Lo que parecía un iceberg era una isla desconocida: el hallazgo que desafía los mapas de la Antártida


Encontraron una formación rocosa nunca antes registrada, tras una expedición de rutina del rompehielos Polarstern. El descubrimiento obliga a actualizar la cartografía

 

Científicos a bordo del Polarstern identificaron una isla rocosa no registrada al norte del mar de Weddell

La isla supera las dimensiones del propio Polarstern: mide 130 metros de largo por 50 de ancho y sobresale 16 metros por encima del mar (Alfred-Wegener-Institut / Christian Haas)



 

Fuente: infobae.com

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La última expedición del rompehielos Polarstern, nave insignia del Instituto Alfred Wegener (AWI), sumó un capítulo inesperado a la exploración antártica. Mientras 93 científicos de distintas nacionalidades avanzaban por el noroeste del mar de Weddell, una isla desconocida emergió ante sus ojos y cambió el rumbo de la misión.

El descubrimiento ocurrió casi por azar: el barco debió buscar resguardo cerca de la isla Joinville, forzado por el mal tiempo. Allí, la ciencia y el azar se cruzaron, revelando una formación rocosa que no figuraba en los mapas.

El hallazgo promete alterar tanto la cartografía polar como la planificación de futuras rutas, ya que aporta datos inéditos sobre una zona clave para las corrientes oceánicas globales.

Una isla nueva, no registrada, y su relevancia para la navegación

Simon Dreutter, especialista en batimetría del AWI y parte fundamental de la tripulación del Polarstern, notó un detalle intrigante en las cartas náuticas: una advertencia sobre una “zona de peligro inexplorada para la navegación”, sin explicaciones precisas sobre su origen.

Decidieron entonces acercarse al área, valiéndose de los instrumentos del laboratorio de batimetría y la observación directa desde el puente de mando. Lo que a simple vista parecía un iceberg resultó ser una formación rocosa inédita, una isla no registrada cuya ubicación real no coincidía con la señalada en los mapas: estaba casi una milla náutica desplazada.

Los tripulantes lograron aproximarse a solo 150 metros de la costa, manteniendo un calado seguro de 50 metros bajo el casco. Esto les permitió rodear la isla y cartografiar en detalle su fondo marino.

Para lograrlo, desplegaron una ecosonda multihaz -un sistema de sonar de alta resolución que permite obtener imágenes detalladas del fondo marino- y recurrieron a un dron, que capturó un modelo tridimensional de la topografía, generando una imagen aérea precisa y con coordenadas exactas.

Científicos a bordo del Polarstern identificaron una isla rocosa no registrada al norte del mar de Weddell, en una zona antes marcada solo como peligrosa en los mapas náuticos.

Nadie logra explicar por qué esta formación aparece marcada como “zona peligrosa e inexplorada” en los mapas náuticos (Instituto Alfred Wegener / Simon Dreutter)

Se trata de la primera medición y documentación sistemática de este accidente geográfico. La isla supera las dimensiones del propio Polarstern: mide 130 metros de largo por 50 de ancho y sobresale 16 metros por encima del mar.

Hasta ahora, su existencia solo se insinuaba en ciertos mapas como un riesgo potencial, pero no aparecía en bases de datos internacionales ni en imágenes satelitales, donde el hielo la camuflaba entre los icebergs circundantes.

Incertidumbre cartográfica y proceso de denominación internacional

El descubrimiento plantea un reto cartográfico: nadie logra explicar por qué esta formación aparece marcada como “zona peligrosa e inexplorada” en los mapas náuticos, pero no figura en los registros oficiales de las costas antárticas.

Además, la ubicación señalada en los documentos existentes no coincidía con la realidad. Las imágenes satelitales tampoco ayudaban: la gruesa capa de hielo que cubría la isla la volvía invisible, lo que complicó cualquier intento previo de identificarla.

Ahora comienza un nuevo capítulo en la historia de este descubrimiento: la isla debe recibir un nombre y ser incorporada oficialmente a los mapas internacionales.

La última expedición del rompehielos Polarstern, nave insignia del Instituto Alfred Wegener (AWI), sumó un capítulo inesperado a la exploración antártica (REUTERS/Fabian Bimmer)

La última expedición del rompehielos Polarstern, nave insignia del Instituto Alfred Wegener (AWI), sumó un capítulo inesperado a la exploración antártica (REUTERS/Fabian Bimmer)

Boris Dorschel-Herr, responsable del área de batimetría en el AWI, ya tiene experiencia en procesos similares. En 2014 consiguió inscribir dos montañas submarinas en las cartas marítimas del Atlántico Sur y el mar de Weddell.

El equipo publicará la ubicación exacta de la isla una vez terminado el procedimiento y actualizará las principales bases de datos científicas, como la Carta Batimétrica Internacional del Océano Austral. La falta de información precisa y mediciones detalladas en la región explica por qué fenómenos naturales como este pueden permanecer ocultos durante tanto tiempo.

Estudio integral del entorno

La expedición del Polarstern no se limitó a dibujar nuevos contornos en la cartografía antártica. Batimetristas y oceanógrafos unieron fuerzas para descifrar los secretos que esconden las aguas profundas y la plataforma continental del extremo sur del planeta. Este trabajo conjunto permitió seguir la huella de enormes volúmenes de agua, piezas fundamentales en el engranaje de los océanos y en el avance del deshielo.

Los científicos también exploraron cómo la vida se abre paso en los fondos marinos de la región, una línea de investigación que el AWI impulsa desde hace más de dos décadas a través del sistema HAFOS, una red de flotadores que monitorea la Antártida.

Durante la misión, el equipo trazó las rutas por las que el agua fría se libera de la plataforma de hielo Larsen, una variable decisiva para comprender la regulación climática global y el equilibrio del hemisferio sur. Los datos recopilados son elocuentes: estas corrientes heladas pueden cambiar el rumbo de las aguas a escala planetaria y, en determinadas condiciones, acelerar la desaparición del hielo marino.

Retroceso acelerado del hielo marino en el mar de Weddell desde 2017

Uno de los ejes del trabajo científico fue el SWOS, el estudio dedicado a la salida del hielo en el mar de Weddell durante el verano. Durante décadas, se creyó que el hielo marino antártico era mucho más resistente y estable que el del Ártico. Esa idea se desmoronó en los últimos años: desde 2017, los datos muestran una caída abrupta en la extensión del hielo durante la temporada cálida, un fenómeno que los científicos vinculan directamente al aumento de la temperatura del agua en la superficie.

Foto aérea del mar de Weddell mostrando una vasta extensión de hielo marino blanco fragmentado y placas de hielo, intercalado con zonas de agua azul oscuro y charcas de deshielo claras.

Desde 2017, los datos muestran una caída abrupta en la extensión del hielo durante la temporada cálida. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los registros de la expedición revelan que el espesor del hielo varía notablemente de una zona a otra. En la plataforma continental occidental, donde el mar es más somero, hallaron placas que alcanzan hasta cuatro metros de grosor. Los expertos atribuyen este fenómeno a la acción de las mareas y la proximidad de la costa, que deforman el hielo de forma considerable. En cambio, hacia el este, el hielo procedente de las grandes plataformas glaciares de Ronne y Filchner presentó menos deformaciones y un espesor promedio de un metro y medio.

En conjunto, los investigadores observaron un derretimiento superficial muy marcado, que afectó la nieve y las capas superiores del hielo. El resultado fue un paisaje inusual, más propio del Ártico, con numerosas charcas de deshielo dispersas sobre el hielo marino.

Interacciones entre deshielo y vida marina bajo el hielo

El equipo también puso la lupa sobre los impactos ecológicos de este nuevo escenario polar. Según el profesor Christian Haas, aunque solo detectaron unos pocos charcos de deshielo, el hielo antártico se presentaba casi sin nieve y con una superficie teñida de azul o gris. Los científicos recurrieron a tecnología avanzada: sensores de turbulencia y sondas biológicas para medir el agua atrapada bajo la capa helada.

Vista subacuática del hielo marino en la Antártida, mostrando una capa translúcida con tonos azules y grises y charcos de agua dulce flotando debajo.

El hielo antártico se presentaba casi sin nieve y con una superficie teñida de azul o gris (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las mediciones revelaron una mayor presencia de agua dulce procedente del deshielo, tanto dentro como bajo el hielo marino. Esta particularidad crea “lentes” de agua dulce que actúan como barreras, frenando el paso del calor oceánico hacia la masa helada y retrasando su fusión. Este fenómeno, más allá de modificar el entorno físico, afecta directamente la forma en que los organismos polares logran adaptarse y sobrevivir.

“Estas lentes de agua dulce influyen en la colonización biológica del hielo y en la relación entre el hielo y el agua marina que lo rodea, ya que impiden que el calor del océano llegue a la superficie helada”, explica Haas.

Los próximos análisis buscarán entender cómo los organismos que habitan en y bajo el hielo contribuyen al ciclo del carbono en el Océano Austral. La expedición concluirá este jueves en las Islas Malvinas. Luego, el Polarstern tomará rumbo hacia Bremerhaven, su puerto base en Alemania, donde se prevé su llegada para mediados de mayo.