nos preocupa el oeste de Japón, ahora debemos preocuparnos por el este también: 360 grados”.

La ofensiva tecnológica y militar de China —con tres portaaviones en operación fuera del primer arco insular y constante presión sobre los islotes Senkaku— mantiene la tensión al máximo. Japón, que aún debate cuánto es suficiente para disuadir a su rival, observa el precedente de Ucrania con inquietud, reconociendo que la prueba definitiva de su estrategia vendrá solo si la disuasión fracasa.