Amistad rota y renuncias que no son renuncias


La reducción de las asignaciones del IDH a la Alcaldía de El alto, como a las del resto del país, en un monto de 56 millones de bolivianos, fue respondida con una huelga de hambre de la Fejuve y de algunos concejales municipales y luego de que el Ministro de Economía y Finanzas no concurrió a una cita con dirigentes de esa ciudad para tratar el tema.

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El ataque y agresión protagonizados por la Central Obrera Regional en el lugar de la huelga y las amenazas de las que fue objeto el alcalde Fanor Nava, lo obligaron a renunciar.



El nombrado Alcalde pertenecía al Plan Progreso, pero era funcional al MAS desde que sustituyó a José Luis Paredes, por lo que resultaba extraña su protesta contra la reducción presupuestaria, aunque se dice que descartaba un acuerdo entre amigos políticos, pero se engañó. Él y sus acompañantes ayunadores fueron tomados de sorpresa por una turba adherente al MAS que dando mueras a los “traidores” forzó violentamente las rejas y puertas de la sede de la FEJUVE, por considerar que la huelga era una acto de oposición al Gobierno de Evo Morales. Los ocupantes de la sede fugaron como pudieron para salvar su pellejo, pero el resto sufrió la agresión prevista, además de la destrucción de los muebles y enseres del recinto. A los directivos de la Fejuve no les quedó otra que materializar su repudio por la falta de atención del Gobierno a sus necesidades y por las promesas incumplidas, las que ciertamente no pueden suplirse con demagogia ni con discursos.

Ni tonto ni perezoso el Alcalde elevó su renuncia casi de inmediato a los lamentables sucesos, pero el Concejo Municipal tomó su tiempo hasta recibir una segunda carta en la que la autoridad retiraba su renuncia original alegando que no era “irrevocable”, pese a sus protestas de evitar un enfrentamiento “fratricida”. Sin duda, dicha retractación es poco seria y falta de respeto consigo mismo. No es la primera vez ni será la última que se contempla un hecho muy propio de nuestro medio, así como son escasas las renuncias de autoridades y cuanto mayor la jerarquía de éstas, más raras todavía, inclusive cuando se trata de comprobada ineficiencia, de corrupción u otros causas. En nuestros esquemas de gobierno de nada sirven los ejemplos que llegan de otras latitudes donde se renuncia inclusive cuando se hacen públicos actos de moral personal como la infidelidad y con mayor razón affaires de corrupción, etc., no siendo raros los casos que terminan en suicidios, como no hace mucho le ocurrió a un Ministro de Japón. Entre nosotros es demasiado pensar en una renuncia de verdad y como síntesis tenemos esta última renuncia, que no es renuncia.

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Completa este cuadro variopinto, una muestra más de la intolerancia de la COR y de los movimientos sociales alteños, sin consideración alguna con los que hasta ayer nomás comulgaban y compartían las mismas devociones políticas. Está claro que no se tolera actos de oposición del matiz que sea y más aun en épocas preelectorales, en coincidencia con la advertencia de la misma COR a los opositores, en sentido de que no intenten realizar actos proselitistas en su “jurisdicción”, demostrando que no hay problema en arremeter contra las huelgas, consagradas como deporte nacional. Amén que en dicha “jurisdicción”, todas las actividades económicas deben estar dispuestas a atender los requerimientos de financiación de las dirigencias imperantes.

Así estas organizaciones o movimientos salen de su carácter sindical o de supuesta búsqueda de mejores condiciones de vida de sus afiliados, para dedicarse e intervenir directamente en política militante, muy frecuentemente mediante vías de hecho o de las que mejor rédito puedan sacar los dirigentes. Para terminar este marco tan distante de un ejercicio democrático plural, lo ocurrido en El Alto no deja dudas de que prevalece un régimen de facto autoritario y hasta de terror, sin opción de disidencia alguna. Como emergencia del retiro de la renuncia referida, tanto la COR como la Fejuve anunciaron que no renuncian a sus posiciones y tampoco descartan enfrentarse. Entonces vale la pena un buen palco para ver en escena el rompimiento de dos sectores amigos hasta la semana pasada, pero que de seguro no olvidan los mismos métodos de intimidación tan efectivos, que prefieren llamar convocatoria.