La falange y el socialismo


 

Recientemente, se ha hecho eco de la pertenencia a la Falange Socialista Boliviana (FSB) de cierto candidato a la Gobernación cruceña. El argumento dice: si tal partido se llama socialista, comulga completamente con el masismo y, por tanto, es malo. ¿Será tan así?



Primero: es simplista y engañoso reducir la ideología socialista en Bolivia solo al Movimiento Al Socialismo (MAS). El socialismo no es patrimonio del MAS: lo han promovido personajes diversos y de partidos distintos: desde Marcelo Quiroga Santa Cruz hasta Samuel Doria Medina.

Segundo: también es simplista y engañoso reducir la ideología socialista solo al comunismo o al marxismo. Todo comunista o marxista es un socialista, pero no todo socialista es un comunista o marxista. Recordemos lo que “comunismo” quiere decir: socialismo marxista llevado a sus últimas consecuencias.

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Si algo caracteriza al marxismo o al comunismo es la idea de hacer la Revolución internacional: pretenden exportar su ideología a todo el mundo, siguiendo moldes o esquemas más o menos rígidos. En cuanto al socialismo a secas, este tiene varias vertientes: desde Fourier y Owen hasta Hitler y Mussolini.

Los socialismos surgidos entre la Primera y Segunda Guerra Mundial se caracterizan por ser nacionalistas: se oponen al comunismo y al liberalismo, y pretenden adaptar los principios socialistas lo más posible al contexto de su nación. Así, si alguna medida política funciona “bien” en algún país para resolver algún problema, podría no funcionar en otro, y el socialismo nacionalista brindará una respuesta diferente a similar problema que vive su población.

Así fueron el nacionalsocialismo alemán o el fascismo italiano, corrientes totalitarias que, si bien compartían con el comunismo algunos métodos de control y represión, diferían en los principios que los inspiraban. Estos nacionalismos socialistas (o socialismos nacionalistas) se presentan a sí mismos como una Tercera Posición: si con la derecha está el capitalismo liberal y con la izquierda el marxismo comunista, se vuelve necesario, dicen, tomar otro camino.

Pero además, existen corrientes políticas que se alimentaron de principios parecidos a aquellos: desde el falangismo español y el integralismo brasileño, hasta el peronismo argentino (el original, no el kirchnerista) y el falangismo boliviano. Lo distinto fue su disminución del elemento totalitario, pues estos movimientos enfatizaban más su carácter popular que la imposición de dogmas políticos por la fuerza.

A diferencia de los nacionalismos socialistas alemán e italiano, estos otros movimientos, de inspiración cristiana, fueron más cercanos al corporativismo enseñado por la Doctrina Social de la Iglesia. En el caso de la FSB, fue tal su rechazo al marxismo, que su máximo líder, Óscar Unzaga de la Vega, llegó a decir alguna vez: “¡No al Capital de Marx, sí al Evangelio de Cristo!”. Por si fuera poco, afirmaba que tampoco había que someterse a Berlín, Moscú ni Nueva York: rechazaba subordinarse a la Alemania nazi, la Rusia comunista y los EE. UU. liberales.

La FSB tenía claro que el comunismo era su principal enemigo y estaba dispuesta a pelear con todo por derrotarlo. Identificaba al Movimiento Nacionalista Revolucionario con esa ideología, al punto que era frecuente escuchar a los falangistas criticar al “movicomunismo”.

Entonces, ¿es posible un socialismo no marxista? Claro que sí. Hay que dejar de lado ese repetidísimo mito de Marx según el cual solo su socialismo es ‘científico’ y los demás son ‘utópicos’ o falsos socialismos. No es la intención de estos párrafos confirmar si el socialismo es algo bueno o malo (yo en particular no simpatizo con él), sino más bien aclarar este tema en honor a la verdad, para evitar discursos superficiales que no matizan bien las cosas.

 

 

Por: Aarón Mariscal

Docente universitario