El poder del optimismo radical y por qué se requiere un cierto nivel de delusión para triunfar


Ronald Palacios Castrillo, M.D.,PhD

La neurociencia y la psicología detrás de por qué la creencia irracional en uno mismo y el optimismo radical constituyen las herramientas más poderosas para construir cualquier cosa que realmente valga la pena.



Recuerdo haber estado sentado en mi escritorio hace un par de años, con un documento en blanco abierto frente a mí.

Nada escrito. Sin audiencia y sin ninguna prueba de que pudiera lograrlo.

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Y me dije a mí mismo que era un escritor magistral.

No algún día. No eventualmente. En ese preciso instante.

Lo afirmé con una convicción que, vista desde fuera, probablemente parecía completamente desquiciada.

No era nadie. No tenía nada que mostrar. No podía señalar un corpus de obra, una plataforma ni evidencia externa que respaldara esa afirmación.

Y, sin embargo, me llamé escritor magistral.

Porque comprendí algo que me costó mucho tiempo descubrir:

si esperaba a tener la evidencia antes de asumir esa identidad, jamás realizaría las acciones que generan dicha evidencia.

La identidad debe preceder.

La prueba viene después.

Todavía no soy un escritor magistral, ni mucho menos. Ni siquiera cerca. Pero sigo viéndome como la persona que un día llegará a serlo.

Porque eso es lo que me impulsa a actuar como tal.

Eso es lo que me hace sentarme a escribir cuando no tengo ganas.

Eso es lo que me lleva a tomarme esto en serio cuando sería mucho más fácil abandonarlo.

La delusión es el motor.

Y toda persona que ha construido algo extraordinario comprendió esto, consciente o inconscientemente…

Un café negro y  miel natural  reposa sobre el escritorio; el vapor asciende lentamente y llena la habitación con ese tan agradable y placentero olor que he llegado a asociar con algo más grande que la simple cafeína.

No exagero al decir que ese aroma actúa como un detonante.

En cuanto me alcanza, algo cambia dentro de mí. Siento una urgencia. Mis dedos empiezan a moverse antes incluso de decidir qué escribir. La vela está encendida, con el mismo aroma amaderado y ámbar de siempre, porque ese olor, el café y el silencio de la madrugada se han convertido en el portal.

Este es el entorno de un escritor magistral.

Lo construí deliberadamente.

No soy un escritor magistral.

Pero porque sigo llamándome así, porque establezco las condiciones de uno y porque atravieso mis mañanas como uno, esa es la única razón por la que sigo presentándome ante la página en blanco.

La identidad creó el ritual.

El ritual forja la destreza.

Este texto trata de dos elementos profundamente entrelazados:

la psicología y la neurociencia del optimismo radical y lo que realmente provoca en el cerebro,

y el tipo de creencia casi irracional en uno mismo que toda persona que ha logrado algo genuinamente difícil tuvo que poseer antes de tener razón alguna para ello.

Vamos a ello.

LA DELUSIÓN QUE SE CONVIERTE EN REALIDAD

Imagina que pesas 60 kg de más y quieres perder ese peso.

El consejo convencional es ser realista, establecer metas pequeñas y alcanzables, y tener paciencia contigo mismo.

Ese consejo, aunque práctico, no llevará lejos a la mayoría de las personas.

Lo que realmente te conducirá al objetivo es llamarte a ti mismo atleta.

No un día. Ahora.

Porque he aquí la cuestión sobre la pérdida de una cantidad significativa de peso:

Exige que hagas todo lo que hace un atleta: nutrición disciplinada, entrenamiento constante, sueño adecuado, recuperación y tratar al cuerpo como un instrumento de rendimiento.

Si te ves como una persona con sobrepeso que intenta adelgazar, siempre lucharás contra tu propia identidad.

Cada entrenamiento se convierte en una batalla. Cada comida, en un sacrificio. Estás realizando acciones que te resultan ajenas a quien eres. Es una lucha constante cuesta arriba.

Pero si cambias primero la identidad —si te llamas atleta antes de parecerlo y antes de que nadie a tu alrededor acepte esa etiqueta—, entonces los comportamientos comienzan a tener sentido dentro de esa identidad en lugar de oponerse a ella.

Los atletas entrenan. Eso es lo que hacen.

Tú eres un atleta.

Por tanto, entrenas.

Desde fuera, esto parece una delusión.

Desde dentro, es el único marco que realmente funciona.

La delusión no es el punto final; la delusión es el vehículo.

Y una vez que has realizado las acciones, una vez que el cuerpo ha cambiado, los hábitos se han automatizado y los resultados son reales, ya no es delusión.

Simplemente eres tú.

La delusión se convirtió en realidad porque tuviste la audacia de reclamarla antes de haberla merecido.

LA NEUROCIENCIA DE CREER QUE YA LO ERES

Muchas personas consideran estas ideas mera filosofía o simple motivación, pero en realidad funcionan.

Existe una neurociencia sólida detrás de por qué el pensamiento centrado primero en la identidad resulta tan eficaz.

El cerebro opera mediante procesamiento predictivo: genera constantemente modelos de la realidad basados en lo que espera que sea cierto y filtra la información entrante a través de esos modelos.

Cuando reclamas una identidad —atleta, escritor, emprendedor, lo que sea—, instalas un nuevo modelo predictivo.

Y tu cerebro comienza a filtrar la realidad a través de ese modelo.

Empiezas a notar las cosas que confirman la identidad y a realizar acciones coherentes con ella.

Esto es el sistema activador reticular(RAS) en acción.

El RAS es un conjunto de neuronas en el tronco encefálico que actúa como filtro para los aproximadamente 11 millones de bits de información que impactan tus sentidos cada segundo.

Solo puedes procesar conscientemente una fracción mínima de ellos.

El RAS decide qué pasa.

Y lo decide según lo que le has indicado que busque.

Dile que eres un atleta y empezará a filtrar oportunidades de entrenamiento, información sobre nutrición y personas que se toman en serio el fitness.

Dile que eres un escritor y comenzará a extraer ideas relevantes de conversaciones casuales, a ver historias en momentos ordinarios y a notar cosas dignas de ser escritas.

No se trata de manifestación en un sentido místico, sino de reprogramar un filtro neurológico.

Y ese filtro moldea lo que ves, lo que notas y, por ende, lo que haces.

Existe también el principio de consistencia entre identidad y conducta en psicología.

Las personas están neurológicamente motivadas para comportarse de maneras coherentes con cómo se perciben a sí mismas.

Se trata simplemente de protección de la identidad.

Cuando tu identidad es la de alguien que no entrena, no entrenar resulta cómodo.

Cuando tu identidad cambia a la de alguien que entrena, no entrenar genera una disonancia cognitiva genuinamente incómoda.

Cambias la conducta cambiando primero la identidad.

No al revés.

MARTY SUPREME. ANDREW NEIMAN. AQUELLOS QUE LO CREYERON ANTES DE QUE FUERA VERDAD

Hay un personaje en Whiplash llamado Andrew Neiman.

No es el baterista más talentoso de la sala.

Lo sabe.

Y no le importa en absoluto.

Porque en su mente ya es el mejor.

No de forma complaciente, sino de una manera que lo lleva a practicar hasta que le sangran las manos; de una manera que lo impulsa a aceptar el abuso, la humillación y cada obstáculo, y a usarlos como prueba de que debe trabajar más duro.

La delusión no consiste en pensar que ya lo has logrado.

Consiste en la negativa absoluta a aceptar una versión de ti mismo que no lo alcance.

Marty Supreme funciona con el mismo combustible: un jugador de tenis de mesa que sigue adelante, que sigue creyendo que puede volver a la cima, que sigue colocándose en entornos donde, según la lógica convencional, no tiene cabida.

Delusión al servicio de la negativa a aceptar la versión más pequeña de sí mismo que las circunstancias intentan imponerle.

Steve Jobs fue despedido de la empresa que fundó.

Regresó y la transformó en la compañía más valiosa del mundo.

A Elon Musk le dijeron expertos aeroespaciales que lo que SpaceX intentaba era imposible.

Lo hizo de todos modos.

Ninguna de estas personas contaba con evidencia de que triunfaría antes de decidir que lo haría.

La decisión llegó primero.

La evidencia, después.

Eso no es pornografía de inspiración.

Es un patrón.

EL OPTIMISMO RADICAL: LO QUE REALMENTE ES

El optimismo radical no consiste en fingir que las cosas malas no ocurren.

Algunos lo interpretan como representar felicidad mientras la vida se derrumba o incluso como «positividad tóxica».

En realidad, el optimismo radical es una forma específica de procesar todo lo que te sucede.

Ante el fracaso, pregunta: ¿qué me enseña esto?

Obtuve un 43 % en un examen de precálculo en la secundaria.

No fue un gran momento. No algo de lo que me enorgulleciera.

Podría haberlo tomado como prueba de que no era una persona de matemáticas, de que la materia era demasiado difícil y de que la nota era la historia.

En cambio, me detuve en ello y pregunté: ¿qué hice mal específicamente?

¿Dónde falló mi preparación? ¿Qué no comprendí y qué necesitaba cambiar?

Me concentré. Revisé cada error y modifiqué mi método de estudio.

Terminé con una A en esa asignatura.

El 43 % no fue un veredicto sobre mí o mis capacidades.

Fue simplemente un dato.

El optimismo radical es la elección de tratar el fracaso como dato en lugar de veredicto.

Ante los contratiempos, pregunta: ¿cómo mejora esto el camino?

El despido de Steve Jobs de Apple en 1985 pareció una catástrofe desde fuera.

Desde dentro, él mismo dijo más tarde que fue lo mejor que le había ocurrido.

El peso del éxito se levantó y regresó la libertad de pensar de forma distinta.

Y cuando regresó a Apple, lo hizo con una perspectiva y una claridad que no habría tenido ,si nunca lo hubieran expulsado.

El contratiempo creó la versión de él que pudo construir realmente lo que Apple llegó a ser.

Ante la pérdida, pregunta: ¿qué abrió esto que antes no estaba abierto?

Es una reformulación deliberada que transforma cada experiencia en información y cada obstáculo en material.

La diferencia entre alguien con optimismo radical y alguien sin él no radica en que una persona tenga una vida más fácil.

Reside en que una persona extrae combustible de las mismas experiencias que dejan a la otra estancada.

Recibes el mismo material en bruto.

Lo que construyes con él es tu elección.

LA NEUROCIENCIA DE UN ESTILO EXPLICATIVO POSITIVO

Los psicólogos lo denominan estilo explicativo: la forma habitual en que explicas por qué te ocurren las cosas.

Las personas con un estilo explicativo pesimista interpretan los eventos negativos como permanentes, generalizados y personales:

«Ocurrió por algo fundamentalmente errado en mí. Siempre será así. Todo en mi vida se ve afectado por ello».

Las personas con un estilo explicativo optimista interpretan los eventos negativos como temporales, específicos y externos:

«Esto ocurrió. No es para siempre. Es una sola cosa. Puedo trabajar con ello».

La investigación de Martin Seligman en la Universidad de Pensilvania demostró que el estilo explicativo es uno de los predictores más fuertes de resiliencia, logro, resultados de salud mental e incluso salud física.

El estilo explicativo optimista se asocia con una función inmune más robusta, menores niveles de cortisol, mayor longevidad y un rendimiento significativamente mejor bajo presión.

El cerebro en un estado emocional positivo amplía literalmente el acceso a los recursos cognitivos.

Las emociones positivas expanden el alcance de la atención y la cognición.

Ves más posibilidades y estableces conexiones creativas más ricas. Es más probable que identifiques el camino a través de un problema.

El cerebro estresado, contraído y pesimista percibe amenazas.

El cerebro abierto y positivo percibe opciones.

El optimismo radical es, literalmente, una ventaja neurológica.

EN UN CIERTO PUNTO, ES TU RESPONSABILIDAD

«En un cierto punto, ya no eres simplemente un producto de tu entorno o de tu crianza. La forma en que eliges operar se convierte en tu responsabilidad personal».

Pienso en esto con frecuencia.

Porque existe una versión del sufrimiento que las personas convierten en personalidad: una identidad permanente construida a partir del dolor.

Y lo comprendo. He atravesado mi cuota de dificultades.

He perdido familiares. He perdido personas que creí que estarían siempre. He sido traicionado por quienes confié plenamente. He estado en situaciones donde realmente no sabía cómo iba a resolver las cosas.

Y la cantidad de personas que me miran y suponen que nunca he sufrido porque no soy miserable resulta verdaderamente desconcertante.

Como si la única respuesta válida ante la dificultad fuera cargarla de forma visible.

Como si elegir no dejar que el sufrimiento te defina significara que no has sufrido.

Cada día me despierto y tomo una decisión.

No pretender que nada es difícil. No representar positividad.

Sino negarme a que las cosas difíciles se conviertan en mi arquitectura.

Negarme a que el dolor se convierta en personalidad.

Esa elección está al alcance de todos.

No es fácil y no resulta natural al principio.

Tu cerebro tenderá al patrón familiar del estilo explicativo pesimista porque está mielinizado y automatizado.

Pero el optimista radical no es alguien que nació optimista.

Es alguien que decidió.

Y siguió decidiendo.

Cada día.

Hasta que se convirtió en quien es.

Algunas personas están tan comprometidas con su miseria que la han convertido en su identidad completa.

El sufrimiento es la historia que cuentan, la evidencia que recopilan y el lente a través del cual procesan cada nueva experiencia.

Y luego se preguntan por qué nada cambia.

Porque ves lo que buscas.

Y si buscas razones para confirmar que la vida es dura, que las personas no son de fiar y que el éxito no es para gente como tú, las encontrarás.

Cada día.

El mundo está lleno de evidencia para lo que hayas decidido que es verdad.

El optimismo radical es la decisión de ir en busca de un tipo diferente de evidencia.

No se trata de ignorar que la evidencia negativa existe.

Se trata de aceptar que la evidencia que recopilas es la historia en la que vives.

Y tú eliges tu historia.

Incluso cuando no lo parece.

Especialmente entonces.

Al final del día, es tu elección.