Mediante la operación “Martillo de media noche”, el presidente Trump ordenó el 22 de junio del 2025, destruir tres plantas nucleares en Irán. Ocho meses después, Estados Unidos comenzó la guerra contra el país musulmán, esta vez en alianza con el país judío de Israel; el hecho ya tiene consecuencias en la economía global, y es igualmente otro episodio de una vieja rivalidad entre Irán e Israel, envueltos muchas veces en una rivalidad sangrienta.
El Oriente Medio ha sido, desde siempre, una región conflictiva. Su pulso político y religioso explica la inestabilidad en países como Irán, Irak, Israel, Jordania, Palestina, la República Árabe, Siria, Libia y Yemen, entre los más beligerantes.
Para los iraníes, Israel es el “pequeño Satán”, y su aliado Estados Unidos el “gran Satán”. La hostilidad ha dejado una enorme cantidad de muertos, a menudo resultado de acciones bélicas encubiertas, a través de la organización terrorista libanesa Hezbolá, por una parte, y Hamás, una organización extremista violenta, a la cual Irán ha patrocinado con ayuda militar y financiera, para que enfrente a Israel.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
El país islamita de Irán —como se sabe— es una gran potencia energética con grandes reservas de gas y petróleo. Además, veinte por ciento del petróleo que consume el mundo navega por aguas del Golfo pérsico, donde se encuentra el estrecho de Ormuz; esta ubicación confiere al país iraní supremacía estratégica para el control del tráfico petrolero en la región.
Estados Unidos e Israel atacan desde el veintiocho de febrero de 2026, con incursiones aéreas sorpresa; mataron a líderes Ayatolás y a varios comandantes del ejército iraní; bombardearon sectores de la estructura nuclear, causaron daños en plantas químicas, bases energéticas; inutilizaron puentes y aeropuertos.
El petróleo subió de 80 dólares, como precio promedio, a 112 dólares el barril. El Gobierno del Reino Unido condenó la actitud de Irán por el cierre del estrecho de Ormuz, calificó la situación como “peligrosa” durante una reunión con representantes de más de 40 países que exigen la reapertura inmediata e incondicional del estrecho. “Irán está tratando de tomar como rehén a la economía mundial en el estrecho de Ormuz”, sostienen en su declaración.
La guerra contra Irán deja a la vista los avances de la tecnología en materia armamentista: ondas electromagnéticas para destruir misiles, aviones F-35, helicópteros HH-60W, aviones B-2, lanzadoras subterráneas de misiles; portaviones que transportan y operan aviones, helicópteros y drones, buques de asalto anfibio; un catálogo impresionante de activos letales para entrega instantánea con precios millonarios (cada misil vale un millón de dólares).
Los analistas comentan que la guerra estratégica es una derrota para Irán; las decisiones militares están ahora en manos del Grupo revolucionario iraní (GRI), que exige el cierre de todas las bases de EE.UU en la zona, e indemnización por los daños; no le falta razón, todavía tiene a favor la guerra del petróleo, su dominio sobre el estrecho de Ormuz sigue intacto. Parece que viene la lucha “cuerpo a cuerpo”, ante el anuncio de sitiar la isla de Jarg (Kharg), lugar donde Irán almacena el noventa por ciento de su petróleo destinado a la exportación. Un error mínimo de cálculo puede ser fatal, la diplomacia tiene un desafío complicado.
