Lo que venden como vino podría no serlo: denuncian producción con remolacha y azúcar


“De las más de 60 bodegas medianas que hay en Tarija, apenas la mitad cumple con la normativa. El resto, vaya a saber qué está vendiendo”, advirtió José Luis Sánchez, vocero de la cadena de vinos y singanis

Lo que venden como vino podría no serlo: denuncian producción con remolacha y azúcar

José Luis, vocero de la cadena de vinos y singanis

 



Fuente: elpais.bo / Tarija

 

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En Tarija, cuna del vino boliviano, productores y representantes del sector encendieron una señal de alarma: bebidas elaboradas con remolacha, azúcar y saborizantes están siendo comercializadas como “vino patero”, sin cumplir estándares mínimos de calidad ni procesos regulados. La denuncia apunta a una competencia desleal, riesgos para la salud y una preocupante falta de control institucional.

José Luis Sánchez, vocero de la cadena de vinos y singanis, cuestionó duramente la inacción del SENASAG y de los gobiernos municipales, señalando que el problema no es nuevo y que incluso productos irregulares se venden abiertamente en mercados y terminales.

“De las más de 60 bodegas medianas que hay en Tarija, apenas la mitad cumple con la normativa. El resto, vaya a saber qué está vendiendo”, advirtió.

Bebidas que no son vino

El punto central de la denuncia es claro: no todo lo que se vende como vino realmente lo es. Según Sánchez, el vino auténtico proviene exclusivamente de la fermentación de la uva, y su contenido de azúcar natural no supera ciertos límites.

“Un vino no puede ser excesivamente dulce. Cuando usted ve ‘vino de chocolate’, ‘vino de menta’ o productos extremadamente dulces, eso simplemente no es vino”, explicó.

En muchos casos —asegura— se trata de mezclas de azúcar, colorantes, saborizantes y pequeñas cantidades de mosto, lo que reduce drásticamente los costos de producción. Mientras un vino legítimo puede costar entre 18 y 20 bolivianos por litro, estas bebidas adulteradas se producen por apenas 3 a 6 bolivianos y se venden incluso en envases de gran volumen a precios bajos.

Riesgos para la salud

El consumo de estos productos no solo afecta al mercado formal, sino también a los consumidores. Sánchez advierte que los efectos negativos ya son visibles.

“Hay jóvenes que reportan dolores de cabeza por dos o tres días después de consumir estos productos. Lo que están tomando es básicamente azúcar en exceso con aditivos, y eso tiene consecuencias”, afirmó.

El problema se agrava en contextos de turismo y consumo masivo, donde —según denuncian— se promueve una cultura de ingesta sin control bajo la idea de que en Tarija “todo está permitido”.

Competencia desleal y economía informal

Los productores formales también denuncian una competencia desigual. Mientras ellos deben cumplir trámites que pueden tardar hasta dos años, pagar impuestos y garantizar calidad, otros elaboran y venden sin ningún tipo de regulación.

“Es imposible competir con alguien que no tiene viñedos, mezcla azúcar y vende más barato. Eso no paga impuestos, no genera desarrollo y destruye la imagen del vino tarijeño”, sostuvo Sánchez.

Además, se señala que parte de estos productos incluso circulan con sellos aparentemente oficiales, lo que genera sospechas sobre fallas —o complicidad— en los controles.

Exigen regulación y cultura del consumo

Desde el sector vitivinícola piden acciones inmediatas: controles efectivos, simplificación de trámites para productores legales y sanciones para quienes comercialicen bebidas adulteradas como vino.

Pero también hacen un llamado a la ciudadanía: informarse y consumir con criterio.

“Necesitamos cultura del vino. Saber qué estamos tomando, cómo se produce y valorar el trabajo de quienes hacen las cosas bien”, concluyó.

La advertencia es contundente: si no se actúa ahora, no solo está en juego la salud de los consumidores, sino también la reputación de Tarija como referente vitivinícola nacional.